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Con cerámica indagan 500 años de vida cotidiana en el centro de la CDMX

Publicado por Naked snake el Miércoles, 24 Mayo 2017
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Oaxaca.-Resultado del proyecto denominado Patio Boturini, especialistas del Instituto Nacional de Antropología e Historia (INAH) analizan 600 piezas completas y miles de fragmentos de material cerámico recuperados en un terreno de la colonia Tránsito, en el centro de la Ciudad de México, donde por más de 50 años estuvo ubicada la planta refresquera Cooperativa Pascual.

Dicho espacio, donde entre febrero y diciembre de 2015 se realizaron labores de salvamento arqueológico y se descubrió el sistema chinampero del barrio prehispánico de Ateponaxco, prueba que no únicamente es una ventana al mundo cotidiano de los mexicas, sino también un asomo, a través de restos de porcelana, loza blanca y gres, a casi cinco siglos de actividad en la zona.

En el Cuarto Coloquio de Arqueología Histórica, dedicado a materiales de Europa y Medio Oriente de los siglos XVI al XIX y que se desarrolla del 22 al 26 de mayo en el Museo Nacional de Historia, Castillo de Chapultepec, los arqueólogos Raúl Barrera Rodríguez y Eduardo Ambrosio Lima, de la Dirección de Salvamento Arqueológico (DSA) del INAH, dieron a conocer un avance de los análisis que actualmente realizan en la cerámica mexicana y europea recogida en el citado terreno.

Raúl Barrera Rodríguez, coordinador del proyecto arqueológico y titular del Programa de Arqueología Urbana (PAU), explicó que Ateponaxco (“donde el agua hierve o suena”, en náhuatl) fue un área periférica localizada en el límite sureste de la ciudad de Tenochtitlan. Dados los materiales de uso doméstico colectados y otras evidencias registradas, como los vestigios de un muro de una casa habitacional, se infirió el carácter agrícola del antiguo barrio.

Dos o tres décadas después de la Conquista, las chinampas de Ateponaxco fueron abandonadas debido a la disminución que tuvo la población indígena y a la compresión que se dio en la geografía de la capital novohispana, que quedó limitada al actual Centro Histórico de la Ciudad de México y que no volvió a expandirse sino hasta la segunda mitad del siglo XIX y durante la época porfiriana.

Esto, aunó, se ha comprobado mediante diversos factores: la casi nula presencia de tiestos fechados para el periodo virreinal; el hallazgo arqueológico de un muro de piedra adyacente a la acequia de San Antonio Abad (edificado en el siglo XIX) y, especialmente, al examen de los elementos cerámicos.

Eduardo Ambrosio Lima, responsable del análisis de materiales del Proyecto Patio Boturini, comentó que, en el caso de la porcelana, se encontraron objetos mayormente destinados a uso doméstico: platos, jarras, teteras, azucareras y fruteros, entre otros.

La loza fina blanca se rescató no sólo en utensilios de uso alimentario, sino también en efectos ornamentales como floreros; bacinicas para higiene personal; o en contenedores para productos farmacéuticos como el ungüento Holloway’s, marca inglesa que en el siglo XIX exportaba pomadas para curar el reumatismo y otros malestares, y de la cual pudo recuperarse un frasco.

En cuanto al gres, el arqueólogo refirió que dada la dureza y poca porosidad del material, éste se encontró en pedacería asociada a botellas de cerveza elaboradas en distritos alfareros como el de Glasgow, en Escocia. Asimismo, se recuperaron dos ejemplares completos de botellas de gres para ginebra.

“Es probable que estos envases fueran elaborados en la región germana del río Rin, y que luego se enviaran a la destilería Wynand Focking de Ámsterdam”, empresa que, relató, empezó a enviar producción al continente americano hacia 1860, y abandonó la región en la segunda mitad del siglo XX, “posiblemente como efecto de conflictos armados como la Revolución Mexicana y la Primera Guerra Mundial”.

El investigador mencionó que en función de técnicas decorativas de la porcelana y la loza, tales como la impresión por transferencia o el estampado con calcomanías, que luego de la Revolución Industrial permitieron a los fabricantes estandarizar y agilizar su producción, se establece el fechamiento de las piezas en la segunda mitad del siglo XIX.

Otro indicador en este tema fueron los trozos de porcelana pertenecientes a Niños Dios para Rosca de Reyes (no superiores a tres centímetros de largo) o a fragmentos de muñecas articuladas: cabezas y hombros, pies y manos (el resto del cuerpo era de tela) elaboradas entre 1860 y 1910, según los catálogos de juguetes y otras referencias históricas consultadas para tal fin.

Dada la información obtenida, los arqueólogos no descartan la posibilidad de que en el lugar haya existido una bodega o una fábrica de envases y objetos cerámicos durante el último tercio del siglo XIX. Ello sería un antecedente anecdótico de la refresquera Pascual, de la cual también encontraron botellas durante los trabajos de salvamento; entre ellas un ejemplar de Mexicola, producto de efímera existencia en el mercado.

Concluyeron que la colección de objetos rescatados por el Proyecto Patio Boturini, da interesantes pistas para entender la cotidianidad de la zona, desde su más temprana ocupación prehispánica, su abandono colonial y su empleo industrial en los siglos XIX y XX. Del mismo modo arroja información valiosa acerca de los hábitos de consumo en la élite decimonónica, y el contacto comercial de México y Europa durante el Porfiriato.

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