En esa faceta, comentó, lo conocí por primera vez en la ciudad de Tijuana, como líder de los jóvenes del Partido Acción Nacional y ganando el certamen. Ahí, lo conoció también Carlos Monsiváis, quien le reclamó su discurso y exclamó convencido: “He ganado un enemigo ideológico para toda la vida”. Sin embargo, señaló, fueron amigos durante muchos años y compartieron amistades, proyectos, viajes y estadías. Así era el poeta, dijo.
Y aseguró que, a un año de su muerte, “la figura de Hugo Gutiérrez Vega nos ha dejado una estela plural, pues supo ser persona y personaje completo y complejo; hombre de mundo, señor de muchas atmósferas: actor, director teatral, editor, maestro, pero, sobre todo, sabio ser humano, diligente y generoso, atento a seguir sin traicionar los pasos y los llamados de su vocación”.
Por su parte, el académico Fernando Serrano Migallón, al recordar las diversas actividades que desempeñó Gutiérrez Vega, lo calificó, sobre todo, como un gran conversador, y subrayó que todas sus actividades tenían un sustrato común: en todas ellas contaba con un elemento esencial que era la voz.
Por ello, compartió, fue un magnífico orador, apasionado y cautivador, y tenía en la palabra un arma precisa y un medio rico y certero para transmitir su pensamiento y el de los autores que llevaba al teatro. Además, agregó, tenía virtudes que difícilmente se dan en una sola persona: “decisión firme para acercarse a la gente y una facilidad natural para comunicarse y entenderse con quien lo escuchaba”.
Serrano Migallón lamentó que el homenajeado “estuvo muy poco tiempo con nosotros, pero su paso por la Academia Mexicana de la Lengua y en nuestras reuniones nos llenaron de alegría y sabiduría. Como le dijo un día Rafael Alberti, su voz --hermosa voz a veces desolada--, hará que lo recordemos ahora y siempre”.
Finalmente, Silvia Molina recordó a Hugo Gutiérrez Vega como “un conversador trascendente y un gran poeta”. Lo vi, dijo, como un sabio, como un humanista de esos que ya no se encuentran con facilidad.
Pero también destacó su faceta de anfitrión y trajo a la memoria que su casa en Londres era centro de reunión de todos aquellos que andaban por allá, desde Carlos Fuentes hasta Mario Vargas Llosa.
Con emoción, la escritora Silvia Molina dio gracias a Gutiérrez Vega “por todo aquello que nos diste” a tus amigos y a tus lectores. Y usando sus propias palabras, se despidió de él: “Este pueblo no cambia. Aquí están la luna entre las torres; la conversación de los grillos y la tensa guadaña que año con año nos quita a las gentes cercanas”.Te podría interesar...








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