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Garabujos, estampas e ilustraciones de Mauricio Gómez Morín en el MUFI

Publicado por shinji_nerv el Sábado, 30 julio 2016
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Oaxaca.- El Museo de Filatelia de Oaxaca (MUFI), invita al público en general a la  inauguración de la exposición Postales de viajes ignotos, de Mauricio Gómez Morín, este sábado 30 de julio a las 6 de la tarde.

Es Andrea Duentes Silva, quien  explica la escencia de esta exposicipon en su siguiente texto:

mufinmorin El viajero recorre ínsulas y páramos, valles y espesuras, parajes y espacios: observa, del mundo externo, los haberes y habitares, sus contornos, el suelo, el cielo; del mundo interno, lo que su imaginación desbordada entiende e interpreta, lo que su contemplación advierte, ya no en la llanura del horizonte sino en la trama de las rutas que su ya extensa carta náutica le ha ido encarnando en la vista, en los ojos del alma.

Mauricio Gómez Morin, el artista, viaja e ilustra. Su ilustración, una revolución de las ideas en torno a la libertad, crea en su transitar un lenguaje visual propio y contundente que ha creado ya numerosas constelaciones gráficas a lo largo de décadas de producción. Su vasta obra es una alquimia inesperada donde sus diversas técnicas y formatos –dibujo, serigrafía, xilografía, litografía y tintas en papeles, paredes, lonas, lozas ya sea como muralismo, estampado o intervención de objetos– exploran y se explayan con una estética constantemente permeada por el grabado. Su estética, amplia y ancha, es una identidad poética: versa y dialoga con las imágenes de las cosas y los seres que en el tiempo y la memoria nos dotan de cuerpo, y que lo mismo esboza caballos de tinta que laberintos, barcos que sombreros: aves y mariposas, bicicletas y corazones, metates y jícaras. Y es que su médula se acendra y abreva de un imaginario inspirado en los muchos méxicos que coexisten –el urbano, el rural, el indígena, el migrante, el cosmopolita, el histórico, el florido, el destruido, el inventado– para, desde todos ellos, pensar y esbozar la ciudad de asfalto, los diablitos de madera y los de luz, los rostros del andar cotidiano, del pueblo, sobre la calle, por la infancia, de cualquier lugar y cualquier país, y en ellos el juego, la pérdida, la belleza, el descubrimiento.

Es esa estética, la transmutación a la que arriba y desde la cual inicia cada recorrido, la que define y le permite detonar la particular forma con que desentraña las palabras que con sus ilustraciones acompaña. Porque Mauricio, ese Maestro Constructor, es un ilustrado lector, admirado y fascinado por las historias, que sobre todo orquesta universos librescos: sentado en su estudio, rodeado de sus pinceles y sus pixeles, lee un cuento, imagina un espacio libro para colocarlo, distribuye en sus páginas las letras para después construir, gubia contra clavo, su narrativa de imágenes, la otra mirada que a contrapelo de la palabra trazará escenarios, personajes, artilugios y vaivenes con fervor creativo: los libros entonces aparecerán y serán, amalgama de paisajes literarios y urdimbres visuales, un otro territorio, lo ignoto.

 

Numerosas repisas albergan los incontables libros que Mauricio amorosamente ha ilustrado, pensado, armado, diseñado, dirigido, creado: pequeños navíos que el viajero ha echado a navegar a sus propios destinos como barquitos de papel en charcos sobre la calle, acechando coladeras y alcantarillas, selvas oaxaqueñas o puertos ingleses. Su obra, en portadas e interiores de libros (libros álbum libros de cuentos libros de asuntos, libros informativos), en revistas y en museos, con la expresión y la destreza de esa minuciosa plumilla con que talla y detalla y hace emerger de la nada las imágenes que han de trastocarnos para siempre, no podría sino ser axioma de quien la realiza y la transmite; porque Mauricio ha sido no sólo un transformador de la educación visual de la niñez mexicana, la de antes y la de ahora, y de los lectores de todas las edades, sino un formador de ilustradores que bajo su dirección de arte precisa y amistosa han entendido y propiciado en conjunto una nueva forma de dialogar con los libros, de hacerse lustradores de libros, de hacer del ilustrador un artista. Y un artista siempre crítico de la realidad nacional, siempre alerta del accionar desde abajo y a la izquierda, siempre comprometido con la transformación cultural. El mapa del viaje ilustrado de Mauricio Gómez Morin, reflejo de una historia, de una época y de una ideología, reúne hoy en estas postales esa devota y sempiterna cartografía de destinos que pintan la existencia para dialogar con la esperanza y hacer posible el encuentro y en él, el entendimiento.

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