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Fracking en México: mil 323 pozos sólo en Veracruz y Puebla desde 2010

Publicado por Naked snake el Jueves, 4 junio 2015
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Oaxaca, México.-En México se usa el fracking para obtener hidrocarburos desde hace muchos años, se hace en una proporción mayor de lo que se pensaba, y lo que sabemos es apenas la punta del iceberg. Eso muestra la información que obtuvo la iniciativa Cartocrítica después de cotejar reportes y datos obtenidos por solicitudes de transparencia a Petróleos Mexicanos (Pemex). Otro reporte aparecido también en estos días, pero en Estados Unidos, indica que esto es mucho peor de lo que imaginábamos, ya que este estudio muestra cómo un pozo con fracking contaminó el agua de un pozo a kilómetros de distancia en una forma que, se afirmaba, no podía ocurrir.

frakingEn el reporte, Cartocrítica dice que, según lo que le informó Pemex Exploración y Producción, al menos 924 pozos mexicanos utilizan fracking, una técnica consistente en fracturar rocas que se ubican a gran profundidad y que contienen gas natural o petróleo. La fracturación se hace utilizando agua con arena y químicos, y los túneles horizontales para hacerlo pueden extenderse por varios kilómetros.

Todo indica, añade Cartocrítica, que las cifras que le entregaron reflejan apenas una fracción de la realidad. Documentos públicos de la Secretaría de Energía, como el titulado Proyecto Aceite Terciario del Golfo. Primera revisión y recomendaciones, hablan de mil 323 pozos con fracking solamente en Veracruz y el norte de Puebla en 2010, con lo que el fracking tendría ya más de un lustro en México y sería más utilizado de lo reportado por Pemex.

La discrepancia de cifras entre lo que afirma Pemex Exploración y Producción y lo que dice la Secretaría de Energía muestra que, además del fracking, ocurre una de dos desgracias, o las dos a la par. O el gobierno mexicano tiene una política de ocultar lo más posible la información sobre el tema, o el gobierno mexicano tiene un desorden terrible y no sabe lo que está ocurriendo sobre el terreno. En todo caso, desorden y opacidad se conjugan en las oficinas a cargo de supervisar y regular el uso de esta técnica.

Sea cual sea la realidad, la cosa pinta mal. El fracking es una actividad ambientalmente devastadora, que elimina cualquier posibilidad de hacer uso sustentable de los recursos naturales. Esto reviste especial gravedad en el caso del agua, y en eso el fracking es bastante peor que otras actividades.

El fracking requiere enormes cantidades de líquido, que se quitan a otros usos, como la agricultura. No sólo eso: después de que se usó para romper las rocas y obtener gas, queda contaminada más allá de cualquier purificación, con lo que en términos reales se limita el caudal hídrico disponible en una región en el presente, o en lo que se instala la planta potabilizadora, y para siempre.

Ahora se sabe, además, que no sólo se contamina el agua de un radio limitado en torno al pozo con fracking. Un estudio publicado en la revista Proceedings of the National Academy of Sciences, una de las más prestigiosas del mundo académico estadunidense, documentó un caso en el que “el gas natural y otros contaminantes migraron lateralmente a través de kilómetros de roca a profundidades medias o bajas, impactando un acuífero utilizado como fuente de agua potable”. El artículo, liderado por Garth T. Llewellyn, advierte además que esta contaminación difícilmente será detectada por los afectados, ya que el instrumental necesario no está disponible más que en algunos laboratorios especializados.

Todo esto, con el agravante de que se trata de una actividad muy intensiva en capital. Esto quiere decir que el fracking requiere invertir mucho en infraestructura pero contratar poca gente, muy calificada. Es decir, que genera pocos empleos en relación con sus costos y lleva a una mayor concentración de la riqueza.

En resumidas cuentas, hoy sabemos que al menos desde 2010 el gobierno y el Legislativo han permitido que en México se use fracking, una técnica que deja a regiones enteras sin agua, porque contamina los caudales que usa hasta dejarlos definitivamente inservibles; que supone riesgos mucho mayores de los que se pensaba, porque contamina en radios mayores de los planeados; sobre la que los organismos reguladores no tienen información fiable, o al menos no quieren presentarla, y todo para que unos pocos se hagan más ricos de lo que ya son.

.* Eugenio Fernández Vázquez, especialista en comunicación del

Consejo Civil Mexicano para la Silvicultura Sostenible

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