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La novia secreta de Gabo en París

Publicado por @Shinji_Harper el martes, 22 abril 2014
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Por Natalia Orozco/VICE

Oaxaca, México.– “Me queda la felicidad de haber tenido un presentimiento y haber viajado a verlo a Cartagena el año pasado, 24 horas con él, ¡estaba más guapo que nunca!”, dice Tachia, y al otro lado de la línea, reivindica que la muerte de quien fuera en los años 50 su enamorado en París, “es sólo la culminación, más no el fin de una vida maravillosa”.

A Tachia la conocí en la capital francesa en el 2010. Para entonces María Concepción Quintana, como es su verdadero nombre, tenía 80 años, una elegante belleza y la memoria fresca que aún conserva. Pensaba hacerle una entrevista para televisión sobre su relación con el escritor pero tan sólo 10 minutos de intercambio fueron suficientes para darme cuenta que esta talentosa mujer era más que “la novia parisina de Gabo” en sus años de indocumentado. Por su carisma, calidez y sofisticación de pensamiento, entendí por qué el Nobel se enamoró de ella.

Sin embargo, en su departamento ubicado en la Rue de Bac y en medio de obras de arte originales de sus grandes amigos y pintores, habló generosamente de ese año de amor sincero y de penurias con el entonces corresponsal del diario El Espectador. “Un año de amor, pero una amistad eterna”, dijo.

Comienza entonces a recordar: “era marzo de 1956”. Gabo, caminado sin rumbo y sin dinero en los bolsillos cruzó por el azar a Tachia, “tenía 27 años y fue en una de las calles cercanas al Museo del Louvre”. La joven vasca proveniente de una familia burguesa y un papá franquista, había llegado a París en 1953, huyendo voluntariamente de un romance intenso y amargo, con el gran poeta español Blas de Otero. Era actriz de profesión y se dirigía a un recital de poesía. “Gabo me dijo sin dudarlo que no le gustaba mucho la poesía”. Sin embargo, decidió acompañarla y muy pronto la relación adquirió un nivel de intimidad y cercanía.

“Gabo era delgado y tímido, al principio me pareció algo petulante. Pero muy rápido me di cuenta de que era un hombre dulce y muy romántico: me regalaba la puesta de sol y me decía cosas fascinantes”, contó entonces Tachia con una picardía casi adolescente en su mirada.

García Márquez repetía permanentemente que todo el mundo tiene tres vidas: la pública, la privada y la secreta. Pensé entonces que quizás Tachia hizo por años parte de esta última, que por lo general es la más apasionada, las más interesante, la más intensa de la existencia y en especial de un escritor y un artista.

Tachia no esconde que su cercanía con Gabo tuvo lugar en uno de los momentos de más dificultades económicas de su vida. El Espectador cerró repentinamente y dejó de enviar el cheque al corresponsal. “Para subsistir, Gabo tuvo que vender el boleto de regreso a Colombia”.

Fue así como Tachia compartió con un hombre “que no abandonaba la escritura”, pero que también recogió botellas y periódicos para negociarlos con los buhoneros. “Que cantó en los autobuses en París ‘Honda herida’ y ‘La casa en el aire’, canciones que eran escuchadas por sorprendidos pasajeros, que poco entendían las letras, pero que quedaban encantados por el acento y el folclorismo de la escena”.

“Poco a poco Gabo se me fue instalando en un lugar de 14 metros cuadrados donde vivía. Estaba ubicada en la Rue D’Assas, en la antigua cocina de un hotel particular. A pesar de la escasez, aumentaban el amor y las hojas escritas”.

Gerald Martin, biógrafo de “Gabriel García Márquez, escribe en su libro Una vida un sugestivo capítulo titulado “Hambre en París: La Bohème”. Ahí, Martin establece un paralelo con la historia de Gabo y su novia española y revela un detalle desconocido dentro de su vida en la ciudad luz (año 56). Fueron entonces los días en que Gabo abandonó la escritura de La mala hora y acosado él también, por las penurias del hambre, escribió febrilmente su novela, El Coronel no tiene quién le escriba.

Por esos días, dice Martin en su libro, Tachia “era dueña de una mente libertaria y una personalidad arrasadora”. La vasca temeraria, la bautizaría el futuro Nobel, que retrató sus rasgos y su carácter en aquella Amaranta Ursula de Macondo.

Ramón Chao, escritor exdirector de Radio Francia Internacional y gran amigo de Gabo, recuerda que Tachia “era una especie de marquesa du Deffant del siglo XX”. En Le Monde Diplomatique narró cómo Tachia “reunía en su casa de París a lo más granado de las artes de aquella época: Theodorakis, Evtuchenko, Alvaro Mutis, Paco Ibáñez, Antonio Saura, Jesús Soto, etc”. Cuenta que “estos eran ya famosos. Y entre ellos, figuraba un joven colombiano desconocido: Gabriel García Márquez. Hombre que no tenía en su haber más que un cuento, La Hojarasca”.

La intensa relación terminó en 1956, después de circunstancias íntimas que Tachia prefiere no volver a mencionar. Un tren, una despedida de prisa y una amistad para siempre. Tachia se casó años después con Charles Rosoff, un ingeniero de petróleos, con quien vivió cuarenta felices años. Por décadas mantuvo la amistad con Gabo e incluso con su esposa Mercedes.

Y Veintidós años después de sus amores frustrados, Tachia Rosoff recibió un regalo: una carta de puño y letra de Gabo, regalándole su Monólogo de Isabel viendo llover en Macondo.

Tachia bella:
 Cuando nos conocimos en el helado otoño de 1955, en París, lo primero que se me ocurrió al ver tu abrigo de tigre y al oír tu voz, fue que quería escribir un texto para oírtelo a ti. Esa misma noche me acordé que ya lo tenía: es el Monólogo de Isabel viendo llover en Macondo. Por eso me alegra tanto de que tú lo digas por ahí, por el mundo, porque todo fue como una premonición.
 Te mando, pues, un beso de bendición con todo el amor.

Gabriel

Ese artículo fue publicado originalmente por nuestros amigos de Las 2 Orillas.

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