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Demandas femeninas opacadas en el discurso del 1 de mayo

Publicado por @Shinji_Harper el Jueves, 2 Mayo 2013
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Adriana Franco Rosales/CIMAC

Oaxaca, México.- ¿A dónde están las mujeres? La estación del Metro Bellas Artes está cerrada. La avenida Juárez, copada de sindicalistas –en su mayoría hombres– que marchan sin rumbo definido…

La Alameda Central se encuentra rodeada de vallas y granaderos. Se escuchan las consignas masculinas y el ruido ensordecedor de las cornetas seguido por los chiflidos.

Son las 10 de la mañana en el Centro Histórico de la Ciudad de México. No hay acceso al Hemiciclo a Juárez, que era el punto de partida.

Nadie las ha visto, con sus playeras blancas y distintivos morados, avanzar entre los contingentes de las y los trabajadores que vienen a pasar lista, a cumplir con una obligación laboral. Las mujeres sindicalistas se pierden entre las masas.

A 100 años de la primera marcha del 1 de mayo en el Distrito Federal, con motivo del Día Internacional del Trabajo, la lucha por los derechos laborales continúa vigente.

Las demandas que exigieron las y los obreros en 1913, cuando todavía no existía una ley que regulara su labor, son exactamente las mismas que en pleno siglo XXI les niegan a las trabajadoras del hogar.

En aquel entonces el sector obrero se unió para lograr un salario mínimo, una jornada laboral de ocho horas, el pago de indemnizaciones por accidentes de trabajo y el reconocimiento jurídico de las organizaciones obreras.

Después de la marcha llevaron el pliego petitorio a la Cámara de Diputados, que ahora es la sede de la Asamblea Legislativa del Distrito Federal.

El presidente de México era Victoriano Huerta, quien permitió la manifestación obrera para evitar que se sumaran a los movimientos revolucionarios de la época.

A partir de ese movimiento, las organizaciones de trabajadores se introdujeron en la arena política para exigir a sus gobernantes mejores condiciones de trabajo.

Un siglo después las trabajadoras del hogar marcharon por las mismas calles para demandar igualdad de derechos laborales, tales como una jornada de ocho horas, salario mínimo, seguridad social, vacaciones y aguinaldo. Ellas no piden más que lo básico: las prestaciones mínimas de ley.

En lo que va de 2013 las empleadas del hogar han realizado diversas acciones para que el Senado ratifique el convenio 189 de la Organización Internacional del Trabajo (OIT), que establece condiciones dignas para realizar esta labor en la que se desempeñan más de 2 millones de mexicanas.

Todavía no lo logran, pero no cederán en la lucha. Son batallas de largo aliento, como todas las conquistas laborales.

La reforma laboral aprobada a finales de 2012 es la bandera roja con la que se cubren el rostro de enojo quienes marchan este 1 de mayo.

Las canciones de protesta son las mismas de hace años, sólo cambia el nombre del gobernante, pero las carencias se han profundizado. La pérdida del valor adquisitivo priva en sus pancartas, culpan a los panistas y luego recuerdan que con el PRI estaban y seguirán igual.

No hay esperanza. Caminan porque tienen que cumplir y escuchan los discursos de sus líderes sindicales frente al templete. No hay cambios, no hay soluciones.

Y en medio de todo este movimiento, las mujeres son parte del contingente pero no las protagonistas, no las que gritan, no las que dirigen. Visten de rosa o morado para hacerse notar, pero ahogan sus voces ante la inclemencia del sol.

Arriban los primeros sindicatos al Zócalo al filo de las 11 de la mañana. Al frente cinco mujeres vestidas con camisas blancas, pantalones negros, que las distinguía del resto de las marchantes, sostenían los carteles de la Asociación Sindical de Sobrecargos de Aviación (ASSA).

Atrás venían más mujeres con las mismas pancartas, pero algo las distingue, una pañoleta verde. Eran las sobrecargos jubiladas de Mexicana de Aviación, que siguen a la espera de que se resuelva el pago de sus pensiones, que se vieron afectadas cuando la aerolínea se declaró en suspensión de labores en agosto de 2010.

“Nos quieren desmoralizar al decir que Mexicana está muerta”, dice Georgina Méndez, sobrecargo jubilada tras 23 años de trabajo en esa empresa.

Pero ellas siguen la marcha aunque no se respete su derecho a tener una pensión después de toda una vida dedicada a esa aerolínea, cuya posibilidad de reactivación se desdibuja.

Detrás de Georgina vienen unas mujeres vestidas con playeras y gorras rosas: son vendedoras de la marca de cosméticos Avon, agrupadas en una asociación civil denominada Cosmogar, quienes luchan porque la empresa les dé seguridad social.

“Hemos demandado a la empresa, pero esta se niega a darnos esa prestación bajo el argumento de que las ventas son muy bajas y que el tipo de relación laboral que tenemos no se presta para exigir este derecho”, explica Adriana González Carrera, que heredó de su madre este trabajo que le permite estudiar y tener dinero para sus gastos.

A la marcha vienen poco menos de 20 mujeres, pero en México casi medio millón de amas de casa, estudiantes y empleadas de oficina se dedican a las ventas de cosméticos y prendas de vestir de la marca de Avon. Su líder, Silvia Gutiérrez, logró subir al templete, pero no emitió ningún pronunciamiento.

El discurso de los líderes sindicales continúa, son las voces de los hombres las que hablan de la drástica caída del poder adquisitivo, de la pobreza extrema a la que los lanzó el PAN durante las dos administraciones al frente del país, de la necesidad de un cambio de rumbo, que poco tiene que ver con el cambio de presidente o de partido en el poder.

Siguen llegando los contingentes… Aparece la Alianza de Tranviarios de México; al frente va una mujer vestida de morado con una pancarta que dice: “Las mujeres podemos con todo, pero ya basta de ser las únicas en hacer los trabajos del hogar y la familia”.

Es Martha Torrres, mecánica, quien dice que “lo único que las mujeres piden es igualdad de trato, que no piensen que no pueden hacer el mismo trabajo que los hombres por no tener su fuerza física, porque han demostrado ser tanto o más capaces que ellos y por eso ya hay compañeras que manejan el tren ligero”.

Ella pertenece a una generación de mujeres que rompió paradigmas al incorporarse a trabajos que hasta hace no mucho eran exclusivos de los hombres. Pero las nuevas generaciones, jóvenes de 15 a 20 años, vienen todavía más empoderadas, conscientes de la realidad y  dispuestas a cambiarla.

De esa forma avanzaron también las jóvenes anarquistas, vestidas con delantales para presentar un performance en el Zócalo y visibilizar a las “amas de casa”, que trabajan en el hogar sin remuneración ni reconocimiento de la importancia de su labor.

Desde otra perspectiva, Lourdes y otras alumnas de la carrera de Estudios Latinoamericanos de la UNAM, apoyaron al Colectivo de Mujeres Indígenas Trabajadoras del Hogar para elaborar sus pancartas y mantas para la marcha con la leyenda “Ni criadas ni sirvientas, somos trabajadoras”.

Además, las apoyan buscando en las calles a mujeres indígenas que se dediquen al trabajo del hogar, para invitarlas a la organización e informarles sobre sus derechos y la dignificación de su trabajo.

A esta organización se acercó una mujer, esposa de un trabajador de la extinta Luz y Fuerza del Centro, que ante esa situación tuvo que dedicarse al trabajo del hogar, pero ignoraba que podía tener derechos hasta que las conoció al acompañar al marido a marchar.

Estaban frente al astabandera de la Plaza de la Constitución, el lugar al que llegaban todos los contingentes. Minutos antes se había reunido en ese punto la Red de Mujeres Sindicalistas.

Martha Heredia, líder de la red, contó que venían separadas, cada una en el contingente al que pertenecen, pero después se reunieron para marchar al interior del Zócalo y romper de forma simbólica unas cadenas de papel, que simbolizan las ataduras del hogar que les impiden desarrollarse profesionalmente.

Por ello, dijo, impulsan la ratificación de dos acuerdos ante la OIT, el 156 sobre la igualdad de oportunidades y de trato entre las trabajadoras y los trabajadores con responsabilidades familiares, y el 183, que tiene que ver con la protección a la maternidad, como parte de la campaña “Trabajo digno, derecho de las mujeres”.

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