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Sin derecho a fianza/ ¿Por qué no queremos leer libros?

Publicado por shinji_nerv el Domingo, 11 octubre 2015
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Juan Manuel Alegría

Oaxaca.– En el siglo XVI, Martín Lutero tradujo la Biblia, fue una gran reforma, y el teólogo no sabría hasta qué punto revolucionó al mundo; porque, para que se pudiera acceder a ese libro, se tuvo que alfabetizar a la gente. En los países católicos no importaba enseñar a leer, por ejemplo en México, al término de la Independencia se pudo constatar que en nuestro país existía un 98 por ciento de analfabetos. La Iglesia era la que educaba: ¿que hizo en 300 años, si esas eran sus miserables cifras? Por eso el interés de Lutero.

 

Como no sabían entendían mal, por ejemplo: “Misa” proviene del verbo latino “mittere” (enviar), por eso el sacerdote, después de decir la eucaristía o la liturgia en latín, despedía a la gente: “Ite, missa est” (“Id, podéis marchar”, “váyanse, es el despido”). Por eso empezaron a llamar a esa ceremonia “misa”; y se quedó el término.

 

libros2Dos siglos después de Lutero, en Holanda e Inglaterra, los alfabetizados eran el 70 por de la población, mientras que en España no llegaba ni siquiera al diez por ciento (en la Nueva España, menos)..

 

Claro, un pueblo educado, no sólo se dedicó a leer la Biblia traducida, sino a todos los campos del estudio, por eso salieron caudales de científicos. Cuando en esos países estaban en el Renacimiento, España vivía en la Edad Media y quemaba a los científicos, principalmente si eran judíos. Por eso, unos avanzaron y otros se quedaron, porque aprendieron a leer.

 

Con la lectura no sólo nos trasportamos a otros mundos, a otras sociedades, conocemos diferentes tipo de personas y vivencias, nos deleitamos con lo que plasma el escritor y crece nuestra imaginación; también mejoramos nuestra memoria, la capacidad de abstracción, desarrollamos la capacidad de comprensión y desarrollo emocional, almacenamos datos que podemos aplicar a nuestra vida diaria; al aumenta el vocabulario, usamos mejor la gramática, aprendemos a expresarnos correctamente. Sin la lectura no se comprendería la libertad de expresión y el desarrollo de la democracia.

Los científicos señalan la lectura provoca mayores conexiones neuronales para que, en la vejez, enfrentemos mejor los problemas degenerativos como el alzheimer. “La capacidad lectora modifica el cerebro”, afirma el neurólogo francés Stanislas Dehaene.

 

Pero, para saber eso hay que leerlo, y en México no leemos. Las estadísticas dicen que un mexicano lee tres libros al año.

 

Para disculpar esta grave omisión, los que no leen, plantean un sin número de excusas; por ejemplo en Facebook:

 

libros7“La mayoría en México, no leen (sic), no porque no les da la gana, sino porque la lana, no les da para leer, y es que los libros están carísimos, o leemos o comemos… ¡He ahí el dilema!”

 

El problema tiene mayor profundidad, cuya raíz está en la educación, como coinciden decenas de estudiosos sobre el tema.

 

Un niño no lee porque no hay libros en casa; porque sus padres no leen, porque sus ignorantes maestros no leen, ni los inducen a leer. Porque los programas de inducción a la lectura son temporales. Más tarde, no leen porque sus profesores de literatura son improvisados.

 

Considero que el principal problema por el que no leen libros es porque no entienden lo que leen desde el principio. Los profesores no enseñan (porque no la conocen) como técnica para aprender, el uso del diccionario.

 

Si una persona encuentra en un texto una palabra que no conoce, después de ella se le “forma una laguna”, y llega al final de la página sin comprender. Porque no usa el diccionario.

 

Por eso, ese analfabeto funcional, compra revistas de “monitos”, en un libro sobre la historieta (“El mundo imaginario de la historieta mexicana” de Genaro Zalpa) se publica un dato: hacia 1977 se editaban 70 millones de ejemplares entre historietas (56 millones) y fotonovelas (14 millones). Parce una exageración, ¿no?

 

kalimanEn 1985 Kalimán llegó a tirar dos millones de ejemplares semanales (casi 90 millones al año); “El Libro vaquero” tiraba 63 millones de ejemplares anuales; en 2001, TV y Novelas, 28 millones y TV Notas 21.8 millones. Solamente con unas cuantas superamos a 1977.

 

¿Entonces? Eso de “o leemos o comemos” no es real. En millones de familias hay más de un televisor pero no hay libros.

 

En un estudio del INEGI de 2011 se señala que, a pesar de que la tasa de alfabetismo era de 88,6 por ciento; en 93 de cada 100 hogares había por lo menos un televisor. Supongo que quien compró ese aparato supuso que era mejor que comprar una enciclopedia para su familia.

 

No leen pero sí gastan en celulares. La mayoría de los usuarios de telefonía móvil son jóvenes. Un breve estudio publicado en El Economista señala:

 

“En cuanto al nivel de gasto, casi una tercera parte gasta menos de 100 pesos, una tercera parte gasta entre 101 y 200 pesos; 16% gasta entre 201 y 300 pesos y sólo 7% gasta más de 500 pesos al mes. De esta forma, ocho de cada 10 usuarios destinan menos de 300 pesos al mes en servicios móviles” (Abril 18, 2012).

 

Dos años después ya aumentó su gasto. Con el título: “Mexicanos, atrapados por telefónicas pero les son fieles” y un balazo: “Usuarios invierten el equivalente al 52% del salario mínimo”, el mismo diario publicó lo siguiente:

 

“Los mexicanos llegan a pagar hasta 40 veces más que un británico por los servicios de telecomunicaciones, 80% no sabe por lo que paga y gasta el 35% de salario en telefonía celular, pero sólo 2 de cada 10 cambiaría de operadora […]. Un mexicano gasta en promedio por mes 350 pesos en servicios Telecom”. (Septiembre 29, 2014).

 

Por otro lado se ha informado que no son pocos los teléfonos: “La firma (The Competitive Intelligence Unit) señala que existen alrededor de 85 millones de líneas de prepago y 1.6 millones de líneas bajo planes mixtos, de las cuales la mitad utiliza algún medio de recarga cuando se les acaba el crédito”. (Notimex. 16 de julio de 2013).

 

No se trata de quitarle ese importante medio de comunicación, pero si y restringieran su uso a la mitad, podrían comprar de uno a tres libros al mes.

 

Aparte los lectores son mentirosos. En un artículo, Gabriel Zaid (“La lectura como fracaso del sistema educativo”. Letras Libres. Noviembre 2006.) analizó las estadísticas de la Encuesta nacional de lectura del Consejo Nacional para la Cultura y las Artes, y la Encuesta Nacional de Ingresos y Gastos de los Hogares (ENIGH), del 2005 y concluyó que no concuerda lo que dicen los entrevistados con los datos reales.

 

Zaid calculó lo que dicen que leen: 2.9 libros al año en el país y 4.6 libros en el DF y zona metropolitana; y resultó que en esta segunda zona:

 

“Esto daría […] 48 millones de ejemplares vendidos en la ciudad de México el año 2005, lo cual parece exagerado.

 

“En la sección amarilla del directorio telefónico 2005 de la ciudad de México, había unas 325 librerías. Si se les atribuye la venta de 48 millones de ejemplares, vendieron 150,000 ejemplares cada una, que es altísimo. Las 75 librerías de Educal, cuyo tamaño es superior al promedio, tenían como meta para el año 2004 vender 75,000 libros y artículos culturales en promedio.

 

“Y si la cifra de 48 millones de ejemplares para la ciudad de México es exagerada, la cifra nacional (144 millones) es una exageración mayor, porque implica que la ciudad de México no representa más que el 33% del país. Para muchos editores, representa el 80%. Pero suponiendo, conservadoramente, que sea el 50%, el total nacional daría el doble de la cifra (exagerada) de la ciudad de México: 96 millones, un ejemplar por habitante.”

Es decir, según estos datos, nuestra pobreza en lectura es inferior a los tres libros por año.

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