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Científico experimenta con algas para frenar contaminación en rios

Publicado por @Shinji_Harper el lunes, 30 marzo 2015
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Oaxaca, México,. Ancestrales y de rápida reproducción, las diatomeas son algas eucariotas (con núcleo) que viven y se desarrollan asociadas al agua, no importa si está limpia o muy sucia.

unamalgas4 Por ello, Enrique Arturo Cantoral Uriza, académico de la Unidad Multidisciplinaria de Docencia e Investigación (UMDI) de la Facultad de Ciencias (FC) de la UNAM, en Juriquilla, Querétaro, las utiliza como bioindicadores de contaminación en ríos del centro de México.

“Las diatomeas sobreviven y se reproducen en el agua, aunque ésta tenga variaciones por la presencia de desechos agrícolas, industriales o domésticos producidos por el ser humano”, señaló el doctor en biología.

Al saber qué especies de esas algas están presentes en el líquido contaminado y en qué cantidades, los científicos pueden comparar las poblaciones en diversas condiciones. “Vemos cómo están equilibradas o presionadas por el ambiente”.

Su sobrevivencia sirve a los expertos como indicador biológico. “Estas expresiones de las algas, su riqueza y abundancia nos permiten comparar en el tiempo y conocer épocas mejores y peores de calidad del recurso hídrico”, ahondó.

Poblaciones microscópicas

Generalmente no se ven, son microscópicas, tienen tallas de cinco a 100 micrones y para observarlas se necesita recolectarlas en las rocas de los ríos. Ya en el laboratorio, se observan en microscopios, que las amplifican hasta mil veces.

En muchos cuerpos de agua coexisten varios tipos de algas juntas, que frecuentemente conforman comunidades. “Los crecimientos donde se encuentran se ven como una cabellera verde o café, dentro de la que hay una comunidad rica y diversa: animales, otras algas y hongos, que conforman una colectividad útil para entender cómo interaccionan. Las seleccionamos porque son muy sensibles a los cambios”, explicó Cantoral.

Un sistema acuático sin mucha alteración de contaminantes permite múltiples formas de vida. Las algas, junto con las plantas de esos ecosistemas, son los productores primarios en las aguas continentales y marinas,además el alimento para otros grupos biológicos.

“Si en un río observamos macroinvertebrados, crustáceos, anfibios, peces, mamíferos como nutrias, significa que el sistema funciona adecuadamente para mantenerlos en la cadena trófica. Pero si una condición física y química del agua ingresa (algún contaminante o nutrimento), se reducen las poblaciones que pueden soportar esa condición y la diversidad de especies disminuye; las que quedan, por el contrario, aumentan, entonces el olor y color del agua se descompone”, detalló.

Los ríos Magdalena y Lerma

unamalgas2Cantoral y sus colaboradores han estudiado la región centro de México, cuencas hidrográficas como la del río Pánuco y el río Magdalena, en Los Dinamos del Distrito Federal.

“Allí conocimos a las especies, las caracterizamos e identificamos como indicadores de calidad. En esa región del DF hay 113 especies algales distribuidas entre las verdes, las cianoprocariotas y las diatomeas. Estas últimas constituyen cerca de 90 especies y son el grupo con mayor riqueza en cantidad y variedad; funcionan bien para este trabajo, pues siempre están en el agua, aunque se deteriore su calidad”, comentó.

De esa cantidad, el científico y su equipo tienen muy bien caracterizadas alrededor de 10 especies para aguas limpias, en proceso de alteración y sucias. El río Magdalena se altera básicamente por desechos urbanos de asentamientos irregulares, desde los años 70.

La otra problemática es la basura de los visitantes que van los fines de semana (envases, plásticos, envolturas o cáscaras de frutas), que detiene el cauce del agua y hace que se modifique. Pese a la creciente contaminación, las diatomeas siguen con su crecimiento.

Cantoral destacó que el Lerma es uno de los más contaminados de América Latina, pues además de desechos urbanos tiene agrícolas e industriales. “Hay muchos elementos pesados, como cadmio y plomo, que se vierten al agua y algunos se quedan en organismos como plantas, algas y árboles ribereños, además de peces y crustáceos”, añadió.

Este cuerpo de agua llega al Pacífico, mientras que el Pánuco y el Papaloapan al Golfo de México, así que todos los desechos del centro del país van a dar a ríos y mares, lo que impacta gravemente en esos ecosistemas.

Urge educación ambiental

En México no hay educación ambiental, sólo un discurso que no llega a la acción congruente. Aquí prevalece la carencia de mirar esos sitios como entornos funcionales de interacción, que permiten una biodiversidad amplia de los sistemas por donde pasa el agua, sostuvo el biólogo.

“Los ríos son concebidos como zonas de desecho; necesitamos cambiar esa mentalidad y educarnos con información científica y aplicaciones tecnológicas, así como mirarlos como sistemas fundamentales para los sitios por donde pasan selvas, bosques y desiertos”.

Es necesario un cambio en el que los estudios sobre algas diatomeas pueden ayudar. “Oxigenan el agua, son los bosques de ese recurso junto con otras algas y plantas acuáticas, por eso nos interesa analizarlas. Queremos saber quiénes son, cómo se llaman, donde están, cuándo están y que nos den un diagnóstico preciso”, remarcó.

El universitario consideró que el problema de contaminación de ríos en el país es reversible si se cambian las políticas y la actitud ciudadana.

“Restaurar cuencas deterioradas, como la del Lerma, puede llevar 40 o 50 años; es uno de los sistemas de mayor reto, pues buena parte del producto interno bruto del país está en esa región, que va de Toluca a Michoacán y Jalisco, pasando por el Estado de México, Querétaro y Guanajuato. Se debe generar industria y empleo, pero también una cultura en la que seamos responsables por las consecuencias de esas actividades”.

Limpieza con algas

Además de su diagnóstico, Cantoral y su equipo han hecho estudios de laboratorio para usar esas algas como una pared que retenga metales pesados de las industrias en el agua.

“Pueden detenerse con una pared, con un dispositivo filtrante hecho de diatomeas, para que los metales se peguen a las paredes celulares de este grupo, que son de sílice, duras como vidrio. Eso nos permitiría retenerlos, capturarlos mecánicamente y confinarlos para impedir que pasen a los sistemas acuáticos”, planteó.

Otra aplicación consiste en utilizar las que pasan por el agua contaminada con metales. Cuando estos últimos entran a las algas las saturan; entonces dichos organismos se retiran y confinan. También se pueden incinerar para recuperar los metales para reúso, explicó.

Es importante hacerlo con especies regionales, adaptadas a las condiciones de contaminación locales. No se debe hacer con especies introducidas, que alteran más el ecosistema acuático, concluyó

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