
En la presentación del libro realizada recientemente en la Dirección de Estudios Históricos (DEH) del INAH, la autora Alejandra Mora comentó que al insertarse en el ámbito de lo cotidiano, estas fotografías amplificadas suelen pasar desapercibidas, de ahí la necesidad de revalorarlas “como documentos que nos hablan de los anhelos de nuestros antepasados”.
Para Rebeca Monroy, investigadora de la DEH, “Eligio Zárate fue un transgresor del lenguaje pictórico y fotográfico, un trashumante de las artes que rebasaba cualquier límite en pos de su ser fotógrafo, de complacer la ilusión, no tuvo empacho ni prejuicios que vencer”, al conceder una verdad requerida por los consumidores.
Al igual que otros de sus colegas, Eligio Zárate —dijo— fue capaz de satisfacer el sueño de muchos: los ritos incomprendidos, los sueños a medias, las virtudes exaltadas, las complacencias que ahora hace el Photoshop. Una vocación entre figura y fotografía que le daba aún mayor presencia en el mundo de las bellas artes, pero que fue considerada un arte menor.
Fotógrafos ambulantes, disparadores, fotógrafos de “agüita” o de paisaje, moneros, retocadores, iluminadores… representaron un gremio que vivió a la sombra de los “grandes fotógrafos”, “las grandes puestas en escena”, el fotoperiodismo, la fotografía de autor, las propuestas innovadoras, “pero eso sí, reveladoramente de vanguardia en el arte popular”, expresó la historiadora.
Vendedor de ilusiones. Eligio Zárate: Fotografía y modernidad en San Pablo Huitzo, Etla, Oaxaca. 1940 -1960 también penetra en la llamada historia de las mentalidades, es decir, en cómo la modernidad pudo trastocar los usos y costumbres locales; así lo revelan algunos retratos en los que mujeres y hombres aparecen adoptando las poses de afamados actores del cine mexicano e internacional.
Esta publicación permite encontrar una serie de oficios que duraron varias décadas y que desaparecieron con la presencia de las nuevas tecnologías, se trató de oficios recreados al modo mexicano.
“El temblor del 85 —concluyó Rebeca Monroy— desnudó esa parte de la ciudad, también acabó con el oficio de estos hombres que trabajaban como artesanos gremialistas, pasando de mano en mano los secretos de un oficio que aparentemente ya se perdió”… aunque ahora la ilusión sigue con el uso del Photoshop.Te podría interesar...








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