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El legado de Rufino Tamayo a 118 años de su natalicio

Publicado por shinji_nerv el jueves, 24 agosto 2017
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Fortino Torrentera O.

Oaxaca.-Historiadores y críticos de arte han coincidido que el maestro Rufino del Carmen Arellanes Tamayo se encuentra en los principales museos y galerías, siendo el pintor oaxaqueño más conocido del mundo, aunque en su tierra sólo se le conoce por su fama y no su legado.

Al cumplirse este día 118 años de su natalicio, es preciso recordar la herencia que para el arte y al pueblo de Oaxaca, dejó el pintor pionero del modernismo mexicano.

No sólo pintó los ámbitos internos, la atmósfera, los paisajes urbanos o pueblerinos, la naturaleza de su realidad local, a su experimentación se le atribuye el color Rosa Mexicano, pues en “El vendedor de frutas” hace referencia de ese color, así como del Nacionalismo y la modernidad de México, además del color mexicano en la actualidad.

Paulatinamente fue alejándose del realismo hasta llegar a la creación de personajes salidos de sus propios sueños que miran desde atmósferas que transporta a quien lo ve a los mundos que miraba Tamayo.

El uso de colores tierra y ocres, la crónica de sus mundos donde mostró maestría en la técnica que no se limitó al óleo y experimentar con la gráfica e incluso participó con el Grupo de los Tres (Siqueiros, Orozco y Rivera) dentro del movimiento muralista mexicano.

Se quiera reconocer o no, creó en la plástica mundial una forma de expresión que surgió cuando tuvo contacto directo con vestigios como dibujante del Instituto de Antropología e Historia, hablamos de una escuela, de una influencia innegable para muchos artistas actuales.

En Oaxaca no sólo construyó la Casa de Ancianos “Los Tamayo”, sino que integró una importante colección de piezas que hablan del influjo del pintor sobre nuestras culturas pasadas y las cuales se exponen en el Museo de Arte Prehispánico “Rufino Tamayo”, al que muy pocos oaxaqueños conocen.

La casa donde nació el afamado artista, ubicada en el barrio del Carmen Alto, es una casa habitación sencilla, sin que ésta pudiera ser un centro de atracción y donde al menos pudieran exhibirse un par de obras y reproducciones del pintor oaxaqueño.

En su producción es posible identificar dos etapas distintas. La primera, que va de la década de 1920 a mediados de la de 1950, tiene una neofiguración cercana al realismo, pero siempre defendiendo o manteniendo la conexión entre sus temas y los problemas sociales.

Como a Ricardo Flores Magón o Porfirio Díaz, pareciera que viviera la maldición del desprecio de su pueblo, cuando su trascendencia es mundial y su legado a Oaxaca es evidente. Vaya nuestro reconocimiento al maestro Tamayo, quien nació un 25 de agosto de 1899.

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