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Abasto de Letras/La pobreza hecha folclor

Publicado por @Shinji_Harper el jueves, 15 noviembre 2012
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Jesús Rito García
Oaxaca, México.- Si te encuentras fuera de tu país, es maravilloso toparse con cualquier motivo que te lo recuerde. Ir por una calle extraña y ver la imagen de un chile con un sombrero, un charro “mexicano”, la palabra “taco” o que alguien te diga que le encanta el guacamole. Pero eso no es nada a cuando te dicen que conocen tu estado, por ejemplo, que estás en una reunión y alguno de tus conocidos hace mención de un estado que se llama “Oaxaca”. Lo primero que haces es saltar de gusto y no parar de hablar de tu pueblo, de tu “cultura”, de tu “folclor”.
El problema puede ser que aburras a todos, pero que tiempo después quieran venir. Eso casi siempre sucede y en verdad que Oaxaca es un lugar obligatorio para cualquier turista que visite México.
Oaxaca es un lugar lleno de tradiciones y cultura. Desde el periodo prehispánico, los pueblos que se asentaron en esta zona del territorio de lo que hoy llamamos México, eran grandes artistas de la orfebrería y la cerámica. Culturas que tenían un conocimiento de la agricultura y la astronomía bastante avanzados para su tiempo. Cosa que parece se nos ha olvidando por completo.
Ahora resulta que el arte de la cerámica sólo es artesanía para sobrevivir, la orfebrería es un oficio casi olvidado… Ahora sólo tenemos riqueza cultural y pobreza económica. Pero como todo en este mundo capitalista se debe vender, pues vamos a vender pobreza, la vestimos de Triqui, de Tehuana, de las demás culturas y las subimos a un cerro a bailar y decimos que es una tradición antiquísima… Que si bien los trajes son muy bellos, pero lo que no es muy agradable es utilizarlos como tarjeta postal todo el tiempo. La visión gubernamental, no sólo de ahora, sino desde hace mucho tiempo ha sido vender a Oaxaca como espacio de esparcimiento, diversión y tranquilidad. Invitan a los grandes empresarios a que vengan a utilizar sus espacios públicos, como Santo Domingo, El Jardín Etnobotánico, el Palacio de Gobierno, la biblioteca Burgoa, entre otros, para que realicen sus convenciones, sus congresos, sus fiestas. Todo esto para recibir fuertes derramas de dinero que ayudarán a nuestro estado a salir de la pobreza y bla, bla, bla…
Es muy bueno, que se genere riqueza desde Oaxaca, riqueza que al final queda en muy pocas manos; aunque nadie niega que si llegan turistas de este tipo se llevarán algún alebrije, una ollita de barro negro de San Bartolo, un tapete de Teotilán; pero no pasa de eso. No pasa de obtener un poco de dinero para mitigar la pobreza. Además, sabemos que son muy pocos pueblos los que hacen artesanías, todos los demás hacen hijos e hijas que se convertirán en mano de obra barata en los Ángeles u otro estado de la Unión Americana, y las hijas serán las criaditas de la capital, las que darán a luz hijos que serán regalados. Así de ruda es nuestra realidad Oaxaqueña, es la que no aparece en los espectaculares ni en las guías turísticas. Esas historias sólo se encuentran escondidas en las tesis de algunos estudiantes de antropología y en los archivos de alguna organización social que el día de mañana los utilizará para exigir dinero al gobierno y se plantará frente a Palacio para pedirle al gobernante en turno que les regale cosas, que les compre camionetas y armas para seguir con su lucha social.
Imaginemos a un Oaxaca en dondo no solamente hay chicas vestidas con trajes típicos ofreciendo las pruebas de mezcal a los asistentes durante las grandes convenciones. Sino que veamos a oaxaqueños y oaxaqueñas brindando ponencias, siendo los expertos en los temas económicos, culturales, científicos, o de cualquier índole relacionado con la investigación. Imaginemos a expertos en temas sociológicos en una mesa dictada en zapoteco o en mixe con traductores para los asitentes que no saben estos idiomas locales. Imaginemos ver en los programas universitarios la enseñanza del mixteco, como lo es el inglés y el francés.
Creo que podemos imaginar muchas cosas, pero para acercarnos un poco a esa distante realidad, debemos dejar de ver esta pobreza y falta de educación, como el único trampolín económico de Oaxaca.

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