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Lila Downs: en busca de la religiosidad popular

Publicado por @Shinji_Harper el jueves, 23 febrero 2012
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Sergio Burstein
 
 

Oaxaca, México.- Nacida en Oaxaca y criada entre ese estado, California y Minnesota, Lila Downs es producto de la unión entre un escocés-americano y una cantante mixteca, combinación que ella misma no lograba cuajar en su identidad durante la adolescencia, pero que halló una interesante definición antes del cambio de siglo, cuando empezó a interpretar un estilo en el que se fusionaban las referencias de una y otra cultura y que, por supuesto, ostentó de manera cada vez más creciente un marcado orgullo por sus raíces indígenas.

Pero todo esto es historia vieja. Lo novedoso es que, en estos mismos instantes, Lila se encuentra de gira por los Estados Unidos; ya se presentó en Pennsylvania y Nueva York, esta noche lo hace en el Mello Center de Watsonville, el jueves en el Teatro Herbst de San Francisco, el sábado en el Wiltern de Los Angeles y el domingo en el Balboa de San Diego, para seguir luego en Chicago, Toronto, Boston, San Antonio y Austin.

La cantante y compositora llega a estos shows con un álbum nuevo bajo el brazo, “Pecados y milagros”, que se lanzó por aquí el 31 de enero y que es el sétimo trabajo de su prolífica carrera. Además de su valioso contenido musical, la placa viene con un librito en el que se pueden encontrar quince retablos (pinturas de corte espiritual) hechos especialmente para el proyecto por varios pintores mexicanos.

Nos contactamos con Lila a través de la línea telefónica para hablar sobre este nuevo título, el significado de sus elecciones musicales y, por supuesto, lo que se puede esperar de los conciertos, que serán sin duda distinguidos por la espectacularidad de su registro vocal.

¿Cómo se compone la lista de temas de esta gira?    

La mayoría de lo que presentaremos tendrá que ver con el disco nuevo, pero también con el material que siempre tocamos, así como otras canciones que no hacemos usualmente y que extrañamos.

Este álbum no es exactamente un disco de ‘covers’, pero tiene ocho adaptaciones de canciones ajenas, algunas de ellas muy populares. Aunque has incluido siempre composiciones de otros en tus discos, el nuevo tiene un balance casi exacto entre éstas y las tuyas. ¿Cuál era la idea?

Fue algo que se fue dando, pero que tuvo que ve también con elegir temas relacionados  a este momento y a las emociones presentes. Es una especie de reacción a lo que está pasando en México, a los actos violentos; uno trata de huir de esta realidad, pero debe a la vez confrontar su mexicanidad. Lo que intenté también fue hacer un balance entre lo sagrado y lo profano, como se indica en el título mismo.

Algunas de las adaptaciones son de piezas muy populares, como “Tu cárcel”, de Marco Antonio Solís, “Cucurrucucú paloma” y “Cruz de olvido”, pero otras son más elecciones menos evidentes

 Siempre probamos la música con el público antes de grabarla, y pasó lo mismo con estas canciones. Había otras, claro, pero no funcionaron y fueron descartadas del disco; al final, quedaron las puras ganadoras [risas].

Como “Tu cárcel”, que originalmente es muy pop, pero a la que le has dado un estilo mucho más tradicional.

Salió muy bien con el arreglo que le hicimos, pero debo decir además que en este caso tuvimos la oportunidad de trabajar con varios músicos mexicanos legendarios que tocaron con Pedro Vargas y Lola Beltrán, como Miguelito Peña y Juan Carlos Allende, dos guitarristas de una tradición mexicana muy profunda, pero conocedores también de otras escuelas. El buen resultado de esa versión depende mucho de ellos.

Pero me imagino que tú estás también muy involucrada en la definición del estilo musical que lleva cada pieza, ¿verdad?

Me gusta mucho hacerlo, porque de otro modo, me sonarían justamente a ‘cover’. Me interesa que la gente escuche mis interpretaciones y encuentre en ellas algo novedoso, pero también que la combinación funcione; a veces mezclamos rock con hip-hop y rai y sale bien, pero otras veces no. Me gusta probar estas cosas sobre el escenario, porque es allí donde se cocina lo más fuerte del espectáculo.

Tengo la impresión de que este disco no es tan político como “Una sangre/One Blood”, por ejemplo, aunque el tema “La reina del inframundo” (uno de los originales) alude de modo discreto al hecho de que la demanda de drogas en Estados Unidos se encuentra estrechamente relacionada con el narcotráfico en México.

Estamos pasando un  momento muy difícil, porque todos los días se ve en las noticias que está muriendo nuestra gente. Querámoslo o no, está sucediendo en nuestro país, y tenemos afinidad con todos ellos. No quiero decir que queremos ser criminales, pero hay aquí algo que tiene que ver con la moralidad; es por eso que nos refugiamos en Dios y buscamos a los santos. Por ese lado, me llamó mucho la atención el arte de los retablos, ya que tiene un diálogo con la divinidad que no deja de lado lo contemporáneo y que no está necesariamente encomendado por la Iglesia.

Has tenido siempre una gran vocación humanista, y varios activistas sociales consideran que las religiones han sido un  obstáculo para el cambio. Sin embargo, este álbum tiene una fuerte presencia del encuentro entre el Cristianismo y las creencias locales.

Hubo una época en la que hablar de la religión era algo muy privado, y ésta es de hecho una actitud que se mantiene todavía en México. Pero eso ha tenido como resultado que sobrevivan muchos elementos pre-colombinos en nuestra religión, lo que se ha expresado por una parte en la urbe , de una manera práctica (cuando se dice “con el permiso de Dios”, por ejemplo), y por otra en las zonas rurales, donde existe un diálogo  con la tierra, la fertilidad y la siembra. Todo eso me ha interesado siempre mucho, porque estudié antropología; pero, por el lado artístico, sirve también como una especie de terapia curativa.

Este disco tiene algunas colaboraciones con artistas reconocidos de distintas procedencias, incluyendo a Illya Kuryaki and the Valderramas, de Argentina, que hace lo suyo en “Pecadora”. Uno de sus integrantes, Dante, es hijo de Luis Alberto Spinetta, que acaba de fallecer 

Sí; es algo muy triste. Conocí recién a Dante, a raíz de este proyecto, y sé que su padre es una figura muy importante en el rock latino. No estaba muy familiarizada con su música, pero siempre supe de su trascendencia.

También está Totó La Mamposina, una celebrada cantante tradicional de Colombia, que canta contigo en “Zapata se queda”. ¿Buscabas hacer algo con alcances internacionales? 

No lo pensé así. Los músicos andamos siempre pa’cá y pa’llá; a veces tenemos tiempo y a veces no. Conozco a Totó desde hace diez años y hemos girado juntas; ha sido una gran maestra para mí. Es colombiana, claro, y por ese lado se trató de una colaboración significativa, porque la gente de su país ha pasado también  por una ola de violencia muy grande. Necesita una aliada de este tipo en el disco, y cuando se lo propuse, aceptó y pudo hacerlo, por suerte. Pasó lo mismo con [el acordeonista mexicano] Celso Piña, con quien resultó fabuloso trabajar, porque es un hombre de puro corazón que logra además que el público se levante para bailar.

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