La originalidad y lo creativo es un lastre que nos detiene desde hace tantos siglos. Muchos artistas buscan la originalidad en todo momento, a sabiendas que en nuestro mundo lo nuevo y original resultan ser el invento unos cuantos, para limitarnos a todos. El mundo no cambia ni es más veraz ni más activo, ni más complejo; simplemente vamos acumulando más y más elementos inservibles. Que sólo es cuestión de irlos acomodando, como tantos otros maestros lo han hecho a lo largo de la historia. En el caso de la literatura. Podemos decir que debe de ir dejando a un lado cada una de las poses que nos atoran. El creador, de manera individual, en solitario redacta sus historias e ideas. Pero acumula de la vida misma todos los temas, desde los libros que va leyendo y de los momentos históricos que lo acompañan. O sea, sigue una tradición. Por eso de vez en cuando debe abandonar su madriguera maltrecha para vincularse con los demás. La creación no es un acto de soledad, es un acto para socializar, sin enaltecer la mamonería de lo original. Por eso se deben abandonar cada una de las palabras que nos separen de todo lo que circula a nuestro alrededor.Te podría interesar...








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