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Descubren piedra de sacrificio en el Templo Mayor

Publicado por @Shinji_Harper el sábado, 6 octubre 2012
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Oaxaca, México.- Un conjunto de 45 cráneos humanos y alrededor de 250 mandíbulas inferiores fueron descubiertos por arqueólogos del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH-Conaculta) en las cercanías de un edificio ceremonial que formaba parte del Recinto Sagrado de Tenochtitlan; el hallazgo, que se estima tiene poco más de 500 años de antigüedad, representa el depósito más numeroso de calaveras hasta el momento hallado en la Zona Arqueológica de Templo Mayor, en el Centro Histórico de la Ciudad de México.

“Los cráneos eran utilizados por los antiguos mexicas como elementos de consagración o de clausura de espacios arquitectónicos, y para rituales vinculados al culto a Mictlantecuhtli, dios de la muerte, por lo que quizá se trata de una ofrenda que sirvió para clausurar alguna edificación prehispánica”, informó el arqueólogo Raúl Barrera Rodríguez, responsable del Programa de Arqueología Urbana (PAU) del INAH.

El depósito de cráneos, explico el investigador, se halló en la parte posterior de la estructura denominada cuauhxicalco —descubierta en 2011—, debajo del cual también se encontró una piedra de sacrificios, la segunda que se localiza en el sitio en los últimos 20 años, y que posiblemente corresponda a la etapa constructiva II del Templo Mayor (1375-1427).

El arqueólogo Barrera Rodríguez destacó que debajo de la piedra sacrificial se descubrieron otros cinco cráneos fragmentados y que tienen un orificio a la altura del parietal, lo que hace suponer que quizá, en algún momento, formaron parte de un tzompantli (monumento donde se exponían las calaveras de sacrificados) del Recinto Sagrado de Tenochtitlan.

“Es posible que algunos de los 45 cráneos que se encontraban por encima de la piedra de sacrificios, hayan sido manipulados con la intención de elaborar ‘máscaras-cráneo’ que nunca fueron concluidas, sólo son preformas, lo cual se infiere a partir de las huellas de corte que presentan”, consideró el arqueólogo del INAH.

Las máscaras-cráneo se caracterizan por ser caretas hechas con el frente de las calaveras humanas, y en ciertos casos eran adornadas con aplicaciones de piedra verde para simular  los ojos, o se acompañaban con collares de caracol, cascabeles y cuchillos de obsidiana.

De acuerdo con la arqueóloga Ximena Chávez, quien ha estudiado a detalle la producción prehispánica de dicho tipo de máscaras entre los mexicas, se considera que éstas son representaciones de Mictlantecuhtli, según comparaciones con elementos pictóricos de los Códices del Grupo Borgia.

La arqueóloga del INAH sugiere que las caretas eran depositadas en diversas ofrendas, usadas como atavíos de individuos sacrificados o quizá eran suspendidas y exhibidas en templos; aunque no fueron utilizadas como máscaras en sí, ya que los orificios de las órbitas de los ojos eran tapados, lo que impediría la visión de quien las portara.

El arqueólogo Raúl Barrera Rodríguez, responsable del PAU, detalló que el hallazgo de los 45 cráneos se registró a mediados de agosto pasado, durante las labores de infraestructura que se realizan en el predio Plaza Manuel Gamio, para la creación de un vestíbulo de acceso a la Zona Arqueológica y Museo del Templo Mayor.

“Los restos óseos se encontraron directamente sobre un relleno de tierra, correspondiente a la etapa constructiva IV de Templo Mayor (1440-1469); estaban delimitados por un alineamiento de piedras que los concentraba en un espacio de 1.5 metros de este a oeste, y 1.2 de norte a sur; además corresponde al depósito de cráneos más numeroso hasta el momento descubierto en la zona arqueológica”.

El arqueólogo consideró que la mayoría de las calaveras, que posiblemente fueron exhumadas, corresponden a mujeres y hombres que tenían entre 20 y 35 años de edad al momento de morir, lo cual se confirmará con estudios posteriores.

Como parte de la supervisión arqueológica de la obra de infraestructura, las especialistas Estíbaliz Aguayo Ortiz y Berenice Jiménez González realizaron un sondeo que permitió detectar el conjunto de restos óseos, y se enfocaron a la excavación de ese espacio, para después continuar con el registro (toma de imágenes, dibujos a escala e identificación de restos con números) y levantamiento de cada elemento.

“Los cráneos se hallaron en buen estado, ya que las condiciones de humedad facilitaron su conservación, si bien se encontraron fragmentados por el peso de los pisos y rellenos de tierra que tenían encima, una buena parte de ellos están completos y con posibilidad de armarlos y restaurarlos”, dijo la arqueóloga Estíbaliz Aguayo.

La investigadora indicó que en esta ofrenda no se localizaron piezas de cerámica, ornamentos o huesos de animales —como en otros casos similares en los que se han encontrado calaveras—, “además observamos que los restos fueron depositados sin un orden aparente, de manera indistinta como si hubieran sido arrojados”.

Respecto a los cinco cráneos con orificios, el arqueólogo Raúl Barrera consideró que se trata de una ofrenda de consagración hacia la piedra de sacrificios —de 45 cm de altura, entre 35 y 42 cm de largo y 9 cm de grosor—, luego de haber estado suspendidas en un tzompantli, “escenario de comunicación entre el mundo de los hombres y el de los dioses”.

“Dicha piedra era utilizada en tiempos prehispánicos para colocar a una persona de espalda sobre ella, con dirección de oriente a poniente, una vez recargada, era sacrificada abriéndole la caja toráxica para sacar el corazón”, explicó el arqueólogo.

Raúl Barrera puntualizó que las investigaciones sobre la segunda ofrenda (integrada por la piedra de sacrificio y los cinco cráneos con orificios) continuarán para profundizar, más adelante, en el significado y simbolismo de los materiales que la integran.

Liberación de estructura circular asociada a árbol sagrado
Como parte de las labores de infraestructura que se realizan en el Predio Plaza Manuel Gamio, a finales de mayo pasado, fue encontrada una estructura circular que contenía en su interior un tronco de encino, que debido a su proximidad y sincronía temporal con el cuauhxicalco (edificio ceremonial), los arqueólogos han propuesto que se trata de uno de los árboles sagrados que hubo en el Recinto Ceremonial de Tenochtitlan.

“Dicho elemento arquitectónico corresponde a la etapa constructiva IV de Templo Mayor (1440-1469); ya fue excavada y liberada por completo, con lo que se pudo conocer sus medidas exactas (2.2 metros de diámetro y 55 cm de altura) y materiales que la constituyen: piedras de tezontle unidas con lodo, que integran el muro, y un recubrimiento de estuco”, explicó el arqueólogo Raúl Barrera.

La estructura fue descubierta frente al cuauhxicalco localizado en 2011, aproximadamente a dos metros de distancia, con dirección al adoratorio de Huitzilopochtli, por lo que quizá el tronco de encino encontrado se trate de uno de los árboles sagrados del área ceremonial de Tenochtitlan, que fray Bernardino de Sahagún y Diego Durán refieren en sus textos Historia General de las cosas de la Nueva España e Historia de las Indias de Nueva España e Islas de Tierra Firme, respectivamente.

El tronco de encino y su estructura circular serán exhibidos en el espacio donde fueron encontrados para el disfrute de los visitantes, una vez que termine la obra de infraestructura del sitio, concluyó el arqueólogo Raúl Barrera.

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