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El periodismo, bajo asedio del “narco” en Tamaulipas

Publicado por Naked snake el sábado, 7 febrero 2015
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Tamaulipas.-Periodista de tercera generación, nieto de un militar que fue el primero en su familia en fundar un diario contra el porfiriato, narra la forma en la que, de cuando en cuando, reporteros y fotógrafos suelen ser llevados por la fuerza con rumbo desconocido: cada vez que se instala un nuevo jefe de plaza del cártel que aterroriza Matamoros, en Tamaulipas, son presentados ante el sujeto:

—Los mandan llamar y les indican: “Este es el nuevo jefe. Estas son las órdenes. La manera en la que se va a trabajar es así, así y así. Esto va a ser así. Y se acabó. Esta es la nueva línea”. Y así es como editores y directivos nos enteramos cómo es la línea del nuevo jefe… —explica Hildebrando Deandar, director editorial y dueño de El Mañana de Tamaulipas.

—Y luego de esa primera reunión los siguen agobiando…

—A los reporteros sí, los traen en jaque. Les hablan casi todos los días. Cada vez que hay un evento: “Esto no lo va a manejar, esto no sé qué, esto no sé cuánto…”. Los traen muy sometidos, muy humillados.

portadas-diario-dias-recientes_MILIMA20150206_0039_8—Es hacer periodismo bajo humillación… —se le comenta.

—Bajo sometimiento. Nos someten por las armas. Un periodismo… pues sí, te humillan: ellos son los que controlan la línea editorial. En Matamoros ellos deciden si sí publicamos o si no publicamos algo.

Literal: los jefes de plaza de grupos criminales son los que “imponen” la línea editorial a los medios de comunicación en Matamoros. A los periódicos. Antes lo habían hecho en Reynosa, en Laredo, en muchas ciudades. Es la vida de miedo que llevan los periodistas en esa región del país. Y se tienen que someter porque, cuando osan reproducir lo que acontece, sin mencionar siquiera nombres, sin citar a los cárteles; cuando simplemente consignan hechos, como hizo en días recientes el diario regional El Mañana (se distribuye en las 13 principales ciudades de la zona), vienen las agresiones.

“Frontera en shock”, publicaron el lunes pasado en su primera plana, luego del primer día de enfrentamientos de fuerzas federales contra criminales. “Frontera bajo sitio”, imprimieron el martes. “Combates: 9 muertos”, se atrevieron el miércoles. Eso bastó para que un comando de cuatro hombres con las caras descubiertas irrumpiera en la redacción de Matamoros, levantara al director editorial, Enrique Juárez Torres, y le advirtiera:

“Te vas a morir si vuelves a publicar algo”.

Lo golpearon en la cabeza y en el estómago. Lo dejaron libre. Está aterrado, pero tuvo suerte: nueve periodistas han sido asesinados en Tamaulipas entre 2012 y 2014, según datos de la organización Artículo 19. El hombre ya fue sacado del país, narra Hildebrando Deandar, quien cuenta a MILENIO vía telefónica el calvario que viven día a día para sobrevivir bajo la opresión criminal: en horas recientes, por el secuestro de Juárez Torres, debido al miedo que tienen de que surjan más represalias criminales, ya renunciaron algunos periodistas y trabajadores administrativos en la sede de Matamoros.

—Terrible situación. Al ver las portadas queda claro que ustedes nada más estaban informando lo que acontecía, ¿no?

—Sí. En El Mañana de Reynosa hemos estado bien, entre comillas, en los últimos dos años: eso quiere decir que el cártel local no nos ha sujetado para controlar la información. No nos ha censurado, nos ha dejado en libertad de publicar la información de inseguridad. En Matamoros es diferente: nos tenían completamente censurados ya que es otro grupo el que controla allá. Ya teníamos todo 2014 censurados. Entonces decidimos publicar las cosas que estaban ocurriendo estos días y mandamos el periódico a Matamoros con una cabeza que decía: “Combates: 9 muertos”. Y eso, imagínate, fue suficiente para que nos atacaran, nos interceptaran la camioneta que llevaba los ejemplares, se metieran a la Redacción a sacar al director de su oficina. Se lo llevaron apasear a puros golpes y lo regresaron. Un paseíto extremo, ¿verdad? Unpaseo de miedo… —intenta ser sarcástico con el poco humor que le queda.

—No mencionaban a ninguno de los cárteles ni daban nombres…

—Fíjate que ya llevamos años con estas medidas de seguridad: evitamos decir el nombre del cártel y los nombres y apellidos los omitimos. Decimos: “Ciudadanos civiles armados”. De ahí no pasábamos.

—Una comprensible autocensura…

—Por nuestra integridad física. Y la de todos los empleados. Nunca nos habíamos aventurado. Fue algo valiente, si quieres: “Vamos a publicar en Matamoros a pesar de…”. Y lo hicimos. Y ahí está la respuesta. No pensamos que nos iban a responder de esa forma. Y que nos levantanallá al director editorial…

—¿Cómo está?

—De salud bien, gracias a Dios. Sicológicamente está un poco alterado porque lo sometieron, le dijeron que lo iban a matar, que lo iban a… no sé qué. Tal como se dirigen ellos. Lo insultaron y le dijeron que si lo volvía a hacer que se diera como hombre muerto. Le dieron en la cabeza y en el estómago. Fue para amedrentar y volver a recordarle la línea de los criminales en Matamoros: la línea de “en Matamoros no se publica nada”. Ningún medio. Y si checas en Matamoros estos días, nadie dice nada, pero nadie, ¿eh? Y nosotros nos lanzamos a hacerlo y pues… ahí está la repercusión.

—Qué zozobra la de ustedes. Es hacer periodismo…

Light (completa la frase). Periodismo light. Soft news (alcanza a reír). Nomás decir las cosas buenas. Nada de hard news.

—¿Cómo lo viven?

—Lo vivimos con mucha frustración. Con mucho enojo, con mucha ira porque es lo único que sabemos hacer. Y nos perjudican las ventas, los ingresos del periódico. Y el miedo, el miedo nos está ganando. El miedo que están sembrando estos grupos criminales en la Redacción.

—¿Depende del jefe de la plaza de estos grupos criminales lo que publica o no un diario?

—No es una regla general, sino que depende del estilo de pensar de cada jefe. La seguridad de una ciudad depende, cómo decirte, de un estado de ánimo o una creencia de un hombre.

—Y ustedes no tienen más remedio que acatar…

—Pues por protección, por miedo. Nosotros como dueños podemos tener más protección y más medios para correr. O no correr, simplemente brincas el charco, te cambias de casa, pero nuestros reporteros no tienen la capacidad económica para moverse de aquí para allá. Por responsabilidad hay que acatarlos. Ni modo, hay que aguantarlos.

—¿Hay un estado fallido en Tamaulipas en cuanto a la libertad de expresión?

—No sabría decirte si sí o no, pero en libertad de expresión estamos en letra muerta.

El periodismo bajo el asedio del narco en Tamaulipas…

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