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El Colegio de Periodistas de Oaxaca, por un desempeño ético y profesional

Publicado por shinji_nerv el jueves, 31 agosto 2017
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Fortino Torrentera O.

Oaxaca.- Visiones y aspiraciones tergiversadas, contubernios, vicios y falta de preparación constate, es el cáncer que invade al ejercicio periodístico en esta capital y más aún en las regiones, por ello desde hace algunos meses, un grupo de periodistas están cimentando las bases académicas y orgánicas para la creación del Colegio de Periodistas de Oaxaca.

Rocío Flores, Renato Galicia Miguel y Juan Manuel Alegría, han iniciado del lado correcto, al partir del uso del lenguaje, el manejo de la buena e interesante redacción, en un ejercicio con total apego a la ética y al compromiso de informar con precisión, responsabilidad, honestidad, de regresar a la sociedad la credibilidad que garantice la seguridad.

No desde el corporativismo que de  forma débil apenas ha logrado visibilizar el oficio y profesión de los periodistas, sino desde la capacitación, formación y la libre expresión fundamentada, este colegio que inicia, es una acción sólida y seria de aspirar a contar en Oaxaca con una prensa más honesta.

En el texto “Por qué y para qué, El Colegio de Periodistas de Oaxaca” que en el suplemento Cultural “Cronos” del Diario Tiempo enumera las razones que mueven a la creación del Colegio de Periodistas de Oaxaca:

–Evitar que el periodismo oaxaqueño se siga cayendo a pedazos. Percibo en las redacciones antes vitales un ambiente de funeral, periodistas vueltos burócratas, sin vocación, sin pasión, sin ánimo por el oficio.

–Relevar a periodistas que se volvieron –o siempre fueron– simples voceros de los grupos de poder o de políticos en particular, que reproducen un discurso tan manido como insulso, vacío, ridículo, carente de total sentido ante la realidad desquiciante y aniquilante de hoy, que todavía abundan en los distintos medios y que ocupan un espacio que ya no deberían tener.

–Erradicar a periodistas que utilizan el oficio para negocio propio y/o hacen pasar como periodismo el golpeteo político contra los enemigos de quienes representan.

–Ir sustituyendo dinámicas laborales. A directivos y reporteros, a jefes y editores, el destino no sólo los alcanzó sino que los está haciendo añicos. O se renuevan con base en tanta experiencia adquirida –la propia y la heredada– y en la necesaria actualización y reconformación que a nivel internacional ocurren en los medios, o están destinados a la extinción.

–Enfrentar una acción cínica que se ha vuelto costumbre: cortar y pegar. En los medios en general hoy se practica aquella tarea de escuela secundaria de recortar una noticia del periódico de ayer y pegarla en una hoja del cuaderno –y aquí cobra relevancia la sentencia aquella que, parafraseando a Héctor Lavoe, recordaba siempre en sus clases el periodista Froylán López Narváez: “nuestro amor es como el periódico de ayer, ya caducó”.

–Restituir la transmisión generacional del buen periodismo. Gracias a la tecnología, los jóvenes egresados de las áreas de comunicación y otros no tanto que se identifican con el activismo y /o la militancia están creando cuanto portal de noticias y accediendo a ciertos espacios de medios. Pero en la mayoría de los casos están llenos de soberbia –habría que ver la infinidad de palabrería tan pedante u ofensiva como fantasiosa que luego publican en redes sociales–, desprecian a las viejas guardias, como si estas no tuvieran nada que enseñarles, confunden sus propios ismos con periodismo, su sacrosanta ideología con responsabilidad social, pecan de ignorancia. Craso error: están condenados a repetir el esquema –de hecho, ya lo están repitiendo–, a volverse lo que hoy desprecian (hace pocos años, al compartir datos generales con un novel reportero de un portal de esos muy combativos me dijo que no sabía que “El Financiero” tenía sección cultural: entonces, ¿cómo seguir hablando de periodismo crítico con él?). En este sentido, [casi] coincido con un colega que también es directivo: esos jóvenes y no tanto no están aportando nada al periodismo oaxaqueño, aunque ellos crean que lo están desbaratando e inventando de nuevo.

–Evitar el proselitismo periodístico para encumbrar la figura de políticos o líderes sociales, pero también el fanatismo que oculta cierto proceder o fines de los caciques culturales disfrazados de altruistas y filántropos. Igual: si se revisan las “noticias” de los principales medios oaxaqueños, se notaría la repetición sin fin de los gurús a través de la cual se está perpetuando un discurso y una actuación que quién sabe qué tanto ha resultado para Oaxaca.

–Solventar lo que otros no hacen, pero quieren hacer creer que sí. A través de la Feria Internacional del Libro de Oaxaca (FILO), se han manejado en la ciudad de Oaxaca ciertos talleres de periodismo cultural, coordinados por Jesús Alejo, reportero del periódico “Milenio” y Radio Educación con amplia experiencia, sin duda. He asistido a dos como ponente: al primero no le vi caso y al segundo menos. Aquel fue un intercambio de anécdotas y este un impasse mientras se esperaba la hora del almuerzo. No funcionan, al menos no como para solventar las enormes carencias que se necesitan subsanar en el periodismo del estado.

–Desenmascarar engaños. Igual a través de la FILO, la Fundación Nuevo Periodismo Iberoamericano (FNPI) ha desarrollado aquí sus talleres con grandes figuras internacionales, como Martín Caparrós. Pero cuando se le preguntó a Andrés Bello, presidente del organismo, qué opción tenían los reporteros de Oaxaca para acceder a lo que ofrecía la FNPI, evadió responder directamente, sólo dijo que había que echarle muchas ganas y crecer de forma propia. En realidad, esos foros utilizan a la ciudad de Oaxaca como centro recreativo: quienes acuden a ellos son informadores de las grandes capitales de Latinoamérica y cuentan con las condiciones –inexistentes en Oaxaca—para ejercer el “periodismo de autor” –elaborar libros, pues–, mientras los tecleadores locales se quedan como el chinito: “sólo milando”.

–No caer en espejismos. El escritor y periodista J. M. Servín vino aquí unos meses y promovió su periodismo gonzo, editó una gaceta con denominación de contracultural, hizo creer a algunos –uno o dos, en realidad—que escribían y vivían a lo Hunter S. Thompson y que eso era la panacea del periodismo –lo cual incluía, desde luego, un lenguaje desmadroso y literario a la vez— y se fue. Luego comenzó a opinar del periodismo oaxaqueño como si lo conociera de siempre.

Y concluye: “Hoy llevamos varias sesiones del taller, que se planeó permanente, la respuesta ha sido aceptable –a veces parece que muy aceptable–, me he sentido bien cada vez más, pero la pregunta sigue ahí: para qué –y por qué, añadiría. Y he ido encontrando no una, sino infinidad de respuestas”.

Sobre la mecánica de este Colegio, la comunicadora Rocío Flores, convoca: “es un espacio- taller permanente, donde se puede estar o no de acuerdo con algunas posturas u opiniones, pero de eso se trata, de discutir, opinar, reflexionar sobre lo que hacemos y por supuesto tratar de mejorar. Para quienes no se han sumado, sigue abierta la invitación”.

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