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Guadalupe Loaeza suma piezas al hundimiento del Titanic

Publicado por @Shinji_Harper el miércoles, 18 abril 2012
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Oaxaca, México.-Sólo un mexicano está incluido en la lista de víctimas del hundimiento del Titanic: Manuel Uruchurtu, diputado federal originario del estado de Sonora, quien viajaba en el barco y ayudó a la británica Elizabeth Ramell, a quien le cedió su lugar en un bote salvavidas.

Guadalupe Loaeza se dio a la tarea de hacer un recuento histórico de la presencia del sonorense para presentar de manera novelada lo ocurrido. El resultado es el libro El caballero del Titanic (editorial Aguilar), el cual fue presentado este 17 de abril en un  hotel de la Zona Rosa.

El historiador Alejandro Rosas y Alejandro Uruchurtu, nieto del político fallecido en el navío, comentaron la obra. El primero destacó que la obra de Loaeza constituye el primer aporte al mosaico que se ido formando con los años en torno al hundimiento del barco, ocurrido en el año de 1912.

Rosas recordó que en la historia de los accidentes navales se han registrado otras catástrofes, como las ocurridas en la II Guerra Mundial, cuando submarinos japoneses hundieron, en diferentes fechas, dos barcos con doce y quince mil personas, mientras que en el Titanic, el reporte oficial fue de mil 500 personas muertas.

“Pero en el primer caso todo ocurrió en el contexto de la guerra, así que esa circunstancia le resta atractivo. Es de resaltar que esa referencia es mucho más trágica, en cambio, el accidente del Titanic ocurrió rodeado de glamur.

“A la fecha, muchas son las teorías que explican lo ocurrido. En ese sentido, el libro de Loaeza incrementa la veracidad sobre la irresponsabilidad con que fue construido el barco y cómo las luchas entre las navieras de la época, que buscaban a toda costa ganar pasajeros, son las explicaciones más contundentes”.

Rosas consideró que en ese contexto El caballero del Titanic constituye el primer aporte de México a los estudios y textos que presentan, de diversas maneras, lo ocurrido, en lo particular a este pasajero, el único mexicano que abordó el barco.

Uno de los aspectos más atractivos, señaló, es la reconstrucción que hace la autora de la vida cotidiana de la época, a través de la inclusión de sendas descripciones de detalles muy comunes, como el menú que se sirvió o los comprobantes que cada pasajero presentó para acreditarse.

Mientras que para la autora, este trabajo constituyó una de las labores de investigación más profundas y aleccionadoras de su carrera, pues la llevó a seguir técnicas que nunca antes había aplicado y a descubrir que detrás de esta historia están todas las pasiones humanas.

“Me resultó impactante encontrar una historia como la de una pareja de ancianos que llevaban muchos años juntos, prácticamente toda su vida, pero que en el momento del hundimiento, él provechó para abandonarla y simplemente se subió a un bote salvavidas y se fue, despidiéndose de su esposa, claro.

“Está también el hecho documentado de que no había suficientes botes en el momento del accidente porque los constructores no los habían incluido debido a que robaban espacio a las canchas deportivas. Son datos muy interesantes que se suman a todos los ya existentes, y ahora con la presencia de Uruchurtu”.

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