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Sin derecho a fianza/ Encabezados mentirosos atraen la atención

Publicado por @Shinji_Mcfly el Martes, 25 agosto 2015
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Juan Manuel Alegría

Oaxaca.- Es innegable que lo primero que busca el lector, el escucha o televidente, son los titulares, y se dirige o enfoca al que le llama la atención. Por eso el editor debe tener una agudeza para concentrar o sintetizar la información en el encabezado; ya que el lector, en muchos casos, quisiera, con sólo leer el título de la nota, evitar leer el texto completo.

 

periodicos2El editor lo sabe y busca títulos atractivos, y un profesional lo hace con información veraz. El asunto se convierte en un problema ético cuando se exagera o se miente al titular.

 

Seguramente el lector recordará un titular que algún ingenioso inventó para llamar nuestra atención; con letras grandes: “¡Pedro Infante vive!… Y luego con otras pequeñas: “En el corazón de los mexicanos”.

 

Ese es un ejemplo de un titular engañoso. Y sí, se atrapan incautos, que luego se desilusionan, y el medio se desprestigia ante sus ojos.

 

El primer acceso a la información que tiene el lector son los titulares de la portada o primera página, por eso se dice se diseña más para ser “vista” que para ser leída, ya desde ahí, el medio intenta manipular (de la forma que la entienda el que la usa) o condicionar al imponer su línea editorial o influir al destacar unos temas y ocultar o disminuir otros.

 

Hay quien se ha ocupado de analizar el tema y le dan diferentes conceptos, como señala María José Pou Amérigo en su ensayo “El primer nivel informativo en la prensa electrónica”:
“No en vano, los expertos se han referido a la portada con metáforas como ‘tarjeta de presentación’, ‘escaparate’ o ‘vitrina’ desde la que ‘se intenta llamar la atención al lector, ofreciéndole lo mejor de su contenido’ (Martín Aguado, J.A., 1991, p. 70); ‘muestrario de la identidad y el tono del periódico o revista’, además de ‘reclamo’, ‘gancho’ y escaparate´ (Muñoz, J.J., 1994), denominaciones que coinciden con las utilizadas para referirse a los titulares, considerados ‘escaparates’ de la información (Gómez Mompart, J.L.,1982) o ‘sustancia de la información’ (Caminos Marcet, J.M., y Armentia Vizuete, J.I., 1997). Desde el punto de vista semiológico, afirma Alarcos, el titular es “el significante de la noticia” (Alarcos Llorach, E.,1977).”

 

Ante tanta competencia, supongo, algunos medios no pueden evitar caer en el sensacionalismo, y no les importa alterar ese “gancho” o sustancia de la información” y titular con ambigüedad, falsear y hasta difamar, porque si se dice: “Fulano asesina a mengano” y luego en el cuerpo de la nota lee que fulano es sospechoso o presunto autor de esa muerte, se infama.

 

Antes se cuidaban más estas formas; es en la publicidad empresarial donde siempre se ha publicado de manera engañosa; no obstante, a las empresas que mienten en la publicidad de sus productos se les puede aplicar una ley, como el caso de McDonald’s, cuando en julio de 2013 la Procuraduría Federal del Consumidor la sancionó con más de 680 mil pesos y ordenó suspender la publicidad de su “Cajita Feliz”. Sería buena idea penar así a los medios que titulan de manera falaz.

 

Son variadas las formas que existen para titular de manera tramposa, los más común es dar por hecho un asunto; se puede dramatizar con el morbo , engañosa, pueden proponer teorías o juicios que no s e demuestran en el texto; muchas vece se usan esa una falacia de “la pregunta compleja”, como “¿Por qué Peña Nieto odia a los jóvenes?” que cumple, su función en lectores improperados y en otros, genera duda o decepción, pues no se aportan argumentos.

 

En los medios “contestatarios” o militantes, es común el uso del verbo “agredir” cuando la policía interviene para controlar un conflicto: “Agrede policía a manifestantes”. Sin embargo, si es evidente que los manifestantes apedrean, golpean o intentan calcinar a los elementos del orden, se olvidan de ese verbo y titulan “ se enfrentan manifestantes con policías”; también , es muy usual pluralizar.

 

En esos titulares se habla de espectacularidad, de desastres, de tragedias, de descubrimientos. Es usual que algún medio use, para disimular los datos no confirmados, el condicional: “Fulano habría tenido tratos con narcotraficantes”; “Mengano habría desviado millones de dólares”. Así pretenden salvarse de la difamación o de su incapacidad para verificar esa información. A eso se le llama “rumor enmascarado” y algunos códigos de ética consideran incorrecto su uso porque su veracidad no se garantiza, se intenta decir algo que “parece” que es.

 

La Fundéu BBVA señala: “el condicional de rumor —que es el empleado para redactar noticias no suficientemente probadas o hacerlo de forma cautelosa— no es incorrecto desde el punto de vista gramatical, pero se desaconseja en algunos libros de estilo periodístico porque se utiliza para presentar suposiciones o meros rumores como noticias.”

 

Tal vez, de tantas veces que leemos encabezados exagerados ya nos acostumbramos y dejamos de notarlos, pero penetran por debajo del umbral de la razón y cambian la forma de percibir las situaciones.

 

Un ejemplo cercano que provocó la titulación engañosa la dio Lorenzo Córdova, cuya conversación fue grabada ilegalmente:” Racismo de Lorenzo Córdova, se burla de indígenas y de Ayotzinapa” (Regeneración); “Filtran llamada de Córdova en la que se burla de indígenas” (Milenio); “Versión de que Lorenzo Córdova se burla de indígenas” (La Jornada); “Lorenzo Córdova se burla de indígenas, filtran llamada; INE acusa espionaje” (24 Horas); “Presidente del INE se burla de los indígenas” (El Economista); “Presidente del INE se burla de líderes indígenas” (La Crónica) y varios más. Claro, tiene mayor impacto englobar a todos los indígenas de México, el golpe de regreso sería más demoledor que decir que insultó a uno de sus miembros.

 

Pocos fueron imparciales: “Graban burla de Lorenzo Córdova sobre indígena; INE denunciará intervención telefónica” (Animal Político:): “Difunden audio de Córdova mofándose de líder indígena; INE denuncia ante PGR” (El Financiero) o “Lorenzo Córdova ofrece disculpas tras burlarse de un líder indígena” (CNN en español). En realidad, como titularon esto último, Córdova, en su conversación, se refirió a un líder donde cuestionó su autenticidad de manera burlona y despectiva:

 

“A ver güey, Edmundo, no mames, no voy a mentir, te lo voy a decir como hablaba ese cabrón, te lo voy a decir: yo jefe gran nación chichimeca, vengo Guanajuato, yo decir a ti: o diputados para nosotros o yo no permitir tus elecciones”.

 

Otro titular que se hizo viral en las redes fue el que se publicó el pasado 23 de abril, cuando, en la ceremonia “la gala de la revista estadounidense Time” se otorgó un reconocimiento a Jorge Ramos como una de las cien personas más influyentes del mundo durante. El periodista de origen mexicano aprovechó para externar su punto de vista sobre el asunto de Carmen Aristegui y MVS, los medios titularon:
“Jorge Ramos pide la renuncia de Peña Nieto” (CNN en español); “Jorge Ramos: Periodistas que denunciaron corrupción de EPN fueron despedidos; el Presidente es quien debe renunciar” (Aristegui Noticias), cabecearon también decenas de medios, incluidos los españoles 20 minutos y El País. Hasta un medio de periodistas, el portal Periodistasenlinea.org, creado por el Consejo Ciudadano del Premio Nacional de Periodismo, cometió esa falta.

 

jorge ramos6Por su parte, imparcial, el Huffingtonpost tituló: “Jorge Ramos advierte a Enrique Peña Nieto: ‘No nos vamos a callar’”. Con todo y tantas cabezas parecidas, lo que dijo el presentador de la cadena Univisión fue:

 

“Señor Peña Nieto, comprar casas de contratistas y luego darles millones de dólares en contratos, eso es corrupción. Por eso tanta gente quiere su renuncia y no nos vamos a callar”.

 

No pidió nada. Y lo expresó en español, así que no pueden achacarle el error a la mala traducción.
Que “tanta gente” quiera la renuncia de EPN o que Ramos la quiera, es una cosa diferente a lo que el comunicador expresó.

***
Otro ejemplo de titular tramposo fue publicado en Animal Político el 5 de noviembre de 2014: “¿Por qué torturaron hasta la muerte al normalista Julio César Mondragón?”, artículo firmado por Sayuri Herrera Román; el texto ha sido replicado más de 42 mil veces en Facebook y tuiteado casi tres mil.

 

Ahí Herrera Román señala que “El cuerpo no fue ocultado, sino expuesto, abandonado en una calle de Iguala. Arrancado el rostro, extraídos los ojos. Pronto esta imagen comenzó a circular en las redes sociales, alguien, no sabemos quién, le tomó una fotografía que pronto se hizo pública. El mensaje fue enviado.

 

“Es importante recuperar las significaciones inscritas en el cuerpo de Julio César, un mensaje que se ocuparon de allegarnos desde que le arrancaron la vida. Esa forma de matar, la técnica ocupada, no se practicó y planificó para no ser vista. Es la razón por la que abandonaron el cuerpo y no lo ocultaron, así fue desde que se tomó la foto y se reprodujo.”
El lector quiere respuestas, no cuenta, en la mayoría de los casos, con la información necesaria para descifrar mensajes crípticos. Esa lectura encamina al lector desprevenido hacia un punto que desea la autora. Luego indica Herrera:

 

“La tortura ha tomado tales proporciones que se ha convertido ya en un instrumento de gobierno. Uno que no debemos ignorar.” El lector promedio no desconoce que el gobierno puede torturar a una persona , pero acá no encuentra datos para entender por qué se refiere al gobierno.

 

La autora cita un en el artículo del psicoanalista Raúl Páramo Ortega, donde, nos dice “nos ofrece valiosas claves para comprender la magnitud de la tragedia a la que nos enfrentamos, así como fundamentos para señalar la responsabilidad del Estado mexicano por practicar la tortura y además generar, en distintos niveles y dimensiones, condiciones favorables para la masificación de esta práctica. Páramo comenta:

 

“’Las explicaciones a nivel de psicopatología individual siguen fracasando al querer caracterizar la personalidad del torturador. Ninguna explicación individual basta porque en realidad la personalidad del torturador corresponde a un tipo determinado de sociedad con la que se confunde. (…) si algo tiene ese tipo de personalidad es precisamente no ser a-social sino producto neto de un tipo de sociedad’”.

 

Cita otras frase de Páramo pero seguimos sin encontrar esos famosos “fundamentos para señalar la responsabilidad del Estado mexicano por practicar la tortura y además generar, en distintos niveles y dimensiones, condiciones favorables para la masificación de esta práctica”, como dijo antes.

 

Dice que “Los cárteles y el gobierno, también los partidos (PRI, PAN, PRD) están ‘unidos unos contra otros’ [comillas de la autora] para acabar con el pueblo.” Tampoco encontramos los datos para demostrar esa aseveración.

 

Finalmente concluimos la lectura y nos quedamos decepcionados; porque que nos quedamos sin la respuesta de ¿por qué torturaron hasta la muerte al normalista?

 

***
Un ejemplo final. El pasado 1 de mayo, presuntos narcotraficantes atacaron una nave del Ejercito: “Derriban helicóptero del Ejército; mueren tres militares” (La Crónica) de manera parecida titularon Excélsior, Milenio, La Jornada, Sin Embargo o Animal político.
Como la revista Proceso: “Comando derriba helicóptero de la Sedena en Jalisco; mueren tres militares”. No obstante, en la nota del semanario, decía:

 

“La Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) informó que un helicóptero fue impactado con disparos de arma de fuego en el estado de Jalisco provocando un aterrizaje de emergencia […]”

 

La Jornada incluso señala que la Sedena acepta ese desplome: “Reconoce Sedena derribo de helicóptero militar en Jalisco”, pero, al leer la nota no hallamos esa aceptación:

 

“La Secretaría de la Defensa Nacional (Sedena) informó que en el marco de la Operación Jalisco, tropas militares al realizar reconocimientos aéreos localizaron un grupo de vehículos con personas armadas, sobre la ruta Casimiro Castillo-Villa Purificación, en el estado de Jalisco, quienes agredieron al personal militar con disparos de armas de fuego, impactando al helicóptero Cougar matrícula 1009, lo que ocasionó que se realizara un descenso de emergencia”. Eso decía la nota firmada por Gustavo Castillo.
Entonces, el helicóptero no fue derribado. Recibió varios disparos de armas de alto poder (dijo la Sedena) y aterrizó por ello. Esos medios cometieron una falta ética al exagerar en la información, porque el boletín de la Sedena decía “aterrizaje de emergencia”. Pero finalmente los medios dijeron una verdad sin saber, un caso en que las circunstancias coinciden con los títulos engañosos, todo porque la Defensa Nacional mintió:

 

“Localizaron un grupo de vehículos con personas armadas […] quienes agredieron al personal militar con disparos de armas de fuego, impactando al helicóptero Cougar Mat. 1009, lo que ocasionó que se realizara un descenso de emergencia”; eso decía el boletín de la Sedena”.

 

Pero la verdad la supimos días después. La revista etcétera hizo las primeras indagaciones y se enteró que la nave humeante que ilustraba algunas publicaciones, no tenía que ver con Jalisco, concernía a un ataque de rebeldes sirios del 27 de agosto de 2012. El desprecio de la Sedena por la veracidad sobre los hechos, se notó al inquirir la dirección de esta revista en la oficina de prensa del porqué esa secretaría no aclaraba a los medios sobre esa imagen falsa; respondieron que eso no le correspondía y que “cada medio es libre de publicar lo que sea”. Luego varios medios enviaron a reporteros a la zona y descubrieron que el helicóptero sí fue derribado.

***
El valor esencial en el periodismo es la veracidad, y si no se cumple con esto no se está haciendo periodismo. Dice el experto en ética periodística Javier Darío Restrepo:

 

periodicos7“En el pacto implícito del medio de comunicación con los lectores y con la sociedad, hay una exigencia fundamental, la de entregar y/o recibir una información exacta. La información pública no es un producto que pueda manejarse según el capricho de sus agentes. La información tiene su propia dinámica y naturaleza de verdad, que no puede ser violentada.”

 

Sobre el tema de títulos engañosos, Marcelo Suárez, defensor del lector del periódico argentino Tribuna, señala: “el periodista está obligado a considerar siempre las consecuencias morales de las informaciones que emite, porque aún los más pequeños dilemas de criterio que deba resolver a diario, pueden adquirir una dimensión ética”-.

 

En algunos casos un titular mentiroso se debe a un error, pero es importante que el medio lo reconozca, eso refuerza su credibilidad ante el público y por supuesto, también ante las fuentes, que saben que su información se trasmitió tal cual fue emitida.

 

Es interesante leer lo que los mismos periodistas consideran sobre su medio y los otros; como el estudio que realizó The Dallas Morning News hace 15 años publicado en Sala de Prensa en enero de 2000 (http://www.saladeprensa.org/art100.htm) titulado: “La credibilidad de la prensa mexicana”. Dice en una parte:

 

“Sin embargo, la credibilidad de una organización noticiosa es el resultado de un número de factores, incluyendo la selección noticiosa, la imparcialidad, la claridad de los títulos, los errores en el reporteo y la habilidad de rectificar errores.

 

“Cuando se les preguntó sobre estos asuntos en particular, los 119 reporteros y editores encuestados

 

empezaron a contradecir su percepción original de que no existe un problema de credibilidad.
“Por ejemplo, 29 por ciento dijo que ve títulos engañosos a diario; 35 por ciento dijo que ve títulos engañosos más de una vez por semana.

 

“Al mismo tiempo, 60 por ciento estuvo “plenamente de acuerdo” en que los periódicos ‘frecuentemente dramatizan excesivamente’ ciertos artículos para vender más; 25 por ciento estuvo ‘de acuerdo’, sólo 6 por ciento no estuvo de acuerdo y 3 por ciento ‘enfáticamente no de acuerdo’”.

 

También se les preguntó si la opinión pública trata justamente a la prensa mexicana.
“¿Usted cree que el público tiene razón en estar disgustado con la prensa, o cree que la prensa es sencillamente un blanco fácil a quien echarle la culpa de problemas más profundos en nuestra sociedad?”

 

El 91 por ciento dijo que estaba “justificado”; el 3 por ciento que era “blanco fácil”; el 5 por ciento dijo que “depende” y el uno por ciento no supo.

 

En cuanto al tema de los errores dice el estudio “la situación en México ofrece una perspectiva sombría.

 

‘La cultura de publicar las correcciones no existe’, dice un reportero que participó en un grupo de enfoque en la Ciudad de México”.

 

A la pregunta “¿Cuando usted encuentra un error en un artículo, con cuánta frecuencia ve que el periódico publica una corrección al día siguiente?”

 

El 63 por ciento dijo “rara vez”; “ocasionalmente” (24 por ciento); “nunca” (6 por ciento); “siempre” (4 por ciento) y no supo el 3 por ciento.

 

“La encuesta preguntó si los periódicos publican las historias —sin cerciorarse de los hechos— sólo porque otros diarios las han publicado. Dieciséis por ciento estuvo ‘plenamente de acuerdo’ y 43% estuvo ‘de acuerdo’. El 28 por ciento no estuvo de acuerdo”.

 

Es seguro que en tres lustros el periodismo ha cambiado. No encontré otro ejercicio más cercano en el tiempo, pero esos datos, más nuestra observación de lo que vemos a diario nos puede dar una perspectiva de lo ocurre aún en la prensa mexicana.

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