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Recuerdan aporte de Constanza Vega con el Códice Azoyú 2

Publicado por shinji_nerv el Lunes, 18 abril 2016
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Ciudad de México.- A cinco años del fallecimiento de la arqueóloga Constanza Vega, el Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) recordó y honró a la investigadora y su obra con la presentación del Códice Azoyú 2. El señorío de Tlapa Tlachinollan, volumen que da a conocer la historia de los pueblos que se desarrollaron en la región central-este de lo que hoy es el estado de Guerrero.

inacondice2Editado por el INAH, la UNAM y el Fondo de Cultura Económica, el libro ofrece dos estudios con seis apéndices y las reproducciones facsimilares de los ocho documentos pictóricos: los códices Azoyú 1 y 2, y el Humboldt Fragmento 1; los lienzos de Tlapa, de Chiepetlán 1, de Aztatepec-Citlatépec, el Veinte Mazorcas; incluyen los análisis del Azoyú 2 y su ubicación detallada por Constanza Vega y Michel Oudijk, investigador del Instituto de Investigaciones Filológicas de la UNAM, cada uno con su ensayo particular.

Los códices Azoyú se facturaron hacia 1565, en la época virreinal, y provienen de la provincia dominica de Tlapa, hoy estado de Guerrero.

El texto fue presentado en el Auditorio Fray Bernardino de Sahagún del Museo Nacional de Antropología, donde el historiador Salvador Rueda Smithers, quien trabajó con la homenajeada en la Dirección de Estudios Históricos (DEH) del INAH, mencionó que estos textos pintados contienen la crónica de los sucesos de dos conquistas (la mexica en el siglo XV y la española en el XVI), las formas de la tributación de los reinos vencidos y la posible prueba escrita de reconocimiento de los privilegios de un linaje de caciques indígenas de larga raigambre local.

En el lapso de 1940 a 2012, desde la aparición del códice hasta la edición actual del número dos, se tenía la idea de que el Azoyú 2 era una variante apenas formalmente diferente del primero. Se creyó que era la misma historia pintada por dos o más manos, pero que repetían hechos situados hacia la mitad del siglo XVI.

“En 1992, durante la gestión de Antonio Saborit en la DEH, en la biblioteca de esa dirección se encontraron hojas del Azoyú 2 que habían estado perdidas, probablemente desde 1949, y ese hecho sirvió de puerta de entrada para que conociera a la doctora Constanza Vega”, recordó Salvador Rueda.

A partir del trabajo de Constanza Vega Sosa, quien falleció el 22 de abril de 2011, y Michel R. Oudijk, el volumen narra una serie de luchas por el poder realizadas por los gobernantes de Tlapa-Tlachinollan y delimita las fronteras de la identidad cultural, justificando el ejercicio del poder por parte de la cultura tlapaneca en la región de La Montaña, en Guerrero, a través de narraciones indígenas virreinales de 136 años.

Para Rueda Smithers, quien participó en el hallazgo del Códice Azoyú 2, en su estudio, recuperación y ahora edición, la investigación de Constanza Vega dota de presencia a la incómoda relación entre dominante y dominado al dar al relato histórico-genealógico su carácter de realismo político-administrativo.

“En la primera parte del texto, Vega y Oudijk explican la importancia simbólica del jaguar en la mentalidad indígena prehispánica, su relación con una ceremonia gladiatoria y su desdoblamiento en los signos del poder gobernante, por ejemplo, en la utilización de la piel del felino como recubrimiento en los asientos de los caciques y sus consortes”.

La segunda aborda la diversidad de las formas del registro temporal. Los anales pintados de los códices Azoyú, con registros cronológicos de tradición tlapaneca, podían ser leídos por las autoridades conocedoras del náhuatl para prever la llegada de los impuestos al punto de acopio y de ahí enviarlos a Tenochtitlan.

Con su indagación, Constanza Vega pudo calcular la correlación entre cronogramas mexicas y tlapanecas, y establecer el ritmo de pago (y los montos estacionales) hacia Tenochtitlan, elementos clave para entender el grupo de documentos indígenas.

Salvador Rueda citó a la homenajeada, quien escribió que “los códices Azoyú 1 y 2 y el Humboldt Fragmento 1 han permitido conocer la existencia del reino de Tlapa-Tlachinollan, cuya capital estuvo constituida por la unión de dos pueblos: Tlachinollan (Lugar de los campos quemados) y Tlapa (Sobre el Rojo)”.

Dijo el historiador: “Rodrigo Martínez Baracs, Cuauhtémoc Velasco, Francisco González Hermosillo, Ruth Arboleyda, Esther Jasso y yo, entre otros de la DEH, vimos y compartimos con Constanza Vega su pasión en torno a los códices Azoyú y el Humboldt Fragmento 1. A su estudio e interpretación dedicó sus últimos y difíciles pero fecundos años de vida”.

Francisco González Hermosillo, investigador del INAH, acotó que Constanza Vega sobresalió en el campo de la investigación histórica y etnográfica de este corpus documental como una de las precursoras de los estudios codicológicos en el INAH, llegando a ser una de sus pioneras, a la par de Perla Valle.

Relató que en la década de 1940 el Departamento de Asuntos Agrarios inició un deslinde de las tierras ejidales de la comunidad de Azoyú, cuyas autoridades étnicas “ingenuamente” prestaron al ingeniero encargado del levantamiento de límites territoriales, cuatro páginas de un manuscrito pictórico para que fueran evaluadas en la Ciudad de México como prueba judicial, en calidad de títulos, de sus derechos ancestrales sobre esas tierras.

“En lugar de eso, el ingeniero le ofreció en venta al historiador Salvador Toscano esos valiosos documentos. Toscano lo canalizó a la aún sede del Museo Nacional de Arqueología, Historia y Etnografía para que se gestionaran su compra. Su director entonces, Alfonso Caso, los compró por la cantidad de 350 pesos”.

En diciembre de 1942, el Códice Azoyú y el Lienzo de Tlapa llegaron a las colecciones del museo, donde se percataron de que las cuatro hojas sueltas vendidas formaban parte del Azoyú 1, mientras que el Azoyú 2 estaba integrado sólo por 15 folios del mismo material. Las autoridades ejidales del poblado guerrerense recibieron copias fieles de los documentos que avalaban la legítima posesión de sus tierras y firmaron un acta de cesión de los documentos al Museo de Antropología como su depósito definitivo.

El investigador emérito de la UNAM, Alfredo López Austin, resaltó el rigor con el que Constanza Vega realizaba sus investigaciones: “Llegó a decir que para conocer una realidad histórica hay un camino que es casi inmejorable: el de la tipología”.

Relató que Constanza tenía una obsesión por la exactitud de la investigación, y mencionó que el homenaje también era para el pueblo que hizo ese trabajo (códices Azoyú), el tlapaneco.

Por su parte, Michel Oudijk, quien continuó con las investigaciones que la arqueóloga y etnohistoriadora dejó al morir, destacó que ambos textos (códices Azoyú 1 y 2) son una gran contribución al  conocimiento de la historia de la región. Es un grupo anómalo de documentos por su gran cantidad, ya que representan un corpus grande de una región relativamente pequeña.

“Para mí fue un gran placer y un gran honor poder trabajar en este texto de Constanza, y hacerlo público, para que pudieran ver el último de sus trabajos”.

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