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Cosecha logros Caravana de Madres

Publicado por Naked snake el lunes, 1 diciembre 2014
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Por: Anayeli García Martínez

Cimacnoticias .-Con todo y la violencia que azota al país –entre cuyas principales víctimas está la población migrante– y el desinterés de las autoridades para dar seguridad, la caravana de madres centroamericanas –que por décimo año visita México en busca de sus hijas e hijos desaparecidos– cosechó logros al localizar a mujeres y hombres migrantes de los que no se sabía su paradero.
Cuarenta y cinco mujeres de Nicaragua, El Salvador, Honduras y Guatemala integran este año la X Caravana de Madres Centroamericanas “Puentes de Esperanza”, que el pasado 20 de noviembre llegó a nuestro país para recorrer, hasta el próximo 7 de diciembre, más de tres mil kilómetros y visitar 23 ciudades en 10 estados, en un intento más para localizar a personas migrantes.

Al llegar al punto fronterizo de El Ceibo, en el estado de Tabasco, las mujeres denunciaron que prácticamente el gobierno mexicano orilló a las y los migrantes a buscar la “invisibilidad, el anonimato y la ayuda de profesionales por las rutas de la clandestinidad”.
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Dijeron que las “maras”, pandillas, cárteles, bandas locales de México, policías, autoridades corruptas, maquinistas y “garroteros” de los trenes controlan la ruta migrante, y “enganchan, extorsionan, roban, secuestran, violan y asesinan”. Tan es así que –advirtieron– México se convirtió en una “gran fosa clandestina”.

En ese panorama sombrío comenzó la búsqueda de estas madres centroamericanas. Y, sin embargo, el esfuerzo ha rendido frutos no por la ayuda del Instituto Nacional de Migración o los cuerpos de seguridad, sino por la autoorganización de activistas y los registros de los propios albergues ciudadanos.

REENCUENTROS

Así, en el puerto de Coatzacoalcos, en el estado de Veracruz, el pasado 22 de noviembre la hondureña Leonila Guerra abrazó por primera vez desde hace 17 años a su hermano Oswaldo Guerra, migrante localizado por esta caravana.

En 1997 Oswaldo dejó Cerro Blanco, su pueblo, en el departamento hondureño de Comayagua, con el fin de llegar a Estados Unidos. Su sueño era salir de la pobreza de su hogar donde, dijo, ni siquiera había teléfono para hacer una llamada. Esa fue la razón por la que no pudo comunicarse con su familia.

En Veracruz, el migrante conoció a Claudia Herrera, quien hace unos meses envió un mensaje al Facebook del Movimiento Migrante Mesoamericano (MMM) –organizador de la caravana–, para informar que conocía a un hondureño que desde que salió de su país no podía comunicarse con su familia.

El MMM contactó a la mujer y descubrió que este hombre de más de 40 años vivía en Xaltipan, Veracruz. El migrante grabó un mensaje en video para su familia, y luego la organización contactó a Leonila para convencerla de venir en la caravana.

En el Parque Independencia de Coatzacoalcos, rodeados de cámaras y decenas de familias que paseaban por el lugar, los hermanos sólo pudieron permanecer fundidos en un abrazo.

Tres días después, el 25 de noviembre, la también hondureña Maria Delmi Valle Zúñiga se reencontró con su hijo Yanel en la localidad de San Sebastián Tenochtitlan, estado de Hidalgo, tras 15 años de haber perdido contacto.

Así como en el caso de Oswaldo, una ciudadana mexicana ayudó a las y los activistas a localizar al migrante hondureño. Hace nueve meses, Rocío Mendoza conoció a Yanel y al enterarse de su condición migratoria y que trabajaba en condiciones casi de esclavitud en el campo, empezó a buscar pistas en internet y contactó al MMM.

Rocío contó que cuando conoció a Yanel, lo vio “tímido, asustado, vestido con ropa percudida por los años”. El hombre trabajaba con una familia que le pagaba apenas 500 pesos a la semana. Finalmente, en un parque de San Sebastián, el migrante se reencontró con su madre.

ESPERANZA VIVA

En otra historia de esta caravana, una pista encontrada la noche del 25 de noviembre en la Casa de la Caridad Hogar del Migrante Monseñor Luis Morales, en la ciudad de San Luis Potosí, le dio esperanza a la hondureña Leticia Sofía Martínez para encontrar a su hija Merza Yanira Mayorga.

Y es que al arribar la caravana a ese albergue, personal de la Cruz Roja le dijo a Leticia que la mujer de la foto que llevaba consigo se parecía a una joven que se había hospedado durante cuatro meses en la casa para migrantes.

Las Damas de la Cruz Roja relataron que el pasado 30 de abril en un festejo por el Día del Niño conocieron a la mujer de la foto; después las voluntarias regresaron el 10 de mayo por el Día de las Madres y volvieron a ver a la hondureña que se hacía llamar “Silvia”.

Al escuchar el relato, Leticia se emocionó. Las voluntarias le contaron que “Silvia”, su Merza, viajaba con dos niños pequeños, quizás de tres y seis años. En fotos que tenían en sus celulares ella aparece con los dos niños.

Madre e hija hablaron por dos años, luego de que Merza se quedó a vivir en Chiapas, hasta que un día perdió cualquier rastro de ella. “El 27 de octubre de 2006 me llamó con una voz suave –como si estuviera bajo amenaza–, me saludó y me dijo: ‘Mami, si recibe una llamada de un número de México por favor no conteste’”.

En este viaje, Leticia pidió al personal del albergue revisar su base de datos. El encargado del área, Javier Zavala, dijo que muchas veces las y los migrantes se cambian de nombre por cuestiones de seguridad, y no dan sus datos por temor a extorsiones. En este caso, en la base se encontró la foto y el nombre de “Silvia”, con fecha de ingreso 4 de abril de 2014.

El personal del refugio informó además que ella iba con sus hijos y que estaba pasando un juicio por una denuncia de violencia intrafamiliar. Al parecer esa es la causa de que Merza esté huyendo y de que perdiera comunicación con su madre.

En el paso de la caravana por Coatzacoalcos, una mujer se acercó a Leticia y le confió que conoció a Merza, y que su marido la golpeaba, por lo que “tuvo que escapar”.

Al parecer la mujer se fue del albergue para ir a Tamaulipas y cruzar hacia EU, pero por ahora Leticia quiere creer que verá a su hija “muy pronto”.
 

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