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Nada es lo que parece. La literatura fantástica de José Emilio Pacheco

Publicado por Naked snake el Martes, 7 julio 2015
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Por Romina España Paredes

Oaxaca, México.-Nada es lo que parece. Lo que la literatura fantástica le revela a sus lectores, una y otra vez, es que el horror y lo extraño habitan la vida y sus cotidianos. Que los fantasmas y los monstruos existen, están entre nosotros y tienen las formas o dimensiones de nuestros miedos, entre ellos, la humillación, el fracaso, la muerte y el olvido.

joséemiliopacheco071402En el Primer Coloquio Internacional de Literatura Fantástica, llevado a cabo el 24, 25 y 26 de junio de este año, y convocado por la Universidad Nacional Autónoma de México, la Universidad del Claustro de Sor Juana, la Universidad Iberoamericana y la Academia Mexicana de la Lengua, se homenajearon a dos importantes escritores mexicanos, destacados por sus aportes a la literatura fantástica: Carlos Fuentes y José Emilio Pacheco. Detengámonos, en esta ocasión, en la literatura del último.

La obra de José Emilio Pacheco, planteó Rafael Olea Franco en su presentación en el Coloquio, es una innovación de la literatura fantástica mexicana. Entre sus aportes, señala, se encuentra la yuxtaposición de los planos de la realidad y la ficción, que plantea los propios límites de la literatura. Sin duda, a esta innovación estructural que Pacheco explora en cuentos como “La fiesta brava” y “Tenga para que se entretenga”, se suma la profundidad de sus reflexiones sobre el tema de lo fantástico. En sus relatos, lo que se oculta detrás de la inocencia, el entretenimiento, lo cotidiano y la naturaleza, son las historias de la muerte, la locura, la violencia y la soledad.

En su libro de cuentos El viento distante, publicado por primera vez en 1963, Pacheco narra el horror en lo cotidiano. Este horror que es la ruptura de la estabilidad, el trastrocamiento del orden y de la lógica establecida por los límites de lo posible o, mejor aún, de lo deseable. Pensemos por ejemplo en el cuento “El viento distante”, en el que Pacheco relata la historia de la “niña tortuga”, presentada como atracción en una feria ambulante, y que termina por separar a una pareja que no logra superar la vergüenza y el horror de contemplar la humillación de la supuesta niña con cuerpo de tortuga, a quien consideran hija del hombre que la exhibe al público curioso. Pero detrás de esta primera presentación de lo fantástico, de la niña con cuerpo de tortuga, el cuento concluye con la verdadera historia de horror: la tristeza y la soledad del hombre de la feria que, entre cada función, despoja a la tortuga de la cabeza falsa de niña para acariciarla y alistarla, nuevamente, para su próxima exhibición como lo que no es.

En los relatos de Pacheco, el horror de lo cotidiano está oculto. No es perceptible a primera vista. Es en este acercamiento de lo aparente donde se esconde el verdadero horror. De ahí, el esfuerzo del lector de intentar develar el misterio, de encontrar en el desenlace la explicación de aquello que genera angustia o desconcierto a los personajes. Esto sucede en el cuento “Parque de diversiones” en el que, detrás de la apariencia festiva de este espacio, las voces narrativas revelan el universo de horror de la vida en cautiverio de los animales en un zoológico. Lo que se esconde es la historia de venganza de una maestra que arroja a dos estudiantes irrespetuosos a los tentáculos de una planta carnívora, o la monotonía de la vida de los animales y la violencia que caracteriza sus relaciones demasiado parecidas a las de los humanos.

Pero el horror que se oculta en lo aparente, también es el que Pacheco da voz en los recuerdos de la infancia y juventud que marcan las historias de sus personajes adultos, en varias ocasiones narradores de sus relatos. Como en
“La niña de Mixcoac”, donde un relato enmarcado por el discurso de una convocatoria de cuento, en el que dos críticos del premio debaten el contenido del cuento (e incluso presumen la posibilidad de identificar al autor con Pacheco), narra la historia retrospectiva de un niño y su encuentro con una niña en el que resulta ser el hospital psiquiátrico de Mixcoac. Detrás de este encuentro inocente, Pacheco revela en voz de los críticos la verdadera oscuridad de la historia de violación y locura de la niña de Mixcoac.

Tal vez para reconocer lo fantástico y el horror de lo cotidiano solamente tendríamos que observar más de cerca las ferias temporales, las notas periodísticas, el zoológico de la ciudad o los recuerdos de nuestra infancia y juventud. Los cuentos fantásticos de Pacheco develan los fantasmas y los monstruos ocultos de la vida, algunos de los cuales forman parte de México y su historia. En el cuento “Tenga para que se entretenga” de la colección de relatos El principio de placer, cuya primera edición se publicó en 1974, Pacheco escribe con ironía: “en México siempre que se busca un cadáver se encuentran muchos otros en el curso de la pesquisa”. A nueve meses de las desapariciones forzadas de los 43 estudiantes de la Escuela Normal Rural “Raúl Isidro Burgos” en Ayotzinapa, las palabras de Pacheco resuenan. Este es el horror de la realidad oculta de nuestro país.

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