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Hoy conmemoran a los Niños Héroes, se cuestiona su historia

Publicado por shinji_nerv el miércoles, 13 septiembre 2017
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Agencias

Oaxaca.-El 13 de mayo de 1846 los Estados Unidos declararon la guerra a México, con la intención de apoderarse de la Alta California, Nuevo México y otros territorios del norte del país.

El 8 de septiembre los invasores norteamericanos se apoderaron del Molino del Rey, para ir al último reducto militar mexicano en su camino a la Ciudad de México: el Castillo de Chapultepec, sede del Colegio Militar en el que se encontraban más de 50 cadetes.

La defensa del Castillo fue confiada al general Nicolás Bravo, antiguo insurgente; sin embargo, el general contaba con más de 800 soldados para defender la fortaleza contra los más de 7 mil soldados de Estados Unidos.

El general Bravo dio la orden que los cadetes menores de edad se retiraran, pero la mayoría no lo hizo. La madrugada del 12 de septiembre de 1847 las baterías estadunidenses iniciaron un intenso bombardeo sobre el Castillo, el efecto fue devastador.

Al amanecer del día 13 nuevamente bombardearon el Castillo pero a las nueve de la mañana el fuego cesó, y los soldados estadunidenses iniciaron el ascenso del cerro, por la parte oeste. La lucha se libró cuerpo a cuerpo, los mexicanos combatieron con fiereza pero los invasores ganaban terreno y lograron llegar al Castillo por el lado occidental.

Al llegar los norteamericanos al Castillo sólo unos cuantos soldados y cadetes permanecían en el edificio. La historia guarda memoria, muy en especial, de seis de ellos a quienes recordamos como los Niños Héroes : Juan Escutia, Vicente Suárez, Fernando Montes de Oca, Francisco Márquez, Agustín Melgar y el teniente Juan de la Barrera, que ofrendarían su vida en el asalto estadunidense al Castillo de Chapultepec, el 13 de septiembre de 1847.

Fue el Presidente Benito Juárez el primero en honrar oficialmente la gesta de los Niños Héroes, al decretar el 13 de septiembre día de luto nacional, en memoria de los cadetes que murieron en el Castillo de Chapultepec.

Sin embargo en esta version oficial hay varios vacios que la misma historia a ido llenando ya que los antecedentes se remontan a la invasión del Ejército estadounidense a la República mexicana, bajo el pretexto de violaciones en el estado de Texas, por aquel entonces pertenecía a México desde la época colonial. Ambas tropas se encontraron en el cerro de Chapultepec, donde se encontraban las instalaciones del Colegio Militar, último reducto de la defensa de la capital, donde se produjo la batalla final y la consecuente pérdida del territorio mexicano en favor a Estados Unidos.

Los cadetes que estaban estudiando en el Colegio Militar, que tenían entre 12 y 18 años, se enfrentaron a los estadounidenses a pesar del aviso del director que les pidió que se dirigieran a sus casas.

En total fueron 50 alumnos los que participaron en la batalla para ofrecer su vida en la defensa del país, pero la historia solo recuerda seis nombres: Juan de la Barrera, Fernando Montes de Oca, Francisco Márquez, Agustín Melgar, Vicente Súarez y Juan Escutia, este último conocido por envolverse en la bandera mexicana al sentir la batalla perdida y arrojarse al vacío para impedir ser capturado como enemigo.

Desde entonces, la historia oficial mexicana recuerda a seis jóvenes que perdieron la vida en el combate, porque fueron los últimos en oponer resistencia aún cuando el general ordenó rendirse. Actualmente, en el castillo del Cerro de Chapultepec se encuentra el Museo Nacional de Historia y a sus alrededores se conmemora con placas los puntos donde murieron estos jóvenes defensores mexicanos.

Esta historia tiene diferentes versiones, como que Juan Escutia “se cayó por ebrio” y que “no eran cadetes sino reos prisioneros en el castillo”. Además, muchos otros critican los hechos y aseguran que esta batalla solo cobró importancia por necesidad política del entonces presidente de México, Miguel Alemán, según recoge el diario mexicano ‘Cultura Colectiva’.

Desde el punto de vista de diferentes historiadores mexicanos, creen que “fue imposible que Juan Escutia saltase desde la torre que tenía el Alcázar en esa época y cayese hasta donde se encontró su cuerpo”.

La historiadora Amparo Gómez señaló que “hubiese necesitado alas para caer hasta donde fue encontrado”. “La historia, como diría Borges es no solamente lo que pasó, sino lo que creemos que pasó y lo que hubiéramos querido que pasara”, afirmó el historiador Salvador Rueda a ‘Quadratín México’.

Además, agregó que “todo eso conforma una carga simbólica del pasado y en ella es tan histórico lo sucedido con exactitud, como la interpretación que se dio después”.

Al principio, la derrota de Chapultepec fue vista con vergüenza, en parte por los errores cometidos por los generales. Después de un tiempo, según explicó el profesor Rueda, la percepción cambió, por lo que fue fácil la difusión del sacrificio de los cadetes varias décadas después.

“Aún cuando el conocimiento era inmediato, su valoración no lo fue. Requirió distancia entre el momento de la Batalla y en que pensáramos en el cadete que se arrojó con la bandera.

Esta parte alegórica se creo después de 1872, porque durante La Reforma no se quiso dar importancia a todo lo relacionado con la batalla”.

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