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Carlos Fuentes, su literatura se nutrió de una nación

Publicado por @Shinji_Harper el miércoles, 15 mayo 2013
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Oaxaca, México.- A un año de la muerte de Carlos Fuentes, las comunidades literaria, intelectual y artística de México se aprestan a la realización de sendos homenajes en su honor, al tiempo que la ocasión es propicia para la revisión del legado de uno de los escritores fundamentales de las letras mexicanas del siglo XX y principios del XXI, pues con sus novelas hizo hablar a un pueblo, el de México, y exploró en forma casi inagotable y la recíproca relación entre historia y literatura.

Carlos Fuentes Macías (Ciudad de Panamá, Panamá, 11 de noviembre, 1928 – Ciudad de México, 15 de mayo, 2012) fue diplomático, escritor, novelista, dramaturgo, cuentista, autor de guiones de cine. Fue bien recibido desde su primera novela, La región más transparente (1958), un inventario de la sociedad mexicana, que a través de la construcción de un mapa de linajes, representó mundos y submundos entrelazados por un elemento común, que propiamente se convierte en el metapersonaje: la ciudad de México, con lo cual la literatura nacional cambió de escenario, del campo a la urbe moderna y compleja, de la Revolución a las aspiraciones personales, grupales, familiares de una intrincada sociedad.

Antes de esta novela, el autor había publicado su primer libro Los días enmascarados (1954) cuando tenía 26 años, compuesto por una serie de cuentos que fue bien recibida por la crítica y el público; en este texto se advertía ya lo que en posteriores publicaciones serían sus preocupaciones centrales, como la exploración del pasado prehispánico y los sutiles límites entre realidad y ficción.

Carlos Fuentes fue hijo de un diplomático de carrera, por lo que tuvo una infancia cosmopolita y desde muy joven vivió inmerso en un ambiente de intensa actividad intelectual. En cuanto a su preparación académica, se tituló como licenciado en leyes por la Universidad Nacional Autónoma de México y se doctoró en el Instituto de Estudios Internacionales de Ginebra, Suiza.

La crítica social a partir de la literatura

En la creación literaria de Carlos Fuentes se hizo notoria desde los primeros textos la crítica social a partir de la literatura. En años los sesenta del siglo XX participó en diversas publicaciones; junto con Emmanuel Carballo fundó la Revista Mexicana de Literatura, que se constituyó en un espacio para publicar el trabajo de jóvenes autores.

En 1962, Fuentes publicó La muerte de Artemio Cruz, que es también considerada como una de las más importantes novelas de la literatura mexicana.

En esta ocasión, el autor ofrece una prosa compleja, plagada de identidades fragmentadas, que tiene como hilo conductor las reflexiones de un viejo militar de la Revolución que está a punto de morir.

Para el autor, estas publicaciones dieron forma al ciclo que él mismo denominó como La edad del tiempo, al cual pertenecen títulos como Zona sagrada (1967), que retrata la relación entre una diva del cine nacional y su hijo; Terra Nostra (1975), novela que llevó al límite la exploración de los orígenes del ser nacional; Cristóbal Nonato (1987), inspirada en Tristram Shandy de L. Sterne, donde narra el Apocalipsis nacional empleando la voz de un niño que se está gestando.

Aura (1962), es una novela corta que narra una historia que transcurre entre la magia y lo espectral; junto con La muerte de Artemio Cruz se inscribe en llamado boom latinoamericano. Diana o la cazadora solitaria (1994), otro texto corto, es un recuento de su tormentosa relación con la actriz Jean Seberg.

En esa década, Fuentes publicó Constancia y otras novelas para vírgenes (1990), El naranjo o los círculos del tiempo (1993) y La frontera de cristal (1995), conjunto de historias que se desarrollan en el contexto de la vida en la frontera entre México y Estados Unidos.

A la par del ejercicio literario, Carlos Fuentes desarrolló géneros como el ensayo periodístico, fue editorialista en periódicos y crítico literario; escribió obras de teatro; en sus textos, mostró siempre una particular atención al presente y un conocimiento de la psicología de lo mexicano, y poseía una cultura de alcance universal.

Carlos Fuentes demostró que la reflexión en torno a la creación de la identidad nacional no está reñida con la crítica más severa sobre temas de carácter social, para lo cual desarrolló un lenguaje audaz y novedoso que incorporaba neologismos, vocablos coloquiales y extranjerismos, recursos que cambiaron el rumbo de la narrativa mexicana.

Mientras que sus libros de ensayo son considerados como clásicos, entre cuyos títulos se encuentran La nueva novela hispanoamericana, Tiempo mexicano, Valiente mundo nuevo y El espejo enterrado, todos polémicos textos que hablan tanto de literatura como de la historia de México y de América, y que abordan problemas y perspectivas de la actualidad del mundo.

Por el brillante desarrollo de su carrera, los premios fueron otra constante en su vida literaria. De los numerosos reconocimientos literarios destacan: Biblioteca Breve (España, 1967); Rómulo Gallegos (Venezuela, 1974); Xavier Villaurrutia (México, 1975); Alfonso Reyes (México, 1979); Nacional de Literatura (México, 1984).

Los discursos de Fuentes, una reflexión vigente

Como lo indica el protocolo, en cada ceremonia de aceptación de algún premio -excluyendo el de 1972, correspondiente al Premio Mazatlán de Literatura por Tiempo mexicano, de la Universidad de Mazatlán, que Fuentes rechazó en protesta por la política del gobierno de Sinaloa contra el movimiento estudiantil en dicho estado-, el autor preparó sendos discursos, cuyo contenido propicia una reflexión hoy vigente.

En 1987, el autor de Aura, recibió el Premio Cervantes. En la ceremonia de aceptación, comentó: “¿Por qué es tan actual Cervantes? ¿Por qué Don Quijote? Cruzando el Atlántico la víspera de la II Guerra Mundial, Thomas Mann escogió el Quijote como la lectura que le permitiría, a un tiempo, despedirse de Europa y asegurarse a sí mismo el regreso a un continente devastado pero salvado, acaso, por la permanencia de unas cuantas obras de arte.

“Imagino que Thomas Mann rescató un ejemplar -uno solo- del Quijote a punto de incendiarse para siempre en la fogata con la que el régimen totalitario quería convertir en cenizas cuanto negase su poder. ¿Y por qué sería Don Quijote el libro a rescatar de las llamas? Acaso porque a partir del Quijote se puede recrear el mundo. Como si el mundo estuviese siempre a un paso de la catástrofe y sólo la palabra pudiese salvarlo, la imaginación sostenerlo y la acción proyectarlo. Toda gran obra literaria nos propone la salvación mínima de la palabra. Toda gran obra literaria nos propone imaginar. Tenemos un pasado que debemos recordar. Tenemos un porvenir que podemos desear”.

Carlos Fuentes señaló en ese momento que la Academia Noruega consultó a 100 escritores de todo el mundo sobre la mejor novela de todos los tiempos, 50 contestaron: Don Quijote de la Mancha. La competencia no era menor. Los tres autores siguientes eran Fiodor Dostoievski, William Faulkner y Gabriel García Márquez.

“En sus obras encontraremos las virtudes que Cervantes nos ofrece: la creación de una realidad paralela a la del mundo existente.Una realidad que no existía previa a la publicación del libro y que ahora existe, no porque el novelista la haya creado, sino porque el escritor nos ha permitido ver lo que ya estaba, y no lo veíamos, o lo que aún faltaba, y no lo imaginábamos. ‘El mal es el precio de la libertad’, nos dice Dostoievski en Crimen y castigo: lo es porque el mal nos revela lo que podemos ser siendo libres y le otorga a la libertad un precio superior, más allá del peligro latente en el ser humano”.

A su vez, el galardonado en esa ocasión  hizo mención de que William Faulkner dice en Absalón, Absalón “Todo es presente”. Mientras que Gabriel García Márquez recuerda en Cien años de soledad: “somos lo que hacemos a partir de lo que heredamos. Nadie escapa a la servidumbre y a la gloria de su ascendencia”.

Fuentes continuó con su discurso: “Puedo pensar que Dostoievski, Faulkner y García Márquez escriben porque Cervantes fundó la novela moderna y nos dio a todos -autores y lectores- una manera nueva de ver el mundo. Nos enseñó a recordar y a desear a partir de una libertad nueva, la del renacimiento europeo, y a pesar de antiguas opresiones, la del dogma autoritario. Cervantes unió todos los géneros literarios previos -épica, picaresca, novela de amor, relato pastoral, novela morisca- para crear un género de géneros abarcador, incluyente, en el que tuviesen cabida todos los sueños, las memorias, los deseos, las imaginaciones, las debilidades y las fortalezas del ser humano. No un ser humano liberado a la anarquía, sino capaz de ejercer la libertad contra el orden de ser necesario -y eso sería lo más fácil- o en el orden -para ser más difícil-.

“Cervantes nos dio una voz, es la voz que nos une a todos los hispanoparlantes. Pero Cervantes también nos dio una imaginación. Una imaginación del mundo en la que se reconocen autores y lectores de todos los países y de todas las lenguas. Prueba suficiente, es la obra del más grande novelista latinoamericano del siglo XIX, el brasileño Joaquim Machado de Assis, ‘Machado de la Mancha’ le llamo yo, el fabulador de un mundo manchado, impuro, sincrético, barroco, que es el nuestro. Machado es el milagro de la literatura decimonónica de Latinoamérica. Y los milagros, le dice Quijote a Sancho, son cosas que rara vez suceden… No obstante, milagro dado, ni Dios lo quita”.

En plenitud de sus capacidades literarias

Carlos Fuentes, en 1994, recibió el Premio Príncipe de Asturias, de nuevo su discurso estuvo lleno de reflexiones. “Se me concede el gran honor de agradecer en nombre de todos los que hemos sido distinguidos en 1994 con los Premios que, en vuestro nombre y bajo vuestro patrocinio, Alteza, distinguen año con año a hombres, mujeres y grupos que trabajamos en las áreas de la comunicación y de las humanidades, las artes, las ciencias, la investigación, los deportes, la cooperación internacional y, coronándolo todo, la concordia que, nos dice Shakespeare, es la música interior del ser humano.

“Es, también, esencia de la paz que, en su cantar, un gran rey y poeta que nos pertenece a todos, Salomón, le ofrece por igual a los que están cerca y a los que están lejos: paz para todos, los próximos y los lejanos, la humanidad visible pero también la invisible, la olvidada, la marginada. Por eso, el Premio Príncipe de Asturias de la Concordia se le da este año al recuerdo necesario, al porvenir imprescindible, a la edad más entrañable del ser humano: la niñez, pero la niñez amenazada hoy en demasiadas calles del planeta.

“Quisiera introducir una muy breve nota personal para finalizar estas palabras. Interpreto todo premio que se me da como un premio para mi país, México, y la cultura de mi país, fluida, alerta, no ideológica, parte inseparable del dramático proceso de transición democrática y afirmación de los valores de la sociedad civil, que vivimos hoy, con esperanza decidida, 90 millones de mexicanos. A mi patria y a sus valores hago acreedores del Premio Príncipe de Asturias de las Letras”.

En plenitud de sus capacidades literarias, con un sostenido reconocimiento nacional e internacional a Carlos Fuentes, como una voz crítica de la realidad, fue designado en el año 2001 como Miembro honorario de la Academia Mexicana de la Lengua; y en 2004 recibió el Premio Real Academia Española de creación literaria  por En esto creo.

El domingo 19 de mayo, a las 12:00, en el Palacio de Bellas Artes, se realizará el homenaje “El universo de Carlos Fuentes: homenaje a un año de su muerte”, con la mesa en la que participarán el exrector de la UNAM, Juan Ramón de la Fuente,  los escritores Héctor Aguilar Camín, Gonzalo Celorio, Hernán Lara Zavala, Federico Reyes-Heroles y Vicente Quirarte, quienes hablarán de la vida y obra del autor.

Asimismo se abrirá la muestra Carlos Fuentes: Él mismo, La dirección curatorial de la exposición, que contiene más de 70 imágenes, es encabezada por Vicente Rojo, con la selección de imágenes de Silvia Lemus, viuda del escritor. Se incluyen piezas de Barry Domínguez y Rogelio Cuéllar, entre otros, acompañadas de fragmentos de lo más emblemático de su literatura y algunas dedicatorias de sus mejores amigos: Juan Goytisolo, Milan Kundera, Gabriel García Márquez, Octavio Paz y Mario Vargas Llosa.  La exposición se integra en tres partes: fotografías de Fuentes, de su trayectoria y vida pública; fotografías de su entorno familiar e imágenes de él en su propio espacio. Se complementa con fragmentos de entrevistas donde Fuentes revela parte de su vida y su obra.

La Academia Mexicana de la Lengua organizará también un homenaje a Fuentes, quien era miembro honorario, el 23 de mayo, a las 19 horas, en el Museo Rufino Tamayo.

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