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INAH conserva eslabones de 500 años de antigüedad

Publicado por Naked snake el martes, 10 marzo 2015
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Oaxaca. México.-Los instrumentos, que son resguardados en el Museo Nacional de Historia (MNH) Castillo de Chapultepec y analizados por la investigadora Thalía Montes, fueron elaborados con materiales de reúso, como las espuelas desgastadas y trozos de limas, informó el INAH.

El Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) conserva una colección de más de 200 eslabones de los siglos XVI al XX, los cuales eran usados en la época de la Colonia para prender los fogones de las cocinas o encender los cañones en el campo de batalla.

eslabonLos instrumentos, que son resguardados en el Museo Nacional de Historia (MNH) Castillo de Chapultepec y analizados por la investigadora Thalía Montes, fueron elaborados con materiales de reúso, como las espuelas desgastadas y trozos de limas, informó el INAH.

“En los talleres de fundición, los maestros sometían nuevamente las piezas de hierro al calor para darles otra forma y en algunos casos hasta un terminado estético con cabezas de serpientes”, comentó la curadora de la Colección de Tecnología y Armamento del MNH.

De esta forma, explicó Thalía Montes, se forjaron diseños únicos para denotar la posición económica de los dueños, con grabados de gran belleza en los que se representaban venados, águilas, serpientes, faisanes, flores, colibrís, liebres, rostros caligrafiados y perros al más puro estilo español.

“El perro es una constante en los eslabones, por esa idea de que es fiel al dueño, y porque, de acuerdo con la Iglesia católica, lleva el fuego en el hocico. En la mayoría de los casos se les representa rasurados de la mitad del cuerpo hacia abajo”, agregó.

Los artefactos, de entre tres y cinco centímetros, son de herencia española, aunque también fueron de uso común en toda Europa y aún se siguen utilizando en zonas tropicales de México, donde la humedad hace imposible encender un cerillo.

Prender el fuego con el eslabón o chisme requería de un trozo de tela de algodón y una piedra que hiciera fricción con el hierro forjado, por ello, los diseños tenían algunos orificios para darle cierta flexibilidad y evitar que se quebrara con el uso.

Anteriormente, el pintor Antonio Cortés publicó el libro “Hierros forjados, colección del Museo Nacional de Arqueología, Historia y Etnografía” en 1935, donde plasmó más de 800 piezas de hierro forjado para que fueran difundidas por todo el mundo.

La colección de eslabones se enriqueció en el último año con 15 nuevas piezas que obsequió la familia de Philip y Alex Fried, especialistas en metales.

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