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Se extiende daño ecológico en playas de Oaxaca: Greenpeace

Publicado por @Shinji_Harper el lunes, 3 septiembre 2012
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Daniel Montoya

Oaxaca, México.- El manto negro del petróleo se extiende implacable cubriendo con espesura el mar del Istmo de Tehuantepec.

En tanto, la Secretaría del Medio Ambientey Recursos Naturales (SEMARNAT), ha decretado que al menos, 17 playas fueron afectadas como consecuencia del derrame de Pemex  ocurrido en el Puerto de Salina Cruz el 11 de agosto pasado.

Lejos de la orilla del mar, en el municipio de Santiago Astata, se vive otro desastre ocasionado por la paraestatal.

El pasado 23 de agosto, en su viaje a Oaxaca para documentar el daño ambiental generado por el hundimiento de la monoboya 3 de Pemex, Greenpeace acudió a la comunidad de Zaachila, en Santiago Astata en donde un auto tanque que transportaba combustible para aviones se volcó sobre la carretera Salina Cruz-Huatulco.

Alrededor de 44 mil litros de turbosina se derramaron en un cuerpo de agua conocido como La Cotorra para avanzar hacia la laguna de Zaachila y a un pozo que abastece de agua a la comunidad. Peces y camarones, sustento diario de decenas de familias, perecieron en la marea de hidrocarburo.

Raudos y veloces, los funcionarios de Pemex, acudieron a la zona para retirar la pipa de inmediato. Con la prisa, se les “olvidó” llevar barreras oleofílicas para contener la propagación del hidrocarburo y reducir así el impacto ambiental.

Ya ni hablar de la ausencia de tareas de limpieza y remediación. A dos días del evento, la población afectada aún no recibía respuesta de ninguna autoridad y el petróleo derramado continuaba causando estragos en la laguna en donde se percibía un amargo olor a muerte.

El ataque de amnesia de Pemex se ha prolongado: a trece días del infortunio, la comunidad de Zaachila sigue esperando la limpieza total de la laguna, la evaluación de daños y una indemnización. Así, mientras unos cuantos festejan el hallazgo de yacimientos petroleros en el territorio mexicano; otros experimentan la ‘abundancia’ de hidrocarburos en su propia mesa, con la desaparición de su fuente de sustento y la contaminación de sus tierras y agua potable.

Y sigue la mata dando: el 29 de agosto en Guanajuato, en el tramo del ducto Salamanca-Tula, se derramaron 30 mil litros de petróleo afectando cultivos de maíz, sorgo y frijol. (1

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