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Recibe Myriam Moscona el Premio Xavier Villaurrutia de Escritores

Publicado por @Shinji_Harper el miércoles, 27 marzo 2013
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Oaxaca, México.- A la poeta y traductora Myriam Moscona, le gusta pensar que al recibir el Premio Xavier Villaurrutia de Escritores para Escritores 2012 por su novela Tela de sevoya, también se distingue al judeo-español, al ladino, ese idioma que identifica a los sefardíes, un español arcaico que subyace bajo el nuestro.

El 26 de marzo, en la sala Manuel M. Ponce del Palacio de Bellas Artes, Myriam Moscona recibió de manos de María Cristina García Cepeda, directora general del INBA, el diploma y reconocimiento económico otorgado por el Conaculta, el Instituto Nacional de Bellas Artes, en colaboración con la Sociedad Alfonsina Internacional.

Ante miembros del jurado, autoridades culturales, colegas y amigos, Moscona detalló que su primera novela Tela de sevoya, es un libro entre varias fronteras, la del español arcaico y el actual, en el que conviven distintos géneros.

“No tuve el menor reparo de valerme del diálogo, entrevistas, poemas, testimonios, sueños, bitácora de viaje, cuentos familiares y una buena dosis de memoria e invención. Las fronteras entre la vigilia y el sueño, así como entre los muertos y los vivos son también las capas de esta sevoya que el jurado ha distinguido con el premio que lleva el nombre de un poeta que he leído desde mi juventud”.

Jaime Labastida, presidente de la Sociedad Alfonsina Internacional, leyó el acta del jurado integrado por los escritores Angelina Muñiz-Huberman, Sergio Mondragón y Felipe Garrido, donde dio cuenta de la decisión unánime para reconocer la obra de la escritora de amplia trayectoria profesional nacida en la Ciudad de México en 1955.

Para Alicia Zendejas, secretaria de la Sociedad Alfonsina Internacional, Tela de sevoya es una mutibiografía “cortada en retazos, en gajos, ora sabrosos, ora melancólicos”, que va mostrando la imagen del árbol de la vida, de las antiguas y sufridas generaciones sefardíes a través de instantes dispares y disímbolos.

En opinión del escritor Sergio Mondragón, Premio Xavier Villaurrutia 2010, la novela de Moscona, en la que se narra la vida de la autora y su viaje de México a Bulgaria en busca de sus raíces, su identidad y su memoria, presenta una escritura clara, ágil e inteligente con un hábil e interesante entrecruzamiento de géneros, cuyo protagonista central es el lenguaje y los personajes son entrañables.

“Leía en su libro poemas y refranes que ella encontró en los legajos que abrió en Bulgaria a donde viajó en busca de sus raíces y de los judíos que aún hablan ladino. […] El libro es un recordatorio siempre pertinente, de los extremos a donde pueden llevar la intolerancia y el racismo al incluir en su texto datos y documentos que ilustran la expulsión de los judíos de España en 1492 y el extermino nazi que afectó de manera directa a su familia. Intolerancia que reverdece a todas horas y en todas partes en el mundo”.

Angelina Muñiz-Huberman, distinguida con el premio en 1985, indicó que Tela de sevoya es un libro con características originales en cuyas páginas se acumulan un deseo de autodefinición, búsqueda, identidad, de reconciliación con los orígenes, de viaje expiatorio, y en el que se le rinde tributo a la lengua judeo-española.

En el acto, María Cristina García Cepeda expuso que el Premio Xavier Villaurrutia de Escritores para Escritores se creó en 1955 para distinguir la excelencia de las obras publicadas en México. Felicitó a Moscona por obtener la distinción con la que también se celebra su entrega a la literatura y su gran talento.

Myriam Moscona, que en su libro presenta un panorama histórico de la comunidad sefardí en tres momentos culminantes: el de su expulsión de España en 1492, el del exterminio nazi y el de la llegada a México de algunos de sus integrantes; en su discurso de agradecimiento, expresó que desde que empezó a escribir poesía resonó en ella esa lengua ladina que escuchó durante toda su niñez, el idioma de sus muertos.

“Es innegable el tiempo que me llevó  aceptar las formas verbales que se articulaban entre mis ancestros y yo, ese tiempo que me tocaba encarnar como la primera mexicana de un anónimo grupo de españoles turcos o búlgaros que tuvieron al ladino como su lengua franca […] esta lengua es también una declaración de amor por lo que he perdido, y un poner a prueba algo que nunca supe si podría recuperar a solas, casi sin ayuda de diccionarios, como si lo que tuviera entre mis manos fuese la posibilidad de reconstruir algo que está debajo del olvido y despertarlo diera miedo”.

Agregó que en 2006, cuando fue por primera vez a Bulgaria, en busca de los hablantes judeo-español, no tenía la menor idea de que esas notas de viaje se transformarían en un libro en prosa. “Tampoco supe que estaba a punto de morderme la lengua, pues siempre dije: jamás escribiré una novela, tampoco sé si en verdad la he escrito y no me preocupa demasiado establecerlo”.

Finalmente, la autora de Negro marfil y El que nada, manifestó su gusto por la literatura de Xavier Villaurrutia. “Su obra se desplaza entre los géneros, incluso entre las disciplinas, quedarse quieto en un solo registro seguramente lo aburría. Formó parte y defendió otro estadio de minorías distinto al de las lenguas como la homosexualidad en años condenatorios. Leo a Villaurrutia a partir de esa luz, esa clave, la de las lenguas que ya no escucharemos”.

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