Home » Reflexión, Turismo

Oaxaca, un laberinto de colores

Publicado por Naked snake el martes, 10 febrero 2015
Sin Comentarios


El  Clarin

Oaxaca, México.-Todavía hoy, con una autopista que la puso a menos de cinco horas de México D.F. La ciudad de Oaxaca sigue escondiéndose en medio de las intrincadas sierras del sur del país. No se ve un alma por estos parajes montañosos poblados de cactos. Quizás por eso sorprende tanto encontrarnos, al final del camino, con esta vibrante plaza citadina, llena de vendedores, turistas, chicos que persiguen globos y paseantes que descansan al sol.

Aquí se encuentran los mercados oaxaqueños, famosos por su extensión y su variedad. Herederos de la tradición precolombina del tianguis , donde se daban cita para comerciar los distintos pueblos que habitaban Centroamérica, hoy tienen una especie de agenda tácita: por la mañana, con los primeros puesteros, llegan los habitantes del lugar. Desde el mediodía, los turistas crecen en número hasta que cae la noche y los últimos negocios cierran.

turismo6Oaxaca es el estado mexicano con mayor diversidad de grupos indígenas (16 en total) y eso se nota, por ejemplo, en el sinfín de estampados que adornan las blusas de las vendedoras y que identifican el pueblo al que pertenecen. “En la variedad está el gusto”, parece ser el lema del lugar.

Basta acercarse a uno de los puestos de comida y pedir un platillo de mole, la tradicional mezcla mexicana de carnes, salsa y especias. “¿Lo quiere rojo, negro, amarillito o verde?”, pregunta la vendedora. No alcanza una visita para probarlo todo.

El recorrido comienza en el zócalo o plaza central de la ciudad, entre la bella catedral y el palacio de gobierno.

Dos cuadras al sur, en las calles Colón y 20 de noviembre, una esquina poblada de puestos de flores y de frutas anticipa lo que será el paisaje del mercado Benito Juárez. Sandías, melones, limones y mangos se disponen a lo largo de la vereda.

Por los alrededores se encuentran también los famosos negocios de venta de mezcal, la tradicional bebida alcohólica nacida en Oaxaca y hoy difundida en todo el mundo. Cerca de la entrada del mercado se amontonan sobre una mesa varias bandejas de chapulines cocinados en chile. Impresionan a primera vista (después de todo, se parecen bastante a nuestros clásicos grillos), pero la curiosidad puede más a la hora de probar este típico tentempié de la comida oaxaqueña.

Marta vive en la parte alta de las sierras: tres veces por semana baja hasta la ciudad. No tiene un puesto propio, sino que camina por el mercado y vende entre los locales y los turistas que se acercan a los negocios de comida.

Regatea con amabilidad y adivina el gusto de los paseantes. “¿No te sirve éste, güerita?”, dice y entonces reemplaza un huipil bordado de lilas por un vestidito con flores de hilo anaranjado. “¿Y qué tal éste para la niña?” El marido de Marta trabaja en la cosecha de agave para fabricar mezcal y su hija viene con ella al mercado, donde las mujeres son mayoría.

Muy cerca del Benito Juárez, en el mercado 20 de noviembre, se encuentran algunos de los mejores lugares para comer. Son famosos los puestos de carne asada en el momento, servida con tortillas y acompañamientos como limón, cilantro, palta o salsas picantes. También está la opción de sentarse en los puestos de comidas con mostrador, donde además se puede probar el tradicional chocolate de la zona.

A la vuelta, sobre las calles Zaragoza y J.P. García, se levanta el mercado de los artesanos. Es casi imposible salir de allí con las manos vacías. En sus pasillos llenos de coloridos locales se produce y se vende: unas tejen y otras regatean, mientras los chicos juegan entre las pilas de manteles y los huipiles bordados de colores.

En un rincón hay un puesto de artesanías hechas en madera: lagartijas, colibríes, ranas y trompos de juguete se acomodan en los estantes. Las paredes rebosan de espejos enmarcados en paisajes con motivos de serranías y de cactos.

Al caer la tarde, algunos negocios de artesanías comienzan a cerrar mientras que los de comida esperan a los últimos clientes. El lugar de encuentro se traslada unas cuadras más arriba, en pleno zócalo, donde ya la banda municipal se prepara para tocar en la glorieta, frente a la iglesia del pueblo.

Es el momento de pasear por el casco histórico y admirar los magníficos portales de la calle peatonal Alcalá. A esta hora los mercados descansan, pero sólo hasta que el sol asome de nuevo tras las montañas de Oaxaca.

Comentarios

comments

Comenta el articulo!

Agrega tu comentario, o trackback desde tu propio sitio. Tambien puedes suscribirte a los comentarios via RSS.

No se toleraran conductas inapropiadas. No spam.

Puedes usar estas etiquetas:
<a href="" title=""> <abbr title=""> <acronym title=""> <b> <blockquote cite=""> <cite> <code> <del datetime=""> <em> <i> <q cite=""> <s> <strike> <strong>

Este sitio esta habilitado para el uso de Gravatar.