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José Agustín considera, a sus 70 años, borrar su historia personal

Publicado por @Shinji_Harper el lunes, 18 agosto 2014
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Oaxaca, México.- Sobreponerse al éxito juvenil no es una tarea fácil. Horas antes de cumplir 70 años de edad, este 19 de agosto, el novelista, narrador, guionista y periodista mexicano José Agustín (Guadalajara, Jalisco,  19 de agosto, 1944) dice en entrevista que él éxito juvenil que alcanzó alrededor de los 20 años de edad, le dejó profundas huellas de todo tipo, positivas y negativas.

 

joseAgustin2Entre lo positivo está la libertad que tiene hoy de escribir sobre cualquier tema que le interese. Entre lo negativo, mira como un factor en contra el que se la haya definido con  una etiqueta de la que le ha sido difícil escapar. Aunque en algún momento la académica Margo Glantz se refirió a este escritor como integrante de un movimiento informal llamado “la literatura de la onda”, éste es un calificativo que él nunca ha aceptado.

 

“Yo leí y tuve el gusto de conocer al escritor Carlos Castaneda (autor de Las enseñanzas de don Juan) y una de las ideas que aparecen en sus libro y que me parece algo muy de tomarse en cuenta es que cuando uno borra su historia personal puede ser más libre. Cuando a uno lo conocen mucho lo meten en un cubo, como a mí. Esto no quiere decir que yo sea un ultraconocedor de su obra, no lo puedo asegurar, pero el borrar la historia personal me parece una idea importante a considerar”, cuenta el escritor vía telefónica desde su casa en Cuautla, Morelos, en donde se reunió con su familia el fin de semana para celebrar su cumpleaños 70.

 

Autor de novelas emblemáticas de la literatura mexicana en la segunda mitad del siglo XX, como El rock de la cárcel, De perfil y Se está haciendo tarde (final en laguna), José Agustín Ramírez publicó hace 50 años su primera novela, llamada La tumba apoyado por Juan José Arreola y a la edad de 20 años. Esa novela fue el primer ejemplo de una manera de ver el mundo crítica, irreverente, humorística, desenfrenada y con un lenguaje de sintaxis diferente, que llevó a las páginas la manera de hablar de los jóvenes mexicanos de los años sesenta y setenta.

 

“Me preguntan que cómo me marcó el tener éxito tan precoz. Más bien ¿cómo no me  marcó? Dejó unas huellas muy profundas. Muchas personas me apoyaban y otras me criticaban duramente. Desde entonces, así siempre ha sido.  Ahora que si me pregunta qué significó el éxito temprano para mi vida personal, pues me fue a toda madre. Ya tenía yo cuatro años casado con mi mujer. Ahora vamos para 51, ¿Cómo la ves?”, contesta este autor, cuya voz parece la de un hombre menor a 30 años y quien vive con su esposa Margarita Bermúdez.

 

Ganador del Premio Nacional de Ciencias y Artes 2011, en el área de Lingüística y Literatura, José Agustín ha integrado un obra narrativa que suma 21 libros, pero además ha escrito ocho guiones cinematográficos, tres obras de teatro, dos libros autobiográficos y tres volúmenes de la serie de Tragicomedia mexicana, donde analiza la política y la sociedad de México entre 1940 y 1994.

 

José Agustín recibió en 2011 la distinción de Creador Emérito del Fondo Nacional para la Cultura y las Artes (Fonca) del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes.

 

En diferentes análisis de su trabajo se resalta el hecho de que sus primeros libros, de personajes juveniles en rebeldía, antisolemnes y siempre acompañados de rock al principio dejaban dudas, pues no se podía asegurar a que lograran sobrevivir en el tiempo.

 

Consultado en el marco del 70 aniversario del autor de La tumba, Christopher Domínguez Michael, autor del  Diccionario Críticode la Literatura Mexicana, indicó que no ha hecho una relectura reciente de la obra de José Agustín pero refirió a su último análisis en detalle, publicado en la edición de 2011 de su diccionario. Ahí afirma que si casi nada quedó de la pasajeramente llamada “literatura de la onda” ello se debe a que José Agustín, la supuesta cabeza de la escuela, se devoró casi toda la temática del movimiento en un solo libro Se está haciendo tarde (final en laguna). Agrega que no se le ha perdonado al escritor el haber sido quien cerró la puerta y apagó la luz de ese movimiento.

 

“No deja de inquietarme que a José Agustín, durante un cuarto de siglo, los críticos no le hayamos ahorrado ninguna dureza en la expresión, utilizando en contra suya una crueldad sospechosa que se ufanaba en demostrar que él no creció y que nosotros somos su severa posteridad, eternos adultos que descalifican el desvarío adolescente. Tal pareciese que José Agustín fuera el responsable de la clausura de un paraíso infernal, de la cancelación de una mítica Edad de Oro de la que todos hemos oído hablar y a la que muchos hubiésemos querido, inconfesablemente pertenecer”, reflexiona Domínguez Michael.

 

Se está haciendo tarde (final en laguna) es considerada por la crítica una de las grandes novelas mexicanas de fin de milenio. Ambientada en Acapulco, a inicios de los setenta, narra el viaje interminables de un lector de cartas de tarot, un dealer acapulqueño y un joven gay, callado y sabio, que contrarresta el vértigo del libro. Los personajes entran en un torbellino donde las drogas, el rock, la irreverencia y la rebeldía son los elementos detonantes de una búsqueda profunda. Este libro explora la naturaleza humana y refleja el fin de una era al tiempo que describe la que está naciendo.

 

Tras su publicación, el crítico literario del periódico francés Libération, Fracois Gaudry, escribió que el novelista mexicano era: “Hermano menor de Kerouac, Jim Morrison y Salinger… José Agustín se lanza a morir en una prosa eléctrica, desgreñada, que se burla de las buenas maneras del castellano, iniciando un lenguaje crepitante de argot, juegos de palabras y neologismos”.

 

También hubo elogios de otro crítico francés, Fracois Wagner, quien calificó esta novela, publicada cuando el autor tenía 29 años, como un “descenso iniciático de José Agustín en un Acapulco en ebullición. Explosiva”.

 

“Se está haciendo tarde (final en laguna), es una novela inspiradísima, que con los años transcurridos desde su publicación en 1973, ha ganado una espesura por la que en ese entonces hubiera sido arriesgado apostar”, indica el crítico literario Christopher Domínguez Michael.

 

Nacido en Guadalajara, Jalisco, en 1944, José Agustín llegó a Acapulco apenas un mes después de nacer. Años después, con su familia, se mudó a la ciudad de México donde estudió la secundaria, posteriormente en la Prepa 7 y luego estudió simultáneamente cine y letras.

 

“Se conocen más la novelas, pero hubo un periodo de mi vida en el que hice muchos guiones. En esa ápoca no había muchas personas interesadas en esas dos cosas”, cuenta este hombre que los 23 años hizo el guión de una comedia rockanrollera llamada 5 de chocolate y 1 de fresa y que después abordó temas más complejos en guiones de películas como Ya se quien eres/Te he estado observando, a los 26 años, y la colaboración con Felipe Cazals para escribir el guión de la película El apando, en 1975, (basada en la novela de José Revueltas) cuando tenía 31 años.

 

El escritor y periodista René Avilés Fabila, quien también fue mencionado como integrante del movimiento de la “literatura de la onda” pero que también rechazó la definición cuenta que el grupo literario con el que convivió en su juventud José Agustín tuvo como centro y punto de atracción al escritor Juan José Arreola. En torno a su taller literario trabajaban muchos jóvenes que crearon y publicaron 12 ediciones de una revista propia llamada Mester. De hecho, la primera novela de José Agustín, La tumba, fue publicada bajo el sello editorial de Mester.

 

“Yo creo que representamos una especie de transición de la literatura abiertamente rural, que ya estaba agotada, a la literatura urbana, donde teníamos unos pocos ejemplos, con Carlos Fuentes, Rafael Solana y  Luis Spota. Cuando nosotros aparecemos, alrededor de 1960, impulsados por Juan José Arreola, tomamos a la ciudad como eje de nuestras andanzas literarias. Yo creo que eso es algo más o menos complejo porque dentro de la generación en donde destaca José Agustín hay escritores de literatura fantástica, hay poetas, hay gente que tiene incluso alguna tendencia al mundo rural. Es un mundo complejo el de esa generación sin nombre”, expuso René Avilés Fabila.

 

El periodista recuerda que algunos de aquellos jóvenes escritores del taller de Juan José Arreola, como  Alejandro Aura, José Agustín, Elsa Cross y algunos más, se reunieron para encontrarle un nombre al grupo, que era muy compacto desde 1958 o 1959. Pensaron que el nombre podría ser Generación de 1940 o Generación 1968 porque vivieron el movimiento estudiantil de 1968. También se sugirió el nombre de  Generación Mester  por la revista que dirigió Juan José Arreola. Pero ningún nombre se adoptó.

 

“De tal manera que somos, en realidad, una generación sin nombre. José Agustín insistía en que debíamos defendernos de críticas, de agresiones, porque realmente al surgir con un lenguaje nuevo, con una temática nueva y nuevos personajes jóvenes, con un mundo de total irreverencia, yo recuerdo  que causó conmoción. Tuvimos amigos y enemigos. Críticos positivos y negativos. Hubo de todo”, relató Avilés Fabila.

 

Sobre ese grupo, José Agustín afirma que sí se trató de un grupo muy compacto: “era muy buena la relación que teníamos. Nos llevábamos muy bien. Sobre todo en el proceso de trabajar juntos; Vicente Leñero, Gustavo Sáinz, Juan Tovar –que también de vez en cuando le caía por ahí—.

 

El poeta y periodista Hugo Gutiérrez Vega, consideró que José Agustín resistió muy bien el impacto del éxito juvenil y que mejoró en su obra literaria. Lo describe como un autor que tiene una actitud frente a la  literatura de carácter testimonial; utiliza el lenguaje con absoluto desenfado y combina su correcta prosa con un lenguaje coloquial que es la evidencia de una cosmovisión.

 

Después de éxitos literarios como Se está haciendo tarde, siguió escribiendo y es un excelente escritor con trabajos como Ciudades desiertas, El rock de la cárcel  o los tres volúmenes de Tragicomedia mexicana.

 

“Yo creo que definitivamente ha sido un formador de nuevos lectores. Creo que al hablar como hablan los jóvenes de su generación se convirtió no sólo en un escritor accesible sino en guía.  Hay muchos que empezaron a escribir siguiendo su influencia, aunque hay ciertas cosas que no pueden imitarse. Hay una sustantividad independiente en la escritura de cada uno y en el caso de José Agustín es muy poderosa. Él representa a su generación pero lo  hace desde un ángulo individual y  es lógico tratándose de experiencias juveniles y, al mismo tiempo una voz escuchada y entendida por los jóvenes. Yo creo que eso lo hizo tan popular e importante”, explicó el poeta Hugo Gutiérrez Vega.

 

Al preguntar a José Agustín cómo se siente al llegar a los 70 años, responde, con humor que ya está muy vetarro y que se le va la memoria.

 

“Siento la vejez, pero me siento bien en general. Estoy releyendo varios textos que había dejado y todavía le dedico tiempo a escuchar rock, si es bueno”, dice antes de precisar que mientras espera a su familia para celebrar sus 70 años escucha un disco de John Lennon.

 

Al respecto el promotor y gestor cultural Gerardo Estrada expresó que “para quienes teníamos 20 años en los años sesenta y que como afirmaba Paul Nizan: ‘no podíamos decir que era la época más bella de la vida’,  José Agustín representó alguien quien dio voz literaria a nuestras angustias, alegrías, temores así como a frustraciones y sueños”.

 

 “De perfil se convirtió junto con Gazapo de Gustavo Sainz –refirió Gerardo Estada– en una novela emblemática con cuyos personajes nos identificamos.   No sólo fue el uso del lenguaje de los modismos y expresiones propias de cada generación las que leíamos ahí, lo que ya era mucho, sino sobre todo era ese algo inaprensible que solemos denominar: el espíritu de la época y vaya que época.”

 

Los sesenta fueron, a mi juicio una revolución cultural que se convirtió en el mayor cuestionamiento político social de la historia reciente, no solo por su carácter global y por su alto contenido sexual, que cambió las relaciones hombre-mujer para siempre en todos los ámbitos, si no que dio presencia como actor principal a los jóvenes y al igual que en el Renacimiento el arte fue anunciación y expresión de un cambio cuyas consecuencias vivimos, para bien o para mal, hasta hoy día, consideró Gerardo Estrada.

 

“Los jóvenes –estimó– se convirtieron en ciudadanos activos y contestatarios. Y eso es lo que José Agustín puso en evidencia a través de su obra, conservar en la memoria de múltiples generaciones empezando por la suya y las de hoy, los esplendores y miserias de nuestra vida política, social y cultural.

 

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