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México no sabe cuánto produce en cultura

Publicado por Naked snake el Viernes, 10 julio 2015
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 El Economista

Oaxaca.-En México, nadie sabe cuánto producen las artes, cuánto se invierte en proteger el patrimonio, en publicar libros, en hacer y exhibir cine, en qué porcentaje exacto el sector depende del Estado, cuánto produce la iniciativa privada, etcétera. Sin más, nuestro país es de los más atrasados de Iberoamérica en gestión cultural.

En resumen, no se sabe la gran cuenta agregada de la economía de la cultura mexicana. No hay un Ministerio o Secretaría encargada de organizar el quehacer cultural como subsector económico y hacer la suma de la aportación de la cultura a la producción nacional.

bloqueocultural123Nuestro Consejo Nacional para la Cultura y las Artes (Conaculta), fundado por decreto presidencial en 1988, nació para aliviar a la SEP de las labores de producción artística y cultural, Actualmente, funciona a medias como un coordinador federal de la cultura (uno que no tiene vínculo con los proyectos culturales de los estados y que depende de otros aparatos burocráticos). El Estado mexicano, a través de este organismo, no tiene ni idea de cuánto produce la cultura ni tiene un proyecto económico cultural, como sucede en España o Colombia. No es que no se invierta en el sector o que no haya producción es que se ignora tanto el dinero invertido como sus rendimientos.

El resultado es el uso ineficiente de recursos y un gran desorden burocrático e institucional. Otros países iberoamericanos han puesto la pauta revisando su sector e implantando programas de largo alcance de políticas públicas.

Ejemplos exitosos

Pocos son los países exitosos que no tengan claro el aporte económico de la cultura a su Producto Interno Bruto (PIB).

En Chile, según cifras del 2008 publicadas por su Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, el sector cultural (conformado por la industria editorial, musical, audiovisual y la de artes escénicas, sumando la participación estatal y la de origen privado) produjo el equivalente al 1.3% del PIB.

Muy celebrado ha sido el caso de Colombia, que en 1997 creó su Ley General de Cultura, después de, en 1990 haber convocado a una revisión intensiva de su política cultural. Hoy, el ámbito cultural colombiano tiene claros lineamientos de política pública, cuyos objetivos son la integración racial, el rescate de su patrimonio indígena, la circulación intensiva de la creación de artistas colombianos y un enérgico programa de educación artística. Según su último informe, su aporte a la producción nacional es de 2 por ciento.

En España, según el último informe del Ministerio de Cultura, el aporte rebasa 3%, contando tanto producción con apoyos estatales como la de iniciativa privada. El Ministerio español continúa un ambicioso proyecto econométrico, la cuenta satélite de la cultura en España, cuyo objetivo es tener bien claras las cifras del subsector como parte de una política económica pública bien definida, por parte del estado español para optimizar sus industria culturales, pero especialmente, para que sus productos estén al alcance de la mayor parte de la población.

Algo que emular al Ministerio de Cultura español es su clara definición y apoyo de las empresas o “industrias” culturales, un programa conjunto entre el estado y la iniciativa privada. Hay apoyos mediante becas y capacitación para fundar pequeñas y medianas empresas dedicadas a la cultura. Se enseña y se apoya, a los emprendedores interesados en crear una compañía de teatro que pueda sostenerse financieramente o una orquesta.

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México, desorden cultural

Según los dos informes extensos con los que se cuenta para conocer el sector cultural mexicano, (el primero realizado en el 2003 por la UNESCO y el segundo realizado por la UNAM en el 2009), los problemas que se enfrentan son varios y longevos.

Para empezar, no hay una clara jerarquía institucional para producir, difundir y proteger tanto los productos culturales como el patrimonio histórico, misiones que supuestamente realiza Conaculta con el Instituto Nacional de Bellas Artes (INBA) y el Instituto Nacional de Arqueología e Historia (INAH)… sin saber cuál institución depende de cuál, pues en nuestro país, a diferencia de la gran mayoría de los países iberoamericanos, no existe un Ministerio o Secretaría de Cultura que actúe como autoridad.

No hay programas de apoyos fuera de las becas que otorgan el Fondo Nacional para la Cultura y las Artes (Fonca) y el Sistema Nacional de Creadores, programas muchas veces cuestionados por su poca eficiencia para fomentar tanto la producción cultural, como la accesibilidad de la cultura a la mayor parte del público. La relación de los becarios con el Estado es asistencialista: se produce para salir del paso y seguir obteniendo apoyos públicos.

Proyectos como Fomento Nacional de las Artesanías y un catálogo de ferias y eventos culturales estatales reciben apoyos de instancias como la Secretaría de Turismo y la Secretaría de Desarrollo Social.

No hay una política pública ordenada para el sector cultural. Los resultados son un sector inexistente, donde los proyectos de iniciativa privada sufren para salir adelante y por tanto, la participación estatal es extensiva, desordenada y sin continuidad: se apoya a la cultura, pero sin un plan a largo plazo.

Indiferencia legislativa

No obstante de su casi absoluto control sobre el sector, el Estado mexicano no sabe ni tiene interés en crear un proyecto económico y de política pública para la cultura. En el periodo ordinario que acaba de terminar, la Comisión de Cultura, encabezada por la diputada panista Kenia López Rabadán, entregó estas impresionantes cifras: de cinco iniciativas presentadas, cinco quedaron pendientes.

De tres proposiciones turnadas (la creación de un Instituto Nacional para la Cultura basada en Valores Humanos, convertir en Patrimonio de la Humanidad la ciudad de Puerto Vallarta y exhortar a la SEP a convertir la educación artística en materia obligatoria), tres quedaron pendientes. Ninguna aprobada, ninguna desechada. En el limbo, como el sector completo.

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Deficiencias múltiples

  • Según los pocos informes completos que se han hecho sobre nuestro sector cultural (UNESCO, 2003 y UNAM, 2009), las deficiencias:
  • El sector no cuenta con un presupuesto propio. Actualmente, la partida presupuestal de cultura proviene de la SEP (que acaba acaparando la mayor parte).
  • No existe una ley general de cultura. Las leyes que hoy rigen el sector tienen décadas de haber sido creadas y no tienen una coordinación clara entre ellas.
  • El Conaculta sigue siendo “un consejo sin consejeros”. Depende de la discrecionalidad de quien lo encabeza y de decretos presidenciales.
  • Los programas de fomento y acceso a la cultura no son constantes. Gran parte del presupuesto de fomento se dedica al mantenimiento del propio Conaculta.

cmoreno@eleconomista.com.mx

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