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Rescatan arte fotográfico de Oaxaca previo al photoshop

Publicado por @Shinji_Harper el jueves, 29 marzo 2012
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Oaxaca, México.- Décadas antes del “milagro” del Photoshop, en varias partes del mundo y en particular en México, la amplificación fotográfica en tela fue una técnica socorrida que ayudó a perpetuar los sueños de los retratados, quienes cumplían su deseo de aparentar belleza y juventud, o posar junto al ser querido ya ausente; este procedimiento, ahora parte de la historia de la fotografía, se recupera en un libro del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH-Conaculta).

A partir de un “agente amplificador de fotografías”, don Eligio Zárate, quien por años recorrió varios pueblos oaxaqueños en busca de clientes, la historiadora del arte Alejandra Mora Velasco, rememora en Vendedor de ilusiones, a todo un gremio que vio perdidas sus fuentes de trabajo hace tan sólo 30 o 40 años, ante la aparición de la fotografía instantánea.

La publicación, que forma parte de la serie Testimonios del Archivo del INAH, parte de una investigación realizada por Alejandra Mora en la comunidad de San Pablo Huitzo, Etla, a escasos 26 kilómetros al norte de la ciudad de Oaxaca, donde se “topó” con una serie de retratos de sus pobladores, hechos en dicha técnica.

Detrás de estas “artesanías”, que cuelgan en paredes de salas y comedores, o en el peor de los casos, yacen arrumbadas en un rincón, está el recuerdo de una industria que tuvo una repercusión social y económica muy importante, principalmente en  los centros urbanos.

“Se sabe que en Guadalajara había estas casas amplificadoras, así como redes de creadores de retratos. Lo mismo sucedió en Monterrey y en el Distrito Federal. No sabemos con seguridad cómo llegó la amplificación a México, pero esta técnica se conoce desde los comienzos de la fotografía y realmente tuvo una tierra muy fértil en nuestro país”, expresó la también museógrafa.

De acuerdo con Alejandra Mora, el proceso de creación de un retrato era en síntesis el siguiente: el agente vendedor realizaba la orden de trabajo, obtenía las fotografías originales de los clientes y sus indicaciones: formato, composición, injertos, acabados, tipo de marco; y después enviaba la petición por correo a la casa amplificadora.

A su vez, la casa amplificadora se encargaba de mandar la orden al laboratorio fotográfico, donde se obtenía un negativo al refotografiar el original, éste se amplificaba y se imprimía sobre papel (de manera simple o por fotomontaje); se efectuaba el virado a sepia y el cianurado. El retocador concluía el proceso montándolo sobre tela y en bastidor, se iluminaba con brocha de aire, se dibujaban los últimos detalles y se enmarcaba.

En la presentación del libro realizada recientemente en la Dirección de Estudios Históricos (DEH) del INAH, la autora Alejandra Mora comentó que al insertarse en el ámbito de lo cotidiano, estas fotografías amplificadas suelen pasar desapercibidas, de ahí la necesidad de revalorarlas “como documentos que nos hablan de los anhelos de nuestros antepasados”.

Para Rebeca Monroy, investigadora de la DEH,  “Eligio Zárate fue un transgresor del lenguaje pictórico y fotográfico, un trashumante de las artes que rebasaba cualquier límite en pos de su ser fotógrafo, de complacer la ilusión, no tuvo empacho ni prejuicios que vencer”, al conceder una verdad requerida por los consumidores.

Al igual que otros de sus colegas, Eligio Zárate —dijo— fue capaz de satisfacer el sueño de muchos: los ritos incomprendidos, los sueños a medias, las virtudes exaltadas, las complacencias que ahora hace el Photoshop. Una vocación entre figura y fotografía que le daba aún mayor presencia en el mundo de las bellas artes, pero que fue considerada un arte menor.

Fotógrafos ambulantes, disparadores, fotógrafos de “agüita” o de paisaje, moneros, retocadores, iluminadores… representaron un gremio que vivió a la sombra de los “grandes fotógrafos”, “las grandes puestas en escena”, el fotoperiodismo, la fotografía de autor, las propuestas innovadoras, “pero eso sí, reveladoramente de vanguardia en el arte popular”, expresó la historiadora.

Vendedor de ilusiones. Eligio Zárate: Fotografía y modernidad en San Pablo Huitzo, Etla, Oaxaca. 1940 -1960 también penetra en la llamada historia de las mentalidades, es decir, en cómo la modernidad pudo trastocar los usos y costumbres locales; así lo revelan algunos retratos en los que mujeres y hombres aparecen adoptando las poses de afamados actores del cine mexicano e internacional.

Esta publicación permite encontrar una serie de oficios que duraron varias décadas y que desaparecieron con la presencia de las nuevas tecnologías, se trató de oficios recreados al modo mexicano.

“El temblor del 85 —concluyó Rebeca Monroy— desnudó esa parte de la ciudad, también acabó con el oficio de estos hombres que trabajaban como artesanos gremialistas, pasando de mano en mano los secretos de un oficio que aparentemente ya se perdió”… aunque ahora la ilusión sigue con el uso del Photoshop.

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