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FAO y OAC envían documento a Congreso Local y Gobernador para cuidado del agua

Publicado por shinji_nerv el martes, 19 diciembre 2017
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Comunicado

Oaxaca.-el siguiente Documento es resultante de las discusiones y acuerdos alcanzados durante el Foro “Políticas y legislación del agua en Oaxaca”, organizado por el Foro Oaxaqueño del Agua (FOA) y el Observatorio Ambiental Ciudadano de Oaxaca (OAC), el 8 de diciembre de 2017 en la Casa de la Ciudad.

  • Siendo el agua un asunto tan importante, exigimos que cualquier iniciativa de ley sea precedida por una discusión amplia, pública e informada.
  • Proponemos que la gestión y la legislación hídricas se sustenten en los Diez Puntos de la Política del Agua, discutidos y acordados en la asamblea del FOA y base de su práctica. Destacamos el reconocimiento del agua como un bien común (social y cultural) y no como mercancía.
  • Consideramos que una ley de agua de nueva generación, integral y participativa, debería incluir al menos los siguientes elementos:
  1. Garantizar el derecho humano al agua y su saneamiento, como uso prioritario, asequible, con asignación del máximo de recursos disponibles (y no gradual como propone la iniciativa de ley estatal de aguas), y con mecanismos para defenderlo.
  2. Mantener los servicios municipales de agua potable y saneamiento como exclusivamente públicos (y no con participación privada como prevé la iniciativa).
  3. Reconocer y garantizar la autodeterminación de los pueblos originarios y sus derechos sobre agua y territorio.
  4. Incluir como objetivo la gestión territorial, por cuenca, en vez de concentrarse sólo en la administración de servicios de agua potable y saneamiento. Esto requiere planes hídricos consensuados a nivel de cuenca, como mecanismo básico de definición de obras y acciones y presupuestos, que consideren obligatoriamente el Programa de Ordenamiento Ecológico Regional del Territorio del Estado de Oaxaca (POERTEO).
  5. Prever mecanismos de consenso social para jerarquizar las prioridades de acceso al agua por cada cuenca, donde sea siempre prioritario el mantenimiento de los sistemas ecológicos (revegetación, caudal ecológico, regeneración de cañadas).
  6. Asegurar la participación democrática en la gestión del agua, lo que requiere ciudadanizar la Comisión Estatal del Agua creando una contraloría autónoma y asegurando que la mayoría de sus miembros sean elegidos democráticamente, asegurando la inclusión de las mujeres desde una perspectiva de igualdad de género. Para avanzar en la coadministración social también se debe reconocer a las autoridades agrarias y organizaciones comunitarias y civiles como autoridades en la materia.
  7. Establecer mecanismos efectivos de contraloría social, como una Defensoría Social del Agua.
  8. Asegurar acceso pleno a la información, especialmente sobre aprovechamientos y concesiones, así como garantía de consulta informada sobre planes, obras y acciones a nivel estatal y municipal. No más obras discrecionales de autoridades.
  9. Definir medidas efectivas de prevención de la contaminación y saneamiento, entre otras, obligación de tratamiento de contaminantes de grandes emisores (fábricas, minas, hospitales, etc.)
  10. Prever mecanismos de regulación de desarrollo urbano, especialmente en casos de estrés hídrico, y de gestión de aguas pluviales urbanas. Establecer la obligatoriedad de dictámenes de impacto socio-hídrico para nuevos desarrollos y obras, y separación de drenajes pluviales y de cosecha de lluvia en nuevas obras públicas y privadas.
  11. Facilitar la concesión de la zona federal de ríos y arroyos a ejidos, comunidades agrarias y municipios.

 

ANEXO

DIEZ PUNTOS PARA UNA POLITICA DEL AGUA

  1. El agua es fuente de vida y cultura. El agua es sagrada porque sustenta la vida; es limitada, ya que depende de su ciclo, que es frágil. Debemos adaptarnos a los ritmos de la naturaleza y no pretender dominarla. Todas las grandes civilizaciones florecieron en las cercanías de ríos y lagos, y el agua está presente en todos los aspectos de una cultura: la vida cotidiana, las actividades agrícolas e industriales, el esparcimiento, el arte, la espiritualidad.
  2. El agua es un bien común, no una mercancía. El agua es un bien de todos, un derecho humano. No puede tener un valor económico ni debemos ceder al mercado la función de regular nuestro acceso a ella. No obstante, los servicios, como el de agua potable y de uso industrial o agrícola, deben tener precios justos, en relación con el consumo y el uso. La modificación de tarifas debe seguir siempre a un auténtico proceso de consulta y discusión, y una parte significativa de la recaudación debe destinarse a conservar las esponjas naturales.
  3. Cuidar el agua es responsabilidad común. Solucionar los actuales problemas con el agua necesita de todos. El esfuerzo va desde el ámbito de los hogares hasta los distintos niveles de gobierno y la participación de las mujeres es particularmente importante. Hay que fortalecer los espacios de concertación que permitan hacer acuerdos para cuidar el agua entre todos los actores: grupos sociales, productores, instituciones, autoridades.
  4. Concentrar los esfuerzos en los niveles local y de cuenca. Tenemos que trabajar localmente, pero pensando en toda la cuenca de la que formamos parte. Las cuencas son unidades naturales en las que el agua vincula a la naturaleza y la gente que habita en ellas. Hay que restaurar y conservar los procesos naturales de los que depende el agua y al mismo tiempo buscar opciones de mejoramiento social.
  5. Garantizar el acceso de todos al agua para subsistencia. Como el agua es limitada, debemos repartirla bien y usarla bien. Es importante ordenar sus usos de manera que se asegure el equilibrio natural que permita seguir teniendo agua y que todos tengan acceso al agua para vivir. Se propone este orden:

° Mantenimiento de los sistemas naturales

° Satisfacción de las necesidades básicas

° Usos sociales y comunitarios

° Actividades agropecuarias

° Usos privados de beneficio económico

  1. Apoyar a las comunidades rurales que aseguran el mantenimiento del agua. Se debe compensar a las comunidades que protegen las fuentes de agua. Esto deberían hacerlo los usuarios del agua, especialmente los de las ciudades. Como alternativa al esquema gubernamental de servicios ambientales, que no ha dado los resultados esperados, pueden crearse Fondos para la Producción sustentable e impulsar iniciativas locales de regeneración ecológica y transformación productiva.
  2. Conservar las esponjas naturales en vez de importar agua de otras cuencas. Para asegurar el abasto de agua es necesario conservar las zonas naturales de captación y regenerar los ecosistemas. No basta con plantar árboles, hay que cuidar su crecimiento, enriquecer los suelos y prevenir la erosión. Se debe regenerar ríos y arroyos, favorecer el crecimiento de la vegetación natural y controlar incendios y plagas. Hay que promover actividades productivas diversificadas y sustentables, y definitivamente deben cancelarse los proyectos para llevar agua de una cuenca a otra, por sus altos costos económicos, ambientales y sociales.
  3. Buscar alternativas al drenaje. El drenaje convencional es una de las principales causas de desperdicio de agua en las casas y de contaminación de cuerpos de agua. Son mejores los métodos alternativos para manejar nuestros desechos; una opción recomendable son los sanitarios secos. En donde ya hay drenaje deberían separarse las aguas grises del agua del excusado y evitar que el agua de lluvia se mezcle con el agua sucia. Las aguas grises también pueden tratarse a escala doméstica o de barrio, y esto es especialmente importante en las partes altas de las cuencas.
  4. Crear ciudades sustentables. Es indispensable cambiar la relación de la sociedad con el agua. Requerimos ciudades sustentables, es decir ciudades que mantengan un equilibrio con el campo a su alrededor. En cuanto al agua esto implica cuidar y regenerar los bosques y apoyar a las comunidades que los conservan, hacer más eficiente el riego agrícola, restaurar y mejorar las redes de agua potable, captar y utilizar agua de lluvia, ahorrar y racionar el agua, pagar lo justo por el servicio de agua potable y devolver la que usamos de la manera más limpia posible a sus cauces naturales.
  5. No a los grandes proyectos hidráulicos, en particular las presas, la minería a cielo abierto y la fractura hidráulica (fracking). Las grandes presas alteran muy gravemente el ciclo del agua y son causa de serios daños ambientales y sociales. Es posible almacenar agua, regular inundaciones y producir energía con proyectos pequeños y ecológicamente benéficos. Las represas de baja escala pueden estar al alcance de las personas y comunidades y ser controladas por ellas. La minería a cielo abierto y el fracking, por otra parte, tienen grandes impactos en los ecosistemas naturales y suelen contaminar gravemente las fuentes de agua. Hay que evitar la construcción de más presas grandes y disminuir el daño de las que ahora existen, así como impedir el daño de la minería destructiva y la fractura hidráulica para obtención de gas natural.

 

 

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