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Peña Nieto desmantela sistema nacional de protección de áreas protegidas

Publicado por shinji_nerv el Viernes, 16 octubre 2015
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Oaxaca.- Las áreas naturales protegidas albergan una parte importante del patrimonio natural de México. Este patrimonio está en peligro a raíz de los cambios en la administración del Gobierno Federal. Dichos cambios promueven el desarrollo turístico, la minería, las actividades agropecuarias y la extracción de hidrocarburos (incluyendo el fracking) en detrimento de la conservación de la biodiversidad y la integridad de los ecosistemas. Esto es particularmente preocupante, puesto que México es considerado un país megadiverso a nivel internacional.

HuatulcoLas Áreas Naturales Protegidas (ANP) de México son espacios que custodian valores naturales y culturales de reconocido interés mundial. Las iniciativas para proteger este valioso patrimonio iniciaron en 1917 con la instauración del Parque Nacional “Desierto de los Leones” ubicado en un área boscosa al suroeste de la Ciudad de México. A la fecha se cuenta con 177 áreas naturales protegidas que cubren el 12.7% de la superficie del país. Cada área alberga una fracción privilegiada de la biodiversidad nacional, desde ecosistemas costeros y marinos, desiertos y selvas, hasta páramos de alta montaña como los del Parque Nacional Pico de Orizaba, volcán cuyos glaciares aportan agua a las ciudades de Córdoba y Orizaba (Veracruz). México es uno de los países con mayor cantidad de especies endémicas en el mundo, las cuales, en su mayoría, mantienen sus poblaciones viables en las Áreas Naturales Protegidas.

Las Áreas Naturales Protegidas de México ofrecen numerosos beneficios a los mexicanos y a todos los habitantes del planeta. Reservas como la de Montes Azules en el sur del país aseguran el suministro de agua para la ciudades, la agricultura y la generación de energía hidroeléctrica. Los bosques tropicales y templados de las reservas son importantes almacenes de carbono que de ser liberados a la atmósfera exacerbarían los problemas asociados al cambio climático. Los manglares y arrecifes de las áreas protegidas del sureste y suroeste de México son criaderos de diversas especies de importancia para la pesca comercial y para el autoconsumo de miles de personas, además de contribuir a la protección de las costas ante la elevación del nivel del mar y del embate de tormentas tropicales y huracanes. Reservas de la Biósfera como la de de Sian Ka´an albergan cuerpos de agua, como los cenotes y otros humedales que sustentaron el desarrollo de la cultura Maya. Más de 5 millones de personas visitan las áreas protegidas con fines recreativos y así las incorporan a su identidad y patrimonio cultural (Bezaüry-Creel, 2009). Por ejemplo, los volcanes Iztaccíhuatl y Popocatépetl están profundamente arraigados en el espíritu de los mexicanos. Otras Áreas Naturales Protegidas, como la de Cuatro Ciénegas, en Coahuila, sorprenden a la comunidad científica internacional por albergar comunidades bacterianas únicas que conservan en sus genes la historia primigenia de la vida marina de hace miles de millones de años, lo que nos permite vislumbrar pinceladas de la Tierra en el pasado y abre la posibilidad de su uso productivo en el futuro.

Foto: Claudio Contreras-Koob

Foto: Claudio Contreras-Koob

A pesar del reconocimiento de todos estos beneficios y de los compromisos que ha adquirido México al firmar diversos convenios internacionales en los que se compromete a conservar su patrimonio natural, el nuevo marco regulatorio da prioridad a las actividades de explotación, muchas de las cuales no requieren de manifestaciones de impacto ambiental por su supuesta prioridad para el desarrollo del país. De esta manera, el mantenimiento de los beneficios públicos de hoy y el patrimonio para generaciones futuras están siendo canjeados por beneficios privados a corto plazo. El impacto en la pérdida de valores ambientales del territorio y para la vida de las generaciones actuales y futuras puede ser enorme, inclusive dentro de las Áreas Naturales Protegidas.

Como resultado de la puesta en práctica de las “Reformas Estructurales” de México, se han realizado cambios drásticos en la estructura organizativa de la Comisión Nacional de Áreas Naturales Protegidas (CONANP) que debilitan su capacidad institucional. El presupuesto destinado para este año presenta un incremento del 1.2%, cifra inferior a la inflación (2.5%) representando una reducción neta a la inversión en conservación del patrimonio natural por esta vía (http://www.apartados.hacienda.gob.mx/ifai). Además se han registrado recientemente despidos masivos de más de 100 personas de personal especializado que trabajaba en las reservas, incluyendo directores de áreas que han estado a cargo de ellas por varios años (Centro Latinoamericano de Estudios Ambientales, 2015, Ecosfera en Línea 7 Octubre). Todo esto limita la, de por sí, exigua capacidad de vigilancia, vulnera los conocimientos generados durante la gestión de este personal y hace que el funcionamiento y la conservación en las Áreas Naturales Protegidas sean más vulnerables de lo que ya son.

zonasprotegidasEl deterioro actual de la economía mexicana y el hecho de que más del 50% de mexicanos están en condiciones de pobreza, facilitan la depredación de las zonas rurales a través de proyectos que aparentan ser redituables, pero que sólo benefician a corto plazo a unos pocos e incrementan la precariedad de los pobladores locales, deteriorando aún más el capital natural de todos los mexicanos. Los desarrollos turísticos masivos como los de Cancún requieren de fuertes inversiones para rellenar playas con materiales dragados de otras zonas, incluyendo Áreas Naturales Protegidas, cada vez que una tormenta tropical o un huracán las erosiona y además contaminan el agua subterránea por la carencia de sistemas de tratamiento de agua. Estos efectos negativos son minimizados por las constructoras y no son atendidos; tampoco se impide ni restringe la construcción de una carga habitacional y turística excesiva para la capacidad de ecosistemas costeros críticos como dunas, humedales y manglares.

Es particularmente patente la vulnerabilidad de las Áreas Naturales Protegidas ante la minería. El 8% de su superficie de las ANPs, es decir 1,600,000 ha, el equivalente a 10 veces la superficie de la Ciudad de México corresponde a concesiones mineras vigentes al 2015.

Consideramos fundamental que se revisen los planes de desarrollo turístico y de actividades agropecuarias, mineras y de extracción de hidrocarburos de manera que se garanticen los recursos económicos, humanos y legales que aseguren el mantenimiento de largo plazo de la integridad de las Áreas Naturales Protegidas de México. El bienestar de la sociedad mexicana en el presente y en el futuro depende de esto.

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