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En Oaxaca dan anticonceptivos a mujeres que ya son madres

Publicado por @Shinji_Harper el jueves, 3 mayo 2012
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Citlali LÓPEZ/CIMAC

Oaxaca, México.- A Maricela le ofrecieron por primera vez métodos anticonceptivos luego de parir a su primer hijo. La joven originaria de San Andrés Zautla, una comunidad semirural a 40 minutos de esta capital estatal, tuvo dificultad para decidir qué método usar pues nunca había oído mencionar tantos.

Antes del embarazo, Maricela y su pareja, quienes no rebasan los 20 años de edad, acudían periódicamente a su centro de salud por métodos anticonceptivos, limitados únicamente a 15 condones por mes.

Salvo el condón, todos los demás métodos le resultan extraños y hasta ajenos porque nunca tuvo un acercamiento con ellos. “Es difícil y resulta extraño que ahora te miren con otros ojos para ofrecerte desde pastillas, inyecciones y el dispositivo. Lo más difícil es que no tengo información para decidir porque nunca me la proporcionaron”, señaló la joven.

Las políticas públicas de salud sexual y reproductiva aplicadas en Oaxaca limitan a los jóvenes al uso del condón como único método para evitar un embarazo no deseado. Otras opciones como las pastillas de anticoncepción de emergencia (PAE), inyecciones o dispositivos intrauterinos (DIU) son destinadas exclusivamente a las mujeres que ya tuvieron hijos.

SIN ATENCIÓN ESPECÍFICA

El actual enfoque garantiza el acceso a los métodos de control natal sólo con fines de planificación familiar, indicó José Juan Sibaja Martínez, de la Red de Jóvenes Indígenas “Pasa la Voz”, organización dedicada a la promoción de los derechos sexuales y reproductivos en las comunidades rurales de Oaxaca.

“No hay una atención específica a jóvenes. La atención es general y los jóvenes no nos sentimos involucrados. Esto nos preocupa mucho porque los servidores públicos no están sensibilizados y eso aleja a las y los jóvenes”, indicó Sibaja.

Basado en el trabajo de capacitación y acercamiento con jóvenes de comunidades rurales, Sibaja Martínez señaló que los médicos en los centros de salud limitan el acceso a los anticonceptivos.

Los hormonales, las PAE y los condones femeninos sólo están destinados a aquellas mujeres que ya tuvieron uno o más hijos.

Los jóvenes o adolescentes que se atreven a demandar algún método sólo tienen acceso al condón y únicamente dos en cada visita, pero sólo tres de cada 10 jóvenes utiliza el condón, según estimaciones del Consejo Estatal para la Prevención y Control del Sida (Coesida) Oaxaca.

Según cifras de los Servicios de Salud de Oaxaca (SSO), 40 por ciento de las y los jóvenes utiliza algún método de “control de natalidad”.

En las comunidades rurales las y los jóvenes prefieren no solicitar métodos anticonceptivos por dos razones: el temor de que sus padres descubran el condón, y porque los médicos tratan de inducirlos a retardar el inicio de su vida sexual.

ACCIONES TARDÍAS

Para Cinthia Velasco, integrante de Consorcio para el Dialogo Parlamentario y la Equidad, este enfoque contribuye al fortalecimiento del binomio mujer-madre y favorece el aumento de los embarazos a temprana edad.

“Es fundamental pensar la política pública en términos de ciudadanía, porque durante mucho tiempo los programas de política pública han estado permeados por perjuicios sustantivos, que tienen que ver con el género en el sentido de fortalecer el binomio mujer-madre”, advirtió.

Para la activista, retardar la maternidad en las mujeres jóvenes es importante para fortalecer su autonomía, pero esto no necesariamente debiera implicar retardar el inicio de la vida sexual, precisó.

“Las mujeres jóvenes tienen derecho a ejercer una vida libre y plena sin que eso se traduzca en un ejercicio de reproducción”, sostuvo.

Velasco asentó que para evitar los embarazos prematuros se requiere en principio fortalecer la autonomía, emancipación y el desarrollo integral de las y los jóvenes, en lugar de las políticas públicas que buscan resolver el problema una vez que ya existe.

Enfoques “buena onda” como aquellos en los que se hace creer a la adolescente embarazada que el Estado le da “una segunda oportunidad” para continuar sus estudios, no contribuyen a construir ciudadanía y sólo refuerzan la desigualdad y la discriminación por condición de género.

“No se está pensando en programas de gobierno que fortalezcan el ejercicio sexual de las y los jóvenes como un ejercicio de ciudadanía plena. Al Estado le corresponde garantizar las condiciones de ciudadanía plena que pasa por la ciudadanía sexual y la soberanía reproductiva”, dijo la activista.

Lo anterior está relacionado con el desabasto de anticonceptivos y el poco acceso de las mujeres jóvenes. La falta de utilización de los métodos tiene que ver con los prejuicios de los servidores de salud, en los prestadores de servicio, falta de educación sexual integral en las escuelas y la falta de recursos.

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