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Mujeres y Política/ Golpes a la igualdad

Publicado por @Shinji_Harper el lunes, 14 abril 2014
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Soledad JARQUÍN EDGAR

Oaxaca, México.– Hace unos días, un amigo puso en mi correo electrónico cuatro documentos que son un recuento de los muchos avances que las mexicanas hemos tenido desde el aspecto legislativo en los últimos años. Me refiero a los avances en materia federal y cómo los gobiernos estatales, a través de las legislaturas locales, habrían tenido que modificar, lo que no siempre ha sucedido.

violenciamujeresrosaDespués de leer cuidadosamente cada uno de los cuatro documentos le respondí como él esperaba. Y sí, todos esos avances: desde las modificaciones en materia de salud, educación, electoral, la transversalización en materia de género, igualdad y la creación de institutos desde el nacional hasta los municipales, la legalidad del aborto hasta la doceava semana en el Distrito Federal, la paridad del 50/50 en las candidaturas de las próximas elecciones federales y sobre todo las que tienen que ver con la libertad y el derecho a una vida libre de violencia para las mujeres son indiscutiblemente avances propuestos por las mujeres, propiamente dicho, por las feministas.

Sí, también es de reconocer que sin los avances legislativos estaríamos peor, aunque en algunos casos estamos peor, por los retrocesos reales gestados desde las derechas: la natural del PAN, la terrible y peligrosa del PRI y la retrógrada del PRD y sobre todo las inestables y jodidas reacciones que muchas veces hacen los partidos rémoras, cuyos votos inclinan la balanza a favor o en contra de las mujeres y para que los otros partidos terminen por negociar los “asuntos” de las mujeres como si las mujeres fuéramos moneda de cambio.

Sin embargo, lo más importante y difícil de reconocer es que ese cúmulo de modificaciones legislativas que han dado nacimiento a instituciones, leyes, reglamentos, acuerdos y convenciones nacionales e internacionales, no se ha traducido en el bienestar de todas las mexicanas y con ello en una sociedad plena en igualdad para hombres y mujeres. Un piso más parejo para todas las personas. Y ese es el meollo del asunto.

En Oaxaca, por ejemplo, la cuenta sigue creciendo y la deuda con las mujeres se vuelve cada vez más espeluznante. En los últimos tres años, tres meses y 13 días, el mismo tiempo del gobierno encabezado por Gabino Cué, la prensa local ha reportado un total 279 feminicidios. Hay quienes dicen que son menos y hay quienes dicen que son más…pero esta es sólo la cuenta hemerográfica, la reportada en los medios impresos, principalmente, es la cuenta de Consorcio Oaxaca. Es decir, el mejor testimonio está dado.

En Oaxaca también son comunes las marchas y los plantones y entre todos ellos la marcha para demandar justicia por las mujeres desaparecidas, por la hija asesinada hace un año o por las mujeres triquis que viven toda clase de violencias, por citar algunos ejemplos.

En Oaxaca es común que la participación política de las mujeres aprobada en 1953 con las reformas a los artículos 115 y 34 que reconoció la ciudadanía de las mujeres no se dé plenamente por la disposición machista que señala que el lugar de las mujeres está en su casa y que “no se dejarán gobernar por las viejas”.

De ahí que en los últimos meses y en los últimos años en Oaxaca hayamos visto, una y otra vez, la “destitución” –ahora sin éxito- de algunas regidoras y presidentas municipales, incluso desde el mismo Congreso local, lo cual es todavía más vergonzoso. Por fortuna los mecanismos legales son otros, así que el Tribunal Electoral del Poder Judicial de la Federación haya devuelto a las mujeres a los cargos políticos para los que han sido elegidas y le de un palo en la cabeza al machismo político que sigue predominando en algunos de los municipios de esta entidad.

La última semana, el TEE-Oaxaca, que preside Mireya Santos López, ordenó al presidente municipal de Tlacolula de Matamoros que considere el principio de equidad de género, así que la síndica municipal –Elizabeth Sánchez González, destituida por sus calzones machines y no por razones-, debe volver a su cargo. Les guste o no les guste a los retrógrados perredistas de Tlacolula.

Lo mismo que pasó recientemente con el caso de Cosolapa, dónde el Congreso local pretendió destituir a la presidenta Carmina Álvarez García, por fortuna hubo quien los pusiera en su sitio y quietecitos, lo vergonzante del caso es que fueron los diputados del PRI, algunos del PAN y uno que otro despistado, quienes buscaron dar ese lamentable golpe a la democracia.

Este tipo de hechos se repite, una y otra vez en Oaxaca. Son golpes de estado a la igualdad y a los derechos de las mujeres, gestados por la increíble enfermedad llamada misoginia que ejercen algunos hombres y mujeres en contra de las mujeres porque simple y sencillamente no soportan que algunas de ellas, como ellos, puedan realizar las mismas tareas en el área pública. Esa es nuestra realidad a estas alturas del siglo XXI.

Y digo que los avances no se ven ni se verán mientras la misoginia y una buena dosis de ignorancia sigan acompañando las decisiones que toman algunos políticos y tomadores de decisiones que insisten en anteponer sus acuerdos políticos sobre los derechos humanos de las mujeres. Y son tan misóginos e ignorantes que nada les importa ser exhibidos como tales.

El más reciente episodio fue el golpe de estado a la igualdad gestado por la bancada del PRI que encabeza, eso parece, Alejandro Avilés, un joven maduro que responde a toda clase de intereses políticos excepto a los intereses del pueblo, incluyendo los intereses de su propio partido. No sabemos con exactitud a quien le rezan todos los días los priistas, a quién le piden opinión todos los días, tampoco nadie sabe a quién sirven, pero es claro que se sirven a ellos mismos y a los intereses de grupúsculos oscuros y perversos.

Bien le decía a mi amigo, cuando le comenté sobre los documentos, de nada nos sirven los avances, si seguimos atorados en la forma en que somos educados hombres y mujeres y no por las madres, como luego dicen, sino por las familias, las iglesias, los medios de comunicación y por la educación institucionalizada. Así que saque usted sus propias conclusiones.

Si eso no cambia, nada puede cambiar. Porque mientras en los hogares las mujeres seguimos siendo educadas para pertenecer y obedecer, rechazar la independencia y ser dependientes; en los medios somos objetos que se comercian, cosas, estampas sexistas cuyos cuerpos se comercian; en la iglesia solo respondemos a dos estereotipos: las santas y las que no lo son, y en la escuela ¿la escuela? Simplemente somos invisibilizadas en todos los contextos, no existimos, lo anterior porque el lenguaje es producto de la cultura que de manera general es androcéntrica, patriarcal y sexista.

Por eso resulta preocupante que de nueva cuenta, como pasó con el caso Cosolapa, que el PRI se haya mostrado renuente a no dejar pasar un punto acuerdo que planteaba el uso de lenguaje sin sexismo en sus actividades y documentos. Me pregunto ¿qué pensarían que era? ¿acaso creían que les iban a introducir algo por su sexo? Digo, porque de otra manera me resulta inexplicable el tamaño de su terror a este tipo de propuestas, tal vez fue una proyección, por aquello de los trapos sucios que les han sacado recientemente en el marranero de Cuauhtémoc Gutiérrez, del PRI del D.F.

No en realidad no se trataba de eso. Hay mucha literatura, estudios, manuales y libros realizados por expertas sobre el tema. El Instituto de la Mujer Oaxaqueña editó un libro se llama Manuel de Comunicación no Sexista que les podría dar una idea de lo que se trata, que por cierto se hizo en tiempos del jefe de Alejandro Avilés, es decir de Ulises Ruiz. Incluso los pueden consultar vía internet desde la página de ese organismo. Así sabrán de qué se trataba la propuesta que primero firmaron algunas diputadas priistas como Martha Escamilla, que piensa que todo lo que se toca debe volverse oro porque de otra forma no vale la pena.

Lo único que podemos decir es que de nueva cuenta y en menos de unos cuantos meses, la bancada del PRI en el congreso de Oaxaca cayó en un acto de discriminación y exclusión contra las mujeres, porque el uso de lenguaje sexista o no incluyente, mandatado de alguna forma en los muchos artículos que en la constitución política mexicana apelan a la igualdad y porque no hay peor discriminación que la invisibilización que de las mujeres y todas sus contribuciones se hace desde el propio lenguaje neutro que no es sino el lenguaje masculino con el que hoy por hoy se escribe y habla en las instituciones públicas, las iglesias, las escuelas y los medios de comunicación y que tendrá que cambiar y cambia de forma paulatina, porque revela adelantos para las mujeres, pero sobre todo, revelaría a una sociedad y gobiernos más igualitaria y consciente de los derechos humanos de las mujeres.

Para eso hay que cambiar y tenemos que empezar por cambiar a quienes hoy por hoy nos gobiernan, tanto en el ejecutivo, como en el legislativo y en el judicial, y en los gobiernos municipales, como el de Oaxaca de Juárez, donde lo que se ve no se juzga, se denuncia y lo que se ve es un enorme grado de machismo y misoginia. Así de simple. Alguna vez, quienes hoy opinan que no es cierto lo verán desde otra perspectiva. Pero mucho ayudarían a crear una mejor sociedad y mejores gobiernos si nos diéramos cuenta hoy de lo que está sucediendo.

Un poco más de lectura, algunos cursos no les vendrían mal a las y los diputados para que entiendan de qué se trata eso del lenguaje incluyente, no sexista o las nuevas políticas del lenguaje, que son lo mismo que tienen como finalidad nombrar a las mujeres, porque como dice el principio feminista: lo que no se nombra no existe, así de simple.

@jarquinedgar

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